sábado, 25 de agosto de 2012
REFLEXIONES SOBRE UN PASADO Y PRESENTE CON VISTA EN EL FUTURO.
Por obligado acto de reflexionar y profundizar en el conocimiento de realidad, he vuelto sobre la condición comprometida que, en algún entonces, como profesores universitarios nos pusieron a pensar, en nuestros frecuentes diálogos en la USB, los intentos golpistas del año 1992 así como el sincronizado “caracazo” de 1989. En grupo, entonces intuimos que tales hechos marcaban una última oportunidad, para nuestra “clase” política y para los venezolanos en general: rescatar por propia iniciativa la entonces endeble democracia venezolana.
Estudios realizados sobre nuestro mundo iberoamericano nos habían enseñado que el populismo, fenómeno propio en cuanto resultaba haberse constituido en componente estructural de nuestros pueblos, estaba alcanzando una fase de agotamiento y crisis final, cuya culminación habría de ser el derrumbe de los regímenes que entonces respondían a ese modelo. Tal crisis, final e inevitable, coincidiría con el término de las alianzas circunstanciales de sectores sociales cuyos particulares intereses de clase resultaban ser naturalmente antagónicos.
La crisis que se veía venir era económica, como resultado de la incapacidad para progresar que arrastraba un modelo edificado sobre rígidas relaciones de dependencia interna y externa, las cuales hacían que los recursos de producción y exportación, cuando reinaba, todavía entonces, la idea “cepalista” del “crecimiento hacia adentro” o política se sustitución de importaciones, la cual determinaba que --de tal crecimiento-- sus supuestos recursos fuesen cada vez más disminuidos, por lo que su reparto --para los sectores aliados-- resultaría cada vez más pequeño, lo que, a su vez, instalaría una crisis social porque se agudizaría la profunda brecha que separaba riqueza y privilegio de miseria y opresión. Y además, ello reforzaría la crisis social en sociedades, como las nuestras, cuyas raigales determinaciones explicaban el clientelismo político con sus dependencias y aparentes indolencia, flojera e irresponsabilidad atribuida a buena parte de la población.
Tal contexto de análisis, claramente nos revelaba que el recurso al golpe no podría ser la solución, como no lo había sido en los países que ya se habían adelantado a ese proceso y donde, luego del aparente derrumbe populista y después del fracaso de regímenes militares, el populismo había retornado, de manera cíclica, con nuevas crisis repetitivas sin salidas aparentes.
Por lo demás, el recurso a “golpes” sólo demuestra que no se alcanza, como Nación, el grado de madurez necesaria, ni tampoco la superación de graves condicionamientos de naturaleza antropológica y etnológica que, mientras subsistan, nos mantendrán como pueblos marginales, valga decir, como realidades sociales al margen del desarrollo y del progreso. Esto, nos guste o no, es realidad tangible en todo nuestro subcontinente. El golpe, como lo hemos comprobado en esta dura experiencia que, para colmo es comunista, no es más que el retorno al “amo”, que es quien domina, protege o condena, y es elemento paradigmático de las sociedades arcaicas. En nuestras originales sociedades en las que la función política se identificaba con el resolver las necesidades vitales de las personas éstas “creen que le deben algo al líder quien es un eterno acreedor” en la expresión de Gustavo Martin. Es la misma creencia de los indígenas originarios, pues el evolucionar de una “Societas” a una “Civilis”, en expresión de Lewis Morgan, “no ha permitido aún deslastrarnos de esa herencia que cubren los conceptos de clientelismo y paternalismo estatal.”
Por larga experiencia histórica, los venezolanos sabemos que la interrupción del hilo democrático tampoco resuelve el problema de la corrupción, sino lo agrava, como ha quedado demostrado en esto catorce trágicos años.
Pero no podemos, jamás, perder la esperanza. Perdida la esperanza desaparece la espera y, sin ésta, lo que sigue es la desesperación que conduce a cualquier parte menos a lo bueno. Releamos un tanto la tragedia de la España de los años 30, bajo el gobierno comunista de Azaña: se perdió la esperanza, vino la desesperación y con ella, primero la anarquía y, luego, como efecto inevitable, la guerra civil que concluyó el Caudillo y años de odios y dolores.
Venezuela está en una muy seria encrucijada. Con un gran amigo y gran venezolano, sometido después tras rejas, intercambié muchas reflexiones sobre esto en el último quinquenio de los años 90. Decíamos que nuestra Venezuela necesitaba una profunda esperanza ante lo que veíamos venir. Desgraciadamente vino el caos, pero afortunadamente ahora hay una nueva esperanza. La nueva esperanza que nos trae el saber de “hay un camino”. Capriles Radonsky, con una fuerza y un coraje que le proporciona el Espíritu, ha sembrado la tierra patria, en todos sus rincones, sean pequeñas poblaciones, pueblos o ciudades, de una nueva Esperanza. Sigámosle; apoyémosle con toda la fuerza de la razón y del corazón: si hay un mañana límpido, iluminado y clamoroso. La República será rescatada por sus manos y con las nuestras.
sábado, 18 de agosto de 2012
POR PRIMERA VEZ EN 14 AÑOS
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Pedro Paúl Bello
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Aug 14 (4 days ago)
POR PRIMERA VEZ EN 14 AÑOS. Pedro Paúl Bello www.paulbello.blogspot.com En ve...
POR PRIMERA VEZ EN 14 AÑOS.
Pedro Paúl Bello
En verdad, por primera vez en 14 años, el gobierno de Venezuela
encuentra que tiene, de frente, una verdadera oposición. En las
elecciones de 1998, el gobierno que dignamente y en medio de enormes
dificulatdes presidió Rafael Caldera, no presentó candidato
presidencial: no le era posible el hacerlo, por cuanto, como sabemos,
dicho gobierno estaba constituido por sectores políticos, más que por partidos,
los cuales apoyaron la candidatura de Caldera en diciembre de 1993
ante la dramática situación que generóla sorpresiva e inconveniente --por lo demás injusta-- destitución del presidente en ejercicio Carlos Andrés
Pérez, propiciada por un sector escasamente mayoritario de su partido
Acción Democrática, hecho que enlagunó más aún el ambiente político venezolano, ya muy confundido después de los dos intentos golpistas de 1992.
Tal vez por ignorar las profundidades y orígenes de esos intentos, que en lo militar venían del inicio de los años 70 y en lo económico-político tenian que ver con la caída de los precios del petróleo, hecho que determinaba la definitiva fractura del modelo populista de Estado inagurado en octubre de 1945, pero que, fundado en la alianza ficticia de sectores sociales con intereses opuestos y
contradictorios, hacía previsible a ojos vista que, una vez que la "torta" de la adventicia riqueza monetaria proveniente del petróleo se hiciera pequeña, sería inevitable el que dicha alianza se rompiera. La crisis del populismo se mostró clara ya en los años 80.
La clarinada asomó aquél llamado "viernes negro" de 1983 y, desde entonces, la normal y civilizada competencia entre los partidos democráticos, se revirtió al interior de los mismos para convertirse en abiertas luchas entre sus dirigentes. Lamentablemente, pareciera que el mismo Presidente Pérez no había penetrado en esas profundidades y, así, su discurso de presentación, ante el país, de su muy acertado y oportuno "Programa de Ajustes Económicos", no sólo no fue bien
entendido por la población en general, sino que tampoco lo fue en el seno de su propio partido. Después, y casi inmeditamente, vino el así llamado "Caracazo" urdido por sectores comunistas posiblemente conectados con la conspiración militar.
El Congreso de la República designó, para sustituir al Presidente Pérez, a ese ilustre venezolano que es Don Ramón Velázquez. Su mandato de unos seis meses fue serio, discreto. Al final del mismo, entregó la presidencia en manos del Presidente Rafael Caldera quien la asumió valientemente y contra sus deseos, pues conocía bien las dificultades que habría de enfrentar, entre ellas la crisis bancaria generada por hechos de todos conocidos, con el agravante de estar en minoría parlamentaria. Su férrea voluntad lo llevó a la tarea, que muchas
veces expresó, de no dejar que en sus manos se perdiera la República.
Las elecciones del nuevo Congreso de la República, adelantadas a las presidenciales de diciembre de 1998, dieron mayoría parlamentaria a los partidos democráticos. El presidente electo en diciembre resultó ser Hugo Chávez Frias. Lamentablemente, los poderes públicos constituidos, el Congreso y la Corte, no resistieron a las amenzas de Chávez Frías y cedieron ante sus ya iniciadas violaciones constitucionales. Lo demás que vino lo estamos viviendo.
Después de trece años, lo que tenemos en nuestra Patria es más que lamentable.
Todos sabemos lo que ha ocurrido y no merece la pena el insistir. Pero, como se dice: "No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista" y hoy respiramos aires que no sólo son de ilusiones y esperanzas.
Se dice también que "el pueblo no se equivoca". Si se equivoca cuando no está informado, pero hoy en día ese dicho es muy válido: la asombrosa victoria de Henrique Capriles Radonsky, el 12 de febrero de este mismo año, así lo demuestra. Capriles se ha convertido en un fenómeno político que tiene pocos antecedentes.
La razón de esa abrumadora victoria del pasado febrero está a la vista. Su empuje ha conducido a millones de venezolanos a respaldarlo. Los partidos democráticos de oposición se han fortalecido a tal punto, que ahora son Capriles y los partidos que le apoyan los que después de trece largos años de verse obligados a seguir las pautas impuestas por el oficialismo, son ellos los que a éste le están marcando sus propias pautas.
El país, todo, se percibe renacido; no es un mito ni un deseo: es una realidad palpable en cada ciudad, en cada uno de los pueblos que Capriles, con gran constancia, ánimo y alegría visita. Las multitudes en cada caserio, barrio, pueblo salen a las calles llenándolas con su entusiasmo. Estamos todos seguros de que tampoco, en las manos de Henrique Capriles, se perderá la República.
¡Dios lo cuida y protege a Venezuela!
jueves, 9 de agosto de 2012
CAPRILES RADONSKY Y LA RACIONALIZACIÓN MORAL DE LA VIDA POLÍTICA.
Pedro Paúl Bello
(www.paulbello.blogspot.com)
El notable filósofo católico francés, Jacques Maritain, en varias de sus obras sobre la vida política en las naciones, insistió en considerar y explicar la importancia de lo que llamó “racionalización moral de la vida política.” Para Maritain, la acción política consiste, esencialmente, en propósitos y fines humanos y es “algo intrínsecamente moral” aunque, generalmente, la justicia, la virtud y la amistad cívica no conduzcan, a sus actores, “al éxito en este mundo dentro del corto término que va de la cuna a la tumba” que, precisamente, es el tiempo cuando algunos buscan el éxito y la “gloria.”
Los planteamientos, directos y sencillos, que ha venido haciendo Capriles en su extraordinaria campaña electoral apuntan, precisamente, al logro de alcanzar el Bien Común General para todos los venezolanos. De allí su visible e impresionante éxito, pues el Candidato, despojado totalmente del ego que es el mayor enemigo de quienes hacen de la política un oficio. De aquellos “qui font de la politique un métier”, en la expresión de Enmanuel Mounier, muchas veces para acumular ilícitas riquezas provenientes de recursos del Estado, negociaciones fraudulentas, tráficos de dinero o droga, etc. Capriles tiene como propósito de su posible gobierno el resolver, entre otras carencias, las pésimas condiciones existentes en materia de educación, salud, alimentación, trabajo y remuneración justa y, sobre todo, seguridad pública cuya inexistencia arroja cifras intolerables de venezolanos de todas las edades y sectores sociales, en especial los más desfavorecidos. Son condiciones básicas para la prosecución y alcance del Bien Común General como responsabilidad principal de todo Estado democrático como el que pretendemos recuperar.
La victoria de Enrique Capriles --que está a ojos vista-- para hacerla posible, exige que se suspendan las inútiles polémicas relativas al fraude que, para algunos amenaza la pureza de las venideras elecciones del 7-O y, para otros, la elección venidera está garantizada o “blindada”, como tantas veces proclamó --y en ello fracasó-- la antecedente Coordinadora Democrática. Es menester indispensable que se constituya un equipo de expertos en la materia, quizás a instancias de la Mesa de la Unidad pero no por escogencia de ésta, que sea integrado por miembros de organizaciones como Esdata y otras que han trabajado en profundidad y con autoridad el asunto; con calificados profesores de Universidades y personas, con competencia para ello, y por designados de los partidos políticos opositores, para que, con gran urgencia, se reúnan y profundicen sobre la realidad de la materia, de manera que, si se verifica la posibilidad de fraude en las elecciones del 7-O, se ejerzan presiones efectivas sobre el CNE al fin de obligarle a eliminar todo cuanto se considere amenaza para el acto electoral.
No podríamos los venezolanos, por miedo o actitudes pacatas, asumir la responsabilidad de hacer de nuestra Patria otra Cuba esclava y tiranizada. Es nuestro deber ineludible el defender las libertades y derechos a vivir en paz de todos los venezolanos y habitantes en general de Venezuela, con libertad externa y en democracia, cuéstenos eso el precio que sea: si no lo hacemos ¿con qué cara y franqueza podríamos ver a los ojos de nuestros hijos y nietos?
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