jueves, 14 de octubre de 2010

MENSAJE DE CHILE

La hazaña que ha significado el rescate de los mineros chilenos, sumidos en el desierto de Atacama a más de seiscientos metros de profundidad, es portadora de numerosos mensajes al mundo, a todo Latinoamérica y a nuestra Patria venezolana.

Al mundo le recuerda que las acciones del ser humano adquieren mayor significado y eficacia cuando están fundadas en Valores, como los de solidaridad, generosidad y amor al prójimo. Es que cuando el acto del hombre no busca homenajes al propio ego, se hace amable, solidario y generoso. En cambio, cuando se realiza en función del ego, desaparece lo solidario, prevalecen el aprovechamiento y la envidia y se engendran rivalidades y odios.

A todos los pueblos latinoamericanos nos dice que nuestro subdesarrollo si es superable, porque resulta de nuestra estolidez que hace que nos creamos incompetentes e incapaces; de nuestra subestima que nos hace sentirnos inferiores a otros pueblos e imposibilitados de alcanzar logros y metas como los suyos; y de nuestra superficialidad que nos impide asomarnos, siquiera, a las profundidades de nuestras propias existencias y dejar que todo pase y nada quede como frutos de nuestras vidas.

Y a nosotros, venezolanos, en estos momentos tan cruciales para conservar nuestra existencia como pueblo libre, nos exige y aconseja: 1°. Tener presente y realizar que la libertad externa o libertad de independencia, se conquista en el seno de la Sociedad mediante actos solidarios y desinteresados de los miembros de ésta, llamados ciudadanos; 2°. Que la unidad sincera --no aquélla en la cual cada ciudadano o grupo de ellos busca satisfacer sus propios intereses y alcanzar particulares beneficios-- sólo brota del amor al prójimo, de la solidaridad con el próximo, así como de la indispensable unidad sincera y generosa y, que sin esta unidad, toda acción, por eficaz y apropiada que parezca, resulta en fracaso, frustración y conflicto.

A todos los pueblos de la Tierra, el compromiso y la respuesta activa que el gobierno chileno mostró en este caso, enseñan que la verdad; la transparencia en la realización de los actos; así como el trato sencillo, cordial y respetuoso de los gobernantes hacia los gobernados, son verdaderas demostraciones de conducción democrática y honesta de los gobiernos en beneficio de los pueblos.

El Presidente de Chile, Sebastián Piñera, no es político de oficio, sino empresario competente y, por tanto, exitoso. El Presidente Piñera demostró sinceridad, preocupación y gran interés por la suerte de los mineros y personas afectadas por la grave situación vivida en Chile. Nos dio cierta envidia al comparar sus actos, palabras y gestos, con los muy lamentables y vergonzosos del personaje que, para infortunio de la Patria, está aún al frente nosotros.

Por su naturaleza, los problemas de la conducción de los países están muy ligados a los de las empresas, pues la mayor parte de ellos son de naturaleza semejante. Debemos los venezolanos eliminar de nuestras cabezas la idea que sólo políticos “de oficio” (aquellos de quienes decía Enmanuel Mounier, “qui font de la politique un metier”) deban ser quienes nos gobiernen. En esta hora crucial y definitiva del futuro inmediato de nuestro, país debemos contar con sus mejores mujeres y hombres, capaces y desprendidos de egoístas intenciones. Sólo así podremos conquistar el futuro.

www.paulbello.blogspot.com

viernes, 1 de octubre de 2010

EL 26 DESETIEMBRE

Para reposo de todo el ajetreo electoral y sus tensiones y para contento por un éxito comprobado pero chucuto, ya superamos los venezolanos la fecha del 26S, con el previsto evento que ese día marcaba.

El hecho electoral es, fundamentalmente, un caso de participación política, concepto que incluye aspectos que van desde la simple manifestación de opiniones hasta el ejercer influencias determinantes como tomas de decisiones fundamentales sobre el Estado. El hecho electoral es una forma de participación política esencial en el ideario democrático, pero presupone que los ciudadanos conozcan y sigan el continuo desarrollo de los acontecimientos que atañen a la vida pública y que, al mismo tiempo, sean capaces de realizar elecciones acertadas entre las diversas alternativas que presentan los grupos políticos activos en el debate electoral. Esto, infortunadamente, es sólo aplicable a una muy reducida minoría de la población pues, aunque su totalidad es, teóricamente, capaz de decidir, una gran proporción de ella está mucho más informada --e interesada-- sobre múltiples otros acontecimientos de la vida cotidiana como, cual ejemplos, los deportivos, la moda, la farándula o tantas otras expresiones que, normalmente, son parte del menú de la vida colectiva.

No es fácil, por tanto, para ese sector mayoritario de los ciudadanos, el llegar a tocar un fondo que les podría explicar muchas de las eventualidades y cambios políticos que, de manera constante, aparecen y desaparecen en tan cambiantes escenarios, como los son los de la realidad política de cualquier Nación.

En tal sentido, pareciera que el “despiste” de los venezolanos corresponde a proporciones entre las mayores. En los recientes días de esta semana, ha circulado por internet una explicación muy adecuada del mecanismo conocido como “salamandra” y, en inglés, como “gerrymandering”, nombre compuesto del apellido de su iniciador, el Gobernador, en 1812, del Estado de Massachussets Elbridge Gerry, y de salamandra, que se conoce como "salamander" en el mismo idioma. En efecto, el Gobernador Gerry diseñó un sistema de redistribución de los circuitos electorales de su Estado, de manera de favorecer los candidatos del hoy desaparecido Partido Demócrata Republicano de Thomas Jefferson, ésto mediante la modificación de los circuitos entonces existentes, para crear otros que agruparan poblados que apoyaran dicho partido, de manera que, así, sus candidatos ganaran las elecciones. Las extrañas formas irregulares de los circuitos determinados recordaban figuras de animales, entre ellos la salamandra y, de allí, el derivado nombre.

Pero lo que sorprende no es la vieja maniobra del político norteamericano de inicios del siglo XIX, sino el hecho de que aquí, en Venezuela, el 31 de julio de 2009, la Asamblea Nacional (irrita por haber sido elegida sólo por un 10% de la población), reformó la Ley Orgánica del Poder Electoral para introducir en ella el mecanismo de la “salamandra”, con el fin de reducir el número de diputados que, de las listas de la oposición, pudieran ser elegidos por el pueblo venezolano aun cuando votasen por ellos. De manera que, para el pasado 26 de setiembre, la reforma de dicha Ley tenía un año y casi dos meses de aprobada y los venezolanos, en gran mayoría, ignoraban dicha realidad.

Poco después de aprobada dicha reforma de la Ley referida, se alzaron algunas voces opositoras, así como, en el seno de la Asamblea, lo hicieron representantes de los grupos parlamentarios opuestos al régimen. Pero esto no lo protestó ni rechazó como debía haber sido “la leal oposición a su majestad”. La Sra. Cilia Flores, quien ha fungido de presidente del actual parlamento venezolano, al rechazar que dicha reforma significara contradecir la norma constitucional que impone la representación de las minorías, manifestó, con su tradicionales cinismo y desprecio a la inteligencia de los venezolanos, que “la Ley hace referencia es a las minorías, como los indígenas y otros sectores, nunca los partidos políticos”.

Permítaseme que haga dos señalamientos en relación con el rol que debemos cumplir los ciudadanos venezolanos en nuestra vida política: 1°. Tratar de informar, de la mayor, más amplia y clara manera posible, a los ciudadanos venezolanos próximos o no, de los aspectos y detalles más importantes de nuestra realidad política; y 2° Reclamar, con insistencia constante, a la dirigencia política opositora, el que se ciña y atenga a una racionalización y ejecución moral de la vida política, en vez de privilegiar particulares y mezquinos intereses. Lo expreso así porque tengo la convicción de que el silenciar lo de la “salamandra” no fue obra de error u olvido alguno, sino cálculo cuidadoso de algo que conduciría, necesariamente, a una forma perversa de bipartidismo, por excluyente de valiosas minorías en desarrollo y expansión. Pongo como ejemplo un solo caso, entre muchos citables: el del gobernador Falcón y el PPT que fueron, prácticamente, pulverizados y desaparecidos en el Estado Lara, pese al logro de más de un 20% de la votación popular en ese Estado.