lunes, 30 de diciembre de 2013
EL DIÁLOGO FRANCO Y VERDADERO.
Pedro Paúl Bello.
(www.paulbello.blogspot.com)
Johannes Tauler (en castellano Juan Taulero), nacido en Estrasburgo hacia el 1300, fue un notable y profundo teólogo dominico discípulo de Eckhart. Nadie, dijo, “se impregna mejor del sentido de la verdadera distinción como quien ha entrado en la unidad”…“igualmente nadie conoce verdaderamente la unidad si ignora la distinción.”
Jacques Maritain recoge esas expresiones en una de sus obras más importantes y la complementa explicando que “todo esfuerzo de síntesis metafísica, particularmente si tiene como objeto las complejas riquezas del conocimiento y del espíritu, debe pues distinguir para unir.”
Ambas expresiones, la de Tauler y la de Maritain, que desde luego se presentan en un terreno radicalmente distinto de lo que en este escrito estoy tratando, que no es el de la metafísica, no por ello deja de ser pertinente si uno se detiene en la propia expresión de Tauler y de Maritain y no en la profundidad misma de lo que expresaron.
En efecto, lo expresado por Tauler puede simplificarse en estos términos: quien entre en la unidad se impregna del sentido de la verdadera distinción y nadie conoce en verdad la unidad si ignora la distinción. Y, por su parte, añade Maritain: Hay que distinguir para unir.
Descendamos ahora de los altos vuelos de la razón y parémonos en el suelo de nuestra Nación. Vamos a otear en nuestra historia republicana, comenzando por la Cuarta República que no fue, como equivocadamente siempre se dice, la de Rómulo Betancourt en 1959 sino la de José Antonio Páez en 1830, y viajemos con la mente y el recuerdo histórico esos 183 años que nos separan de esa verdadera Cuarta República, para constatar historia en mano, si el presente que vivimos los venezolanos en estos ya demasiado largos años de “socialismo del siglo XX”, no es el peor uno de los peores momentos de esta Patria calificada como “bendita tierra de gracia.”
Los gobiernos de la IV República: dos de Páez; dos de Soublette; y el lamentable del Doctor Vargas, que atropellado por el cínico Carujo hubo, después de haber regresado al mando por gestión de Páez, retirarse definitivamente de toda opción política. En 1846 terminó esa primera etapa republicana, llamada de la Oligarquía Conservadora. La segunda etapa, entre 1847 y 1858, llamada de la Oligarquía Liberal fue catastrófica: Con la Presidencia asumida por José Tadeo Monagas, se inició en Venezuela la fatal práctica del abuso de los mandatarios. Entre otras cosas, recordemos que Monagas asaltó al Congreso e inició el estilo violento y perverso propio de otros posteriores gobiernos. Es suya esa frase “la Constitución sirve para todo”. Frente a esos atropellos, Páez se alzó en Apure, pero fue derrotado y apresado vejatoriamente, haciéndolo recorrer las calles de Valencia. Sentenciado a muerte, al final Monagas lo dejó salir de Venezuela. Monagas designo Presidente a su hermano José Gregorio, pero después hubo muchos conflictos qye terminaron con el poder de los Monagas cuando se alzó el Gral. Julián Castro (uno de los actores del golpe contra Vargas) en 1858.
La Guerra Federal surgió, entonces, como resultado de específicos intereses políticos y económicos que enfrentaron a conservadores y federalistas y de la frustración de un gran sector de población desprovista de toda suerte de riquezas y privilegios, con el agravante de que, al desamparo que quedó de la lucha por la independencia, se sumaron más de dos décadas vividas sin esperanzas. Este, sin dudas, ha sido de nuestros más difíciles tiempos. Pero como lo escribiera Domingo Alberto Rangel, “la Federación ya estaba falsificada desde Coche. Y el peón hecho general por la gloria de un combate no deseó ser el brazo ejecutor, en el gobierno, de la voluntad de justicia de las masas. Prefirió despojar a los oligarcas, sustituyéndolos en el vértice de la absurda estructura social de la época.” Luego una serie de cambios de gobernantes, fue conduciendo la una nueva generación para asumir el poder. Cuando el federalismo triunfó, quienes habían alentado esperanzas de cambios favorables vieron hechos como los que ejemplificó el gral Falcón, victorioso de la guerra, quien entre sus amigos y allegados repartió pródigamente beneficios materiales obtenidos en los combates. Los historiadores han recogido la indignada expresión del federalista general José Loreto Arismendi, descendiente del héroe margariteño Juan Bautista Arismendi: “Luchamos cinco años para sustituir ladrones por ladrones, tiranos por tiranos.”
Una nueva generación estaba por llegar al poder: Tres líderes jóvenes destacaron y ejercieron la Presidencia: Falcón, Guzmán y Crespo. Los tres ejercieron la Presidencia. Falcón, a quien no le gustaba permanecer en la Capital; su presidencia no duró mucho y su mano derecha fue Guzmán Blanco. Cuando al fin decidió dejar el poder, lo asumió éste. Todos conocemos la historia del gobierno de Guzmán: tiranía despótica, atropelladora del clero, con un ego inmenso que le hizo autoconstruirse estatuas, sin duda logró cierta modernización del país, especialmente en Caracas. Lo sucedieron gobiernos militares y civiles con mandatos de 2 años como el de Joaquín Crespo quien ya había ejercido el cargo en los paréntesis de Guzmán, el de Linares Alcántara, quien trató de prorrogar el mandato de dos años impuesto por Guzmán; el de Rojas Paúl, quien restableció las libertades y la armonía en el país. Más tarde vino la dictadura de Crespo y su muerte en combate y el gris gobierno de Ignacio Andrade, que fue derrocado por Cipriano Castro en 1899. Castro tuvo un gobierno catastrófico, hecho propiciado por su conducta tiránica y personal, pero contó con el apoyo de Juan Vicente Gómez, quien le financió y le acompañó en su expedición.
Lo demás es historia muy conocida, desde Gómez hasta nuestros días. Pero hay algo muy importante que destacar: ninguno de los gobiernos, desde el de Páez en 1830 hasta el de Caldera en 1998, jamás permitieron que el extranjero tomará posesión de nuestro país. Hemos tenido 168 años en lo que han habido muchas turbulencias, pero jamás, como en su tiempo lo expresara Cipriano Castro “la planta insolente del extranjero ha osado hollar el sagrado suelo de la patria”.
Después del breve y apretado recuento de nuestra historia, volvamos a considerar lo escrito por Tauler y Maritain que fue señalado al inicio de este escrito. Desde luego, es imposible en esta corta reflexión presentar detalles, ni siquiera los voluminosos, que puedan explicar nuestra conmocionada historia. Pero si a ver vamos, y se nos ocurre divagar sobre las posibles, probables o creíbles razones de ese nuestro acontecer histórico, no parece que sería un error el pensar que uno de los factores, entre los principales de todos, que puedan dar razón parcial de ello, es que “quien entre en la unidad se impregna del sentido de la verdadera distinción y nadie conoce en verdad la unidad si ignora la distinción. Y, por su parte, añade Maritain: Hay que distinguir para unir.”
Sí! La falta de unidad es un elemento importantísimo a la hora de indagar sobre los múltiples porqués de nuestro proceso histórico-político. El asunto es que nunca hemos aprendido, y menos practicado en nuestra historia republicana el que “hay que distinguir para unir” y que “nadie conoce en verdad la unidad si ignora la distinción”.
Nos hemos enfrentado los unos contra los otros, casi sin pensar que “el otro” es un yo semejante al mío. Reconocer y vivir esa semejanza, esa identidad que al mismo tiempo que separa está llamando a la unión es lo que es clamado por el solo hecho de ser personas humanas, sujetos de eminente dignidad a los ojos del Creador.
Hay que distinguir para unir, pero no hay verdad de unidad si se ignora la distinción.
Bajo esa premisa y penetrando en ella, me permito recoger lo que hace poco expresara María Carolina Machado. Dijo ella:
“Hoy tenemos tres opciones: huir, sucumbir o insurgir. Huir, que sería negar la realidad, lo propicia el régimen al imponer el Plan (de destrucción) de la Patria; el cual excluye -en su esencia- cualquier posibilidad de diálogo. Tengamos presente que el silencio sólo abre la puerta de la servidumbre. Sucumbir sería traicionar nuestro legado histórico: libertario, demócrata y republicano. Insurgir es la única opción. Significa la decisión individual de persistir hasta reinstaurar la democracia. Requiere un liderazgo amplio, firme y dispuesto a arriesgar y a arriesgarse; entendiendo el riesgo como un acto de responsabilidad.” A lo largo de nuestra historia, lo más grande que hemos hecho como pueblo, ha sido impulsado por nuestras creencias, por la fuerza de nuestras aspiraciones. La más poderosa de ellas, el ejercicio de nuestra soberanía y la libertad. Hay que distinguir para unir, pero no hay unidad si se ignora la distinción. ¿Será posible un diálogo al interno de la oposición que pueda unir distinguiendo? ¿O con el gobierno? Agotémoslos.
CUANDO ES AMENAZADA LA DEMOCRACIA.
Pedro Paúl Bello (paulbello.blogspot.com)
Un escritor de hace ya algunos años, el francés Jean Francois Revel, inició una obra suya muy conocida entonces (“Cómo terminan las democracias”), en estos términos: “Tal vez la democracia será en la historia un accidente; un breve paréntesis que bajo nuestros ojos se cierra.”
¿Por qué Revel expresa eso? Porque la democracia no se ha constituido, a fondo, para defenderse de quienes en lo externo y en el interno de las naciones quieren que desaparezca.
¿Quiénes son esos tales que pretenden hacer desaparecer la democracia? Son aquellos que en el interior de las naciones políticamente democráticas, o en el exterior de ellas, quieren destruirla porque es opuesta a sus planes tiránicos y opresores de los pueblos. De manera particular y en los tiempos que vivimos, los principales enemigos de la democracia, donde quiera ésta se establezca como sistema de gobierno, son hoy el comunismo y todas las expresiones semejantes de totalitarismos.
Todo sistema totalitario de gobierno, cuando en una Nación “debuta” como proyecto político, se presenta para ser comprado como un “perfeccionamiento” de la democracia: véase la historia de comunismos o fascismos debutantes en países como Rusia, Alemania, Cuba, China y tantos otros. En esas naciones, siempre, los regímenes totalitarios debutaron con el disfraz de demócratas que durante poco tiempo usaron. En la Rusia zarista, la sublevación bolchevique, que no nació el 25 de octubre de 1917 de allá (o 7 de noviembre) sino mucho antes desde el verano de 1915, cuando se inició por la hambruna determinada por la escasez de alimentos cuya producción cesó, así como los transportes. Al inicio del gobierno revolucionario en 1917, en Rusia se vivió una luna de miel política, pero ésta duró poco. En Alemania, Hitler asumió el poder con respaldo pleno el Reichstag o parlamento, acogió a quien sería, entonces, el factor de la destrucción de ese país, quien se presentó como ductor del progreso de una Nación que llevó a la destrucción. ¿No fue acaso una mayoría de venezolanos la que llevó a Hugo Chávez Frías al poder, y un congreso que, como el Reichstag alemán le aceptó pese a su insolente juramentación?
El comunismo en particular y las demás formas de totalitarismo en general, no es que sean incapaces de generar una sociedad viable, sino que la intención que orienta a este tipo de regímenes no es otra que la de destruir todos los valores y logros de una sociedad civilizada, cualquiera fuese la que cayera bajo su poder.
Los totalitarismos y sistemas políticos semejantes pero antecedentes resultan ser más hábiles y astutos que los demócratas para defender sus democracias. Las democracias siempre esperan que los totalitarismos, al inicio disfrazados, no ejerzan sus amenazas y siempre aquellas se despiertan cuando el daño mortal es ya inminente.
Dice también Revel en su libro antes referido que “el enemigo interior de la democracia juega una partida fácil, pues explota el derecho al desacuerdo inherente a la democracia misma. El esconde –a la oposición legítima y la crítica reconocida como prerrogativa de todo ciudadano-- sus propósitos de destruir la democracia y de buscar el poder absoluto y el monopolio de la fuerza.”
Como la oposición al totalitarismo es legal y leal y usa facultades de están previstas en las instituciones de todo Estado de Derecho, resulta fácil para su oponente, violar esas instituciones así como alterarlas inconstitucionalmente en favor de sus conveniencias. Por otra parte, una vez que han logrado alcanzar el poder, los regímenes totalitarios simulan realizar reivindicaciones legítimas en favor de los sectores sociales menos favorecidos, pero a los demócratas, que sinceramente quieren favorecerlos, los presentan como autores de represiones “reaccionarias.”
Sobre todos estos males, suelen surgir en el seno de los sectores democráticos, excesos de críticas contra quienes, de una manera u otra, se han convertido o han sido responsabilizados de la conducción política de los sectores que defienden la democracia. Esta actitud, que a veces se convierte en ataques y acusaciones permanentes en todo, poco servicio rinden al propósito fundamental de defender y mantener la democracia. Esa ruta constituye consecuencias muy peligrosas pues, como contrapartida práctica y pública, lo que se logra en ella es concederle la razón a un enemigo verdadero y mortal. ¿Se tratará de limitación intelectual, de ceguera o de indolencia política?
Todo esto lo he escrito porque he recibido un documento que me envió un opositor garantizado, pero cuyo contenido de varias páginas constituye la defensa descarada y falseada del régimen. ¿Dónde vamos a llegar por ese camino?
En tiempos tan difíciles como este que estamos viviendo en nuestra patria, hay que tener conciencia de que el resultado de todos los esfuerzos opositores, con los errores que puedan significar, con sus omisiones o excesos, con sus idas y retrocesos, son de todos nosotros. Si, de todos. Porque muchos, por razones muy justificables o no, no estamos involucrados en el meollo del asunto y, porque opinar, señalar y criticar sin conciencia cierta de lo que se opina, se señala o se critica corresponda realmente a la verdad, constituye una grave falta calificable como irresponsabilidad delictuoso, cuando se afirma lo que no se sabe o se niega lo que no se conoce.
A Venezuela la salvamos todos sus hijos demócratas o no la salva nadie. Esa es nuestra responsabilidad. Ese es nuestra meta y nuestro propósito: realizar efectivamente la liberación de esta Patria, para que vuelva a ser llamada “Bendita Tierra de Gracia”. Nada más.
¿QUÉ ES EL TOTALITARISMO?
Pedro Paúl Bello
(www.paulbello.blogspot.com)
INTRODUCCIÓN.
Ciertamente, una de las figuras mundiales de mayor prestigio y autoridad en relación al estudio y conocimiento del fenómeno del totalitarismo, es Hannah Arendt. Una de sus obras más conocida al respecto es “El origen del totalitarismo.”
El ejercicio y dominio total del poder, sin embargo, es muy remoto y está presente en la humanidad casi desde sus inicios existenciales. No obstante, después la Edad Media y del desarrollo de las ciencias y el posterior de las técnicas; de las revoluciones que, como la inglesa en el siglo XVII y la francesa del siglo XVIII, que cambiaron radicalmente la anterior concepción de la política y así, con el desarrollo de la tecnología en sus diversos aspectos, se pasó a una consideración del ser humano muy distinta y se fueron desarrollando, progresivamente, diversas y diferentes maneras de entender a las personas como individuos y a los grupos como tales. Dice a este respecto Gino Germani, en su prólogo del libro en castellano de Erich Fromm, “El miedo a la libertad”, que “la democracia puede subsistir solamente si se logra un fortalecimiento y una expansión de la voluntad de los individuos, que los haga dueños de una voluntad y un pensamiento auténticamente propios.”
Obviamente, la realidad de nuestra sub-región latinoamericana hubo de ser muy distinta a la evolución que tuvo por asiento a Europa, particularmente en Inglaterra, Francia y Alemania integradas de manera distinta a ese presente y, por supuesto, los Estados Unidos que, en esta consideración del tiempo pasado, habría de recibir toda la influencia inglesa. Expresa el profesor ítalo-venezolano Alberto Filippi que “la comprensión de la ‘vexata questio’ de las relaciones entre feudalismo y capitalismo en la historia de España, es esencial para poder sucesivamente enfrentar el tema de sus dimensiones hispanoamericanas.” Continua Filippi: “ha habido múltiples tipologías de feudalismos y de procesos de feudalización … sólo el formidable desconocimiento empírico sobre las historias extra-europeas ha impedido, de manera casi sistemática, que se plantearan y se trazaran comparaciones, paralelos y analogías capaces … de iluminar las distintas, determinadas o específicas historias de los mundos no europeos.” Contrariamente, como lo expresara Kula: “es justamente la repetición de las irregularidades, de lo atípico, de lo excéntrico, la base que permite acceder a las construcción teórica de los modelos.”
En el caso de España, que compete a latino-américa, es evidente que tales irregularidades determinaron la peculiaridad de nuestro feudalismo, en particular el venezolano, aunque hubo diversas y distintas expresiones en toda la sub-región. El feudalismo español fue el más breve de Europa: se cumplió en el plazo histórico de algo más de los dos siglos que transcurrieron entre la ocupación visigoda del territorio peninsular y la conquista musulmana. “La específica lucha histórica de la reconquista fue el determinante fundamental de las formas del feudalismo español, más que la originaria colisión y fusión de las sociedades bárbara e imperial.”
España, sin haber podido asentar sus estructuras económicas y sociales sobre la producción
Agro-pecuaria y la propiedad inmobiliaria, tuvo que entrar en el juego político europeo, formando un imperio cuyas guerras financiaba con las riquezas provenientes de sus colonias en América. No tuvo una etapa pre-industrial, y la inflación (entonces desconocida por ellos) provocada por esas riquezas, pasaron a Inglaterra y a otras regiones. El poder fundado en la tierra firme por la nobleza, desapareció. En la América española, cuando se produjo la coyuntura de Bayona y la caída o derrumbe del imperio español, las instituciones de naturaleza social fundadas por España no fueron eliminadas sino transformadas, lo que generó para estos países una “relativa autonomía” respecto al capitalismo industrial europeo, lo que se fundó en complejos sistemas neo-feudales. Esto desarrolló un dinamismo político en cada una de las nuevas naciones independientes, lo que reforzaría dichos sistemas y, luego, generaría la forma política-feudal del caciquismo-coronelismo-caudillismo.
Después, en un tiempo históricamente breve, el modelo de Estado establecido en casi todos los países de la sub-región se agotó, porque la dirigencia surgida a fines del siglo XIX no era capaz, en casi todos ellos, de entender los cambios que venían produciéndose en el mundo más desarrollado. Tales gobiernos fueron paulatinamente separados del poder, y las alianzas de clases sociales trabajadoras e intereses económicos de sectores de mayor poder económico, realizaron alianzas para conducir los países, lo que constituyó la base de apoyo del modelo populista de Estado.
TOTALITARISMO.
En el prólogo de la primera edición norteamericana de su libro, Hannah Arendt escribió que:
“si es verdad que en las fases finales de totalitarismo aparece éste como un mal absoluto (absoluto porque ya no puede ser deducido de motivos humanamente comprensibles), también es cierto que sin el totalitarismo podíamos no haber conocido nunca la naturaleza verdaderamente radical del mal.” Como se señaló anteriormente, las primeras manifestaciones del dominio total sobre los pueblos tuvieron lugar en los países que comenzaron a organizarse, en tiempos que no fueron primeros de la humanidad, pero si lo fueron así considerados desde la historia. Sin duda que en pueblos de entonces, aún atrasados, el dominio nudo de las personas era ejercido por caciques o formas similares de dominación. En cambio, otro fue el caso de la etapa imperialista derivada del fracaso del sistema Nación-Estado incompatible con los comienzos de un período histórico y con el desarrollo económico e industrial iniciado a finales último tercio del siglo XIX, cuando comenzó la política de expansión cuyo fin se hizo patente con la liquidación del Imperio, que Churchill rechazó presidir, y la aceptación de la independencia de India.
RAZGOS CARACTERÍSTICOS DEL SISTEMA TOTALITARIO.
El totalitarismo es un sistema de dominación muy drástico, condición que le hace ser muy diferente en comparación con otros sistemas de dominación, diríamos “clásicos”, como el despotismo, la dictadura y la tiranía. Cuando un régimen totalitario logra tomar el poder de una Nación, lo primero que hace es establecer nuevas instituciones políticas y destruir o modificar las anteriores instituciones políticas, legales y sociales del país que ha alcanzado dominar. Cuando hacer esto le resulta imposible porque sus fuerzas o apoyos iniciales no sean lo suficientemente fuertes para gobernar según sus intenciones, comienza por cambiar símbolos visibles y tradicionales del país, tales como banderas, himnos y, en la medida en que le es posible, leyes. Paulatinamente, se va apoderando de todas las instituciones políticas del Estado que ha dominado, de manera de sustituir o violar mediante movimientos engañosos, la separación de los Poderes Públicos, con el propósito de concentrar todos los poderes en manos del líder que haya asumido el poder. Tal fue el caso de Hitler en Alemania y de Stalin en la Unión Soviética, nombre que sustituyó, en su Nación, el antiguo nombre de Rusia, hecho que realizó, en su tiempo, Lenin. Lentamente, como ocurrió en la Alemania de los tiempos iniciales de Hitler en el poder, o inmediatamente como fue en la China de Mao, transforma a las clases populares existentes en masas, es decir, en la expresión de Ortega y Gasset referida a España y a Europa en general: “donde quiera que ha surgido el hombre-masa…un tipo de hombre hecho de prisa, montado nada más que sobre unas pobres abstracciones.” También interviene las Policías y los Ejércitos y, si al principio no puede sustituirles crea cuerpos semejantes propios y al servicio de sus finalidades. Además, tratan de sustituir las organizaciones y partidos políticos por un partido único sometido a sus planes y designios.
Por otra parte, la política exterior de un régimen totalitario se encamina, siempre, por la aspiración de generar un gran conflicto internacional, al mismo tiempo que crea alianzas con tendencias de gobiernos extranjeros que, de una manera o de otra, compartan esas aspiraciones en el contexto global del Hemisferio. En el caso del actual gobierno que ejerce las prácticas totalitarias en Venezuela, esa realidad es evidente, no solamente en el ámbito latinoamericano en el que ha construido relaciones “amistosas” con tendencias de signos parecidos a los suyos, sino que se ha abierto al Mundo, estableciendo relaciones solidarias con regímenes de cercanas semejanzas al suyo.
Es evidente que el líder del proceso totalitario venezolano, Hugo Chávez, captó rápidamente la amistad y el apoyo del régimen totalitario que sojuzga a Cuba desde 1959, especialmente a la persona de Fidel Castro. Hasta que Chávez asumió el poder en Venezuela, en febrero de 1999, el de Cuba era el único país del Continente sometido a un régimen totalitario, el cual alcanzaba ya una muy larga dominación sobre el pueblo de la Isla. Para Castro, esa visita de Chávez significó una gran adquisición política, pues luego de la caída de la Unión Soviética, del Muro de Berlín, y la liberación de todos los países sometidos al gobierno de Moscú, el Jefe del gobierno cubano se encontraba aislado del Mundo. Inmediatamente, Castro indicó a Chávez las ventajas que ambos adquirirían de llegar el venezolano al poder, como ocurrió, si Chávez lograba entablar relaciones amistosas con las tiranías semejantes del Mundo. De allí que el venezolano visitara y entablara amistad personal con personas como Hussein, Geddafi y varios otros. La idea de Castro era volver a lo que pretendía con el llamado proyecto de “La Media Luna”, para el cual envió a Bolivia al Ché Guevara, quien fue muerto en ese país, sobre lo cual han circulado interpretaciones diversas.
En la mente de Fidel Castro continuaba revoloteando la idea, traída a raíz del fracaso norteamericano en la guerra de Viet-Nam. La aspiración de Castro cuando envió a Guevara a Bolivia era, precisamente, la de hacer de Latinoamérica un bloque para oponerlo al “imperio” norteamericano. Apoyado en el Foro de Sao Paolo, creado en 1990 en Brasil y formado por las izquierdas marxistas latinoamericanas y otros grupos políticos más moderados, más la posibilidad de obtener el apoyo de la Venezuela petrolera, abría de nuevos puertas a las posibilidades de su plan. En el fondo, el plan iba mucho más lejos, esto es, la acariciada idea de generar un conflicto mundial bi-hemisférico, entre un Sur del mundo pobre y un Norte muy rico, y entre el Oriente, que se sentía maltratado y no reconocido por un Occidente orgulloso y poderoso.
Hasta hace más de un año, el proyecto podía ponerse en práctica, pero ello se derrumbó a raíz de la muerte del Presidente venezolano. Hoy en día, la grave crisis económica, social y política que padece Venezuela toda, cuyas raíces están en el plan inicial de Fidel Castro, Raúl Castro, hombre más práctico que su hermano Fidel, está tratando de abrir puertas al mal llamado “imperio” Norteamericano, para que, de manera gradual en el tiempo, se levante la tiranía totalitaria que reina en Cuba y se abran salidas “honrosas” para quienes han gobernado a su antojo y conveniencias a la Patria de Martí.
Como colofón de este escrito, me permito citar la parte final de la referida obra de Hahhah Arendt:
Es en la línea de tales reflexiones donde cabe suscitar la cuestión de si el Gobierno totalitario, nacido de esta crisis y al mismo tiempo más claro y único síntoma inequívoco, es simplemente un arreglo temporal que toma sus métodos de intimidación, sus medios de organización y sus instrumentos de violencia del bien conocido arsenal político de la tiranía, el despotismo y las dictaduras, y debe su existencia sólo al fallo deplorable, pero quizás accidental, de las fuerzas políticas tradicionales —liberal o conservadora, nacional o socialista, republicana o monárquica, autoritaria o democrática. O si, por el contrario, existe algo tal como la naturaleza del Gobierno totalitario, si posee su propia esencia y puede ser comparado con otras formas de Gobierno y definido como ellas, que el pensamiento occidental ha conocido y reconocido desde los tiempos de la filosofía antigua. Si esto es cierto, entonces las formas enteramente nuevas y sin precedentes de la organización totalitaria y su curso de acción deben descansar en una de las pocas experiencias básicas que los hombres pueden tener allí donde viven juntos y se hallan ocupados por los asuntos públicos.
Si existe una experiencia básica que halla su expresión política en la dominación totalitaria, entonces, a la vista de la novedad de la forma totalitaria de Gobierno, debe ser ésta una experiencia que, por la razón que fuere, nunca ha servido anteriormente para la fundación de un cuerpo político y cuyo talante general —aunque pueda resultar familiar en cualquier otro aspecto— nunca ha penetrado y dirigido el tratamiento de los asuntos públicos.
TÉCNICAS PARA ENVILECER PUEBLOS.
Pedro Paúl Bello
(www.paulbello.blogspot.com)
Ravensbrück, el campo para concentrar mujeres en Alemania en la Segunda Guerra Mundial, comenzó a ser instalado a fines de 1938, cuando aún muchos en el mundo pensaban que la Guerra no sería posible. El nombre derivó de la zona en la que fue construido este campo, que era llamada Ravensbrück, sita a 90 km al norte de Berlín. Este campo fue puesto en servicio en mayo de 1939. No era sólo para mujeres adultas, jóvenes o niñas, pues existió allí un campamento más pequeño para hombres. En total, durante la guerra alojó a más de 132 mil mujeres y unos 20 mil hombres.
La construcción del campo comenzó en noviembre de 1938 por orden de Heinrich Himmler, Reichsführer de las SS, y fue abierto el 15 de mayo de 1939 con el traslado de prisioneras del campo de concentración de Lichtenburg. En abril de 1941 se incorporó otro pequeño campo adyacente que fue destinado para hombres. En junio de 1942 se añadió el llamado "Campo preventivo de menores de Uckermark" para mujeres jóvenes y niñas. Hasta 1945 hubo varias ampliaciones más, de modo que el campo principal de mujeres abarcaba cinco filas de barracones en cuatro calles. Cada barracón estaba repleto, ocupado por muchas más personas de las que realmente cabían, dando lugar a un hacinamiento mortal y absoluto.
Decenas de miles fueron asesinados, muertos por hambre, enfermedades y hasta utilizados para experimentos médicos, entre ellos la esterilización. Cercano el fin de la guerra, hacia finales de 1944, se instalaron cámaras de gas, calculándose que, al menos, murieron asfixiados con gas o de otra forma, más de 92 mil personas. El 30 de abril de 1945, las fuerzas rusas (Ejército Rojo), liberó a los prisioneros sobrevivientes.
Esta introducción que hago hoy para quienes no vivieron aquél tiempo ni conocieron tales experiencias y, también, para quienes sí las conocieron pero a la distancia o, infortunadamente de cerca, a fin de que reflexionemos de manera personal y luego con otras personas, para tratar de entender la realidad de un mundo que, después de todos los avances, todas las ciencias, toda la infinidad de máquinas de trabajos y de juegos realizados por medio de las técnicas, podamos preguntar, no al Señor Redentor sino, como Él pregunto a Pedro, pero nosotros a nosotros mismos y al Mundo: ¿Quo vadis domine?
¿Qué son “técnicas de envilecimiento?
El francés Gabriel Marcel definió ese concepto así: “entiendo por técnicas de envilecimiento al conjunto de procedimientos deliberadamente puestos en ejecución para atacar y destruir, en individuos pertenecientes a una categoría determinada, el respeto que puedan tener de ellos mismos para transformarlos, poco a poco, en un despojo que se tiene a sí mismo como tal.”(1)
La primera página del libro trae la siguiente reflexión:
Si el amor entre los hombres no fuera una vana retórica, si el cristianismo se practicase hoy sinceramente, puede asegurarse que la faz del mundo cambiaría de la noche a la mañana, y la mayor parte de los males que afligen y degradan a la humanidad desaparecerían. La responsabilidad del cristiano es enorme en este momento crucial del mundo. Del cristiano depende, en gran parte, que nuestro mundo se incline hacia el materialismo o que sea verdaderamente cristiano. El cristiano debe pesar a tiempo su responsabilidad.
Los humanos, casi desde nuestra Creación por las manos de Dios, hemos comenzado nuestras relaciones con los hermanos con recurso al crimen mortal ¿Por qué será así? Marcel expresó que la crisis de su tiempo cercano al fin de la II Guerra Mundial era una crisis metafísica. Péguy acota que “la historia consiste, esencialmente, en pasar de largo ante los acontecimientos.” ¿Será, se pregunta Marcel, que es al filósofo digno de su misión a quien corresponde combatir fuerzas que neutralizan el pasado y suscitan el aislamiento personal del hombre contemporáneo?
NO QUISIERA. Pedro Paúl Bello
No quisiera escribir esto, pero voy a escribirlo.
El asunto que, por preocuparme como venezolano de raíces muy profundas en esta bendita tierra de gracia, siento como deber el expresarlo. Comienza con una pregunta cuya respuesta, de múltiples vertientes y raíces, fácilmente la encontraremos en nuestra historia de país: Si es este, en grande mayoría, un pueblo alegre, dicharachero, simpático ¿por qué, en diversas circunstancias generalmente difíciles, calamitosas y riesgosas somos tan pesimistas y negativos? ¿Por qué criticamos tan duramente a quien --de alguna manera-- sea en lo político, lo deportivo, lo artístico, etc., se distingue, actúa con honestidad y acierto o alcanza prestigio, aprecio y apoyo?
Es algo muy natural y corriente el que los humanos tengamos opiniones, gustos o ideas distintas a las de nuestros semejantes. Pero ¿No es lo adecuado el dirigirse –personalmente, por carta, email, teléfono, etc.-- amable o respetuosamente al otro, con quien se tienen discrepancias, para expresar éstas, conocer sus razones o identificar sus errores y, en esa relación dialogal, informarse bien, tratar de convencer o dejar ser convencido, o en caso de imposible acuerdo? ¿Cómo no respetar al otro en su dignidad de persona a la que, igual que a todos, nos ha elevado El Señor? ¿Por qué cerrarse en creer que uno tiene la razón y el otro no? ¿Será que no existen, con mayoritaria presencia, situaciones intermedias según las cuales cada uno tiene parte de la razón y, no pocas veces ninguno de los dos (o más) la tiene?
Pido me permitan, quienes esto leen, que traiga a colación y como ejemplo un caso que corresponde al asunto político, pero que podría ser de la música, del beisbol o de la Vino Tinto, etc., o muchos más, sobre los cuales podría presentar ejemplos similares al que me voy a referir.
Se trata de Henrique Capriles Radonsky. Advierto que no le conozco personalmente y que tampoco soy miembro de su partido político, pues desde hace veinte años no milito en ninguno, a pesar de que todos tienen mi respeto.
Pues bien, Capriles --como todos le dicen, además de El Flaco-- se presentó como candidato en las primarias de febrero de 2012 y, como poco le conocía, no voté por él en esa oportunidad, en la que él venció abrumadoramente y se convirtió en el Candidato de la oposición democrática para las elecciones de octubre del mismo año, en las que enfrentaría al difunto Hugo Chávez. Dos días después de las elecciones primarias, el candidato Capriles tuvo una rueda de prensa en la que participaron periodistas venezolanos y extranjeros. Vi la entrevista por la Globovisión de entonces y, aún sorprendido por el apabullante triunfo logrado por el Candidato dos días antes, esa sorpresa se convirtió en descubrimiento al escuchar las respuestas serías y breves, pero contundentes, con las que Capriles respondía a todos sus entrevistadores. Esa sorpresa se transformó después, una vez iniciada la campaña electoral del 2012, al ver, siempre por GB, las multitudes arrolladoras y entusiasmadas, llenas de esperanzas, que concurrían a todos los actos que cada día, y sin descanso, realizaba Capriles en todos los Estados y muchísimos pueblos de Venezuela. Sin embargo, conociendo muy a fondo los fraudes electorales que se “inauguraron” en 1999 con el “Kino” y que, progresivamente, con las máquinas de Smartmatic y múltiples trucos electrónicos o no, fueron perfeccionados por el “proceso”, bien sabía la imposibilidad real que, por fraudes, había para alcanzar la victoria electoral de octubre de 2012.
Después, ocurrió todo lo que “sobrevino” inconstitucionalmente desde diciembre 2012 hasta el 14 de abril del corriente año. Sin embargo y pese a la certeza que los fraudes aumentarían en magnitudes e intensidades --recuerde el apreciado y paciente lector que hasta aquí ha llegado, que era “pecado” desde 1999 hablar de fraude al país opositor-- tenía la convicción de que, el 14A, si era posible vencer. ¡Y vencimos porque los fraudes no fueron suficientes para la inmensa mayoría que apoyó a Capriles en la nueva campaña, que resultó ser más dura y sacrificada que la anterior!
Ahora bien, casi desde el 15 de Abril y de manera cada vez más intensa, van apareciendo en la prensa, en internet y demás medios, opiniones que, respetables venezolanos y no pocos amigos personales, vienen presentando para señalar que Capriles no actúa, no se mueve, no reacciona para defender su innegable victoria, etc., etc.
Con todo mi respeto hacía quienes así opinan y actúan, les sugiero que, en razón de justicia, se informen directamente de los esfuerzos que tanto el Presidente Electo por una gran mayoría de los venezolanos, así como también la dirigencia y miembros de la también muy atacada MUD, han venido realizando, sin inútiles “prisas pero sin pausas”, ante la realidad política, económica y social que estamos viviendo en estos cruciales momentos de nuestra Patria.
Que recuerden que estamos enfrentando una tiranía que siempre, desde sus comienzos en 1999, pretende ser totalitaria pero que está en franca e insuperable caída libre.
Que recuerden aquello del Eclesiastés:
Todo tiene su momento y cada cosa su tiempo bajo el sol;
tiempo de nacer y tiempo de morir;
tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado;
tiempo de matar y tiempo de sanar;
tiempo de destruir y tiempo de construir;
tiempo de llorar y tiempo de reír;
tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar;
tiempo de arrojar piedras y tiempo de recogerlas;
tiempo de abrazar y tiempo de separarse;
tiempo de ganar y tiempo de perder;
tiempo de guardar y tiempo de botar;
tiempo de rasgar y tiempo de coser;
tiempo de callar y tiempo de hablar;
tiempo de amar y tiempo de no amar;
tiempo de guerra y tiempo de paz.
Tengan tiempo de paciencia: les aseguro que Capriles y Venezuela tienen sus tiempos: “Hay una hora para cada asunto y un lugar para cada acción”
“El sabio verdadero es el que conoce lo que hay que hacer en cada situación; aquél que sabe el momento oportuno.”
¡ Tengan Fe!
NECESIDAD DE PAZ.
Pedro Paúl Bello.
(paulbello.blogspot.com)
Es bien sabido que, cualquiera sea el lugar de la tierra, si no hay justicia es imposible que haya paz. La paz es obra de la justicia. Así lo expresó el Papa Pio XII: “Opus Iustitiae Pax”. Así también lo proclamaron otros Papas como Paulo VI, en su Encíclica Populorum Progressio: “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz” y el Papa Juan Pablo II quien dijo que la paz es fruto de la solidaridad.
Infelizmente, al ser rechazada la justicia se acabó la paz en Venezuela. En el presente y por obra de las autoridades que, en esta Nación, han regido los últimos quince años, la justicia ha estado ausente en todos los aspectos del ejercicio de la vida social. La gran mayoría de los venezolanos, cualquiera sea su posición social o política, se resiente de la ausencia de orden y de paz en el país. No puede haber justicia cuando hay ciudadanos que han sido internados en prisiones, sin que haya mediado un juicio legítimo y puedan defenderse de lo que se le acuse; tampoco hay justicia en un país en el que el número de víctimas de asesinatos, asaltos, robos, etc., si califique en el contexto mundial entre los últimos por ese concepto.
Tampoco puede haber paz cuando un reducido grupo de personas, mediante corrupción por diversas formas de fraudes, hace en poco tiempo fortunas cuantiosas, cuando una muy alta proporción de ciudadanos, penan por no poder alcanzar recursos fundamentales para su alimentación, su salud, la educación de los hijos, habitar en viviendas dignas y tener esperanzas para un futuro que pareciera no existir.
El futuro que es de esperarse no puede ser peor, en un país que prácticamente está en default porque más de un billón de dólares vergonzosamente malbaratados en regalos para gobiernos extranjeros supuestamente comprometidos; mientras, los venezolanos tienen carencias de abastecimientos, inseguridad y violencia que suele ser mortal.
Necesita Venezuela, en primer lugar, la justicia y una vez que ésta sea realidad que reine, habremos de tener paz. Pero para alcanzar ese logro, los venezolanos todos, antes, debemos reencontrarnos más allá de nuestras diferencias en lo político, lo laboral y todo aquello que, de una manera u otra, nos separa. Tenemos que abrirnos, con desprendimiento de nuestros particulares intereses y problemas, en la amistad común del todo que somos y encontrar, en ello, caminos que nos unan y no nos separen, como nos han venido separando, para alcanzar esa amistad cívica que tanto necesitamos en esta bendita tierra de gracias.
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