martes, 25 de septiembre de 2012
24 setiembre 2012
DE NUESTRA HISTORIA RECIENTE
Pedro Paúl Bello
www.paulbello.blogspot.com
Como es el caso de todos los países latinoamericanos, los procesos políticos de Venezuela hunden sus más profundas y originarias raíces en los acontecimientos sociales, políticos, económicos e institucionales, similares y también diversos, a los que nacieron y luego evolucionaron a partir del descubrimiento y colonización de esta sub-región por parte de las Metrópolis Iberas España y Portugal. Éstas aportaron la Fe católica, sus maneras diferentes de ser pueblos, sus instituciones aún mal definidas, especialmente en la España que apenas vivió poco más de dos siglos de feudalismo, lapso que ocurrió entre el fin de la invasión visigoda y la conquista musulmana finalizada con la toma de Granada. Y España aportó, también, esa característica predominante en su población de entonces, que los estudiosos han denominado “el ethos de la subjetividad.”
Venezuela padeció, desde la tercera década del siglo XVI y hasta la primera del siglo XX, una guerra civil intestina que comenzó con alzamientos, cada vez más importantes, de esclavos negros e indígenas, la cual se confundió con la paralela guerra de Independencia, de la que se desarrolló una forma de feudalismo de Caudillos regionales que, instalados como Señores feudales en sus respectivas regiones, elegían y derrocaban Presidentes de la República pues éstos dependían de sus apoyos militares. Esta situación terminó cuando uno de ellos, Juan Vicente Gómez, se hizo de absoluto poder, fundó el Estado Moderno venezolano y derrotó al caudillismo dándole fin.
Gómez instaló una dictadura que se extendió por 27 años, durante los cuales ejerció un poder único, pero supo escoger, para sus equipos de gobierno, a los ciudadanos entonces más destacados en las diferentes instancias del saber. En la primera década de su tiempo de mando, creó una institución de formación militar y contó con el inicio de la explotación petrolera en el país, actividad que confió a empresas extranjeras especializadas en ese ramo. La guerra desapareció de la vida nacional, pero aquellos quienes se sublevaron contra su tiranía, sufrieron persecuciones y terribles cárceles. Cuando murió, en diciembre de 1935, dejó en la Presidencia de la República a un militar formado en la institución que había creado, quien era de gran solvencia y tenía otra mentalidad política: el Gral. Eleazar López Contreras que supo abrir el país al ejercicio progresivo y gradual de la democracia.
En los años terminales del gobierno de Gómez, ya el petróleo se manifestaba como recurso económico de gran importancia. Durante el gobierno de López Contreras, el petróleo fue factor de desarrollo productivo, característica que se mantuvo en el siguiente período gubernamental del sucesor de López, el Gral. Isaías Medina Angarita. Derrocado éste por una Logia Militar a la que se asoció el Partido izquierdista Acción Democrática, ese producto adquirió otra característica que se desarrolló mucho más en el tiempo sucesivo: fue factor de renta, lo que facilitó el crecimiento progresivo de un Estado alimentado por una economía rentística. El Partido AD, que apenas duró tres años en el poder y fue derrocado por otro golpe militar, carecía de planes alternativos y de proyectos para gobernar, pero constituyó una alianza de clases que concitó sectores de intereses económicos y sociales antagónicos y contradictorios: un sector industrial en incipiente desarrollo que producía bienes de consumo y otro sector conformado por obreros sindicalizados radicados en las principales ciudades del país. Así se instaló en Venezuela, con retraso respecto a otros países del sub-continente, un modelo político --el populista-- que para aquel tiempo daba ya muestras de ser insostenible. En efecto, luego de un fuerte crecimiento inicial que dependía de las importaciones de bienes naturales de consumo por parte de los países europeos que padecieron la primera guerra mundial, después de la crisis económica mundial de los años 30, estos latinoamericano países vieron que sus economías se debilitaban de manera progresiva, porque los países más desarrollados reducían gradualmente la demanda de los bienes que importaban de la América Latina. En tal condición, los países exportadores se vieron obligados a tener que aumentar el volumen de sus exportaciones para poder mantener sus ingresos, lo que generó la progresiva caída de los precios de estos bienes derivada de dicho aumento, pues los productos exportados iban a mercados en los que el consumo de esos bienes había llegado el tope.
Auspiciada por la Cepal, Venezuela entró en el modelo de sustitución de exportaciones. El gobierno militar que derrocó a Acción Democrática desde que asumió el poder trató de establecer, para la economía venezolana, un modelo opuesto al cepalista: la diversificación de las exportaciones. Ese modelo, apoyado en el aumento progresivo del consumo de petróleo generado en el mundo al término de la II Guerra Mundial, permitió que dicho gobierno, en los diez años durante los cuales ejerció el poder, pudiera desarrollar en el país un proceso de alto crecimiento modernizador: construcción de modernas autopistas, represas, desarrollo de nuevas industrias, modernas plantas de producción de energía, inicio del desarrollo de subproductos del petróleo aguas abajo, vasto plan de desarrollo de viviendas para la población, erradicación de los ranchos o tugurios, etc. Ante los ojos del mundo, Venezuela crecía y se desarrollaba de asombrosa manera. Tanto fue así, que en los informes económicos y sociales anuales que la Cepal prepara para América Latina, se hacia la lista de las cifras económicas de todos los países de la sub-región y se presentaban, aparte, las de Venezuela, pues distorsionaban los promedios del resto de dichos países.
En el año de 1957, el país que había sublevado contra el gobierno, determino que las FFAA lo derrocaran pues, en el terreno político, ejercía una muy fuerte dictadura apoyado en el sector militar. Así, en enero de 1958, una gran proporción de los componentes de las Fuerzas Armadas desconoció al Presidente Marcos Pérez Jiménez y se abrió Venezuela, de nuevo, al ejercicio político democrático. Fue entonces cuando la Cepal insistió en que fuese establecido su modelo sustitutivo en este país. En las primeras elecciones que se celebraron en diciembre del mismo año, venció el partido AD que retomó el poder: Entonces, se reinstaló de nuevo en Venezuela el modelo populista.
El nuevo Presidente, Rómulo Betancourt, asumió el poder en marzo de 1959. Persona muy inteligente y capaz, Betancourt, quien venía de la izquierda radical, había madurado mucho su pensamiento. En efecto, asumió realizar un gobierno de centro formado en el contexto de una coalición de tres partidos políticos: el suyo, Acción Democrática, el socialcristiano Copei y el centro-izquierdista Unión Republicana Democrática, el cual se separó del gobierno un año después. En enero de mismo año 59, Fidel Castro Ruz había triunfado e instalado su Revolución en Cuba y pese a que Castro quiso acercarse a él --como a otros Presidentes latinoamericanos-- Betancourt no lo aceptó.
Pero en los planes de Castro estaba, desde entonces, la generación de un bloque de extrema izquierda en América Latina, con principal interés en Venezuela dada su estratégica situación geográfica y su riqueza petrolera que valía de por sí, pero que significaba, también y a través del petróleo, vinculaciones importantes con el Medio Oriente. El rechazo de Betancourt provocó que Castro iniciara, en los años 60, un avieso proyecto con el que pretendía derrocar a Betancourt y hacer de Venezuela base principal para el desarrollo de su plan de expansión comunista en todo el sub-continente. Guerrilleros cubanos entraron al territorio venezolano y, junto a comunistas del país, se fueron a las montañas del norte, en oriente y en occidente, al tiempo que generaron en la capital Caracas, y en otras ciudades, guerrillas urbanas que se mantuvieron durante el gobierno Betancourt, aunque cada vez más reprimidas por las Fuerzas Armadas venezolanas.
El siguiente gobierno venezolano fue ejercido por Raúl Leoni, también de AD, quien mantuvo la lucha armada contra las guerrillas comunistas, alcanzando, casi al fin de su mandato, el controlarlas suficientemente. Fue tanto así, que propuso a quienes aún se mantenían en las montañas, un plan de pacificación que incluía la rendición y entrega de armas por parte de éstos, a cambio de su reintegración en la vida normal de la sociedad venezolana. El Presidente Leoni no pudo culminar su propuesta, pero su sucesor, Rafael Caldera, quien asumió la Presidencia en 1969, si logró hacerlo durante el suyo. Sin embargo, para los años 70-71, un sector minoritario y subversivo que no se acogió a la propuesta de pacificación y aún estaba en las montañas, pese a la total derrota militar del plan Castrista, hizo la propuesta y tomó la consiguiente decisión, de no aceptar la pacificación propuesta por los gobiernos Leoni-Caldera y, como contrapartida alterna, dispuso ejecutar un plan de penetración de militantes comunistas en las Fuerzas Armadas venezolanas, en sus diversas unidades componentes.
Ese plan alcanzó acogida y comenzó a realizarse inmediatamente. Iban a transcurrir diez años, hasta la década de los 80, para que los infiltrados comenzaran a manifestar su presencia en la institución Militar. Antes de finalizar el período de gobierno 1969-1973 del Presidente Caldera, los síntomas de agotamiento del modelo populista --que no era el suyo pero que, cuando asumió la presidencia tenía tiempo en ejecución-- ya se manifestaban, pero conflictos en el Medio Oriente causaron un primer aumento en el año 1973, que elevó el precio del petróleo venezolano de un promedio anterior de $ 2 a $ 7 por barril, y luego, finalizando el gobierno Caldera a $ 14 por barril, pero en el siguiente gobierno de Carlos Andrés Pérez (AD), apenas iniciado en 1974, llegó a alcanzar después la entonces impensable cifra de $ 34/b, lo que distorsionó totalmente la economía venezolana.
Tal distorsión fue potenciada por un plan gigantesco de desarrollo producido por el gobierno en ejercicio de Carlos Andrés Pérez, bautizado por éste “La Gran Venezuela” que, quizá por creer equivocadamente que el auge petrolero sería continuo e irreversible, no sólo hizo disponer de recursos reservados para utilización gradual futura del entonces recién creado Fondo de Inversiones de Venezuela, sino que fueron utilizados para invertirlos en macro-proyectos de alto costo, con el agravante de haberse recurrido, además, al fatídico mecanismo de solicitar préstamos a la Nación para el faraónico Plan de la Nación.
No transcurrió mucho tiempo para que tan fatales decisiones mostraran su rostro de dramáticas consecuencias. El siguiente gobierno de Luis Herrera Campins (socialcristiano), que también disfrutó de muy altos precios del petróleo luego de una ligera caída de los anteriores precios, tuvo que pagar las consecuencias, cuando la crisis petrolera generada a partir de una situación originada en México, derrumbó los precios del producto y obligó a devaluar la moneda venezolana, el bolívar, en febrero de 1983, un día denominado “el viernes negro.”
El país entero fue sorprendido por este acontecimiento pues no habían, los venezolanos, alcanzado a percatarse de que el petróleo era un bien tan susceptible, como los demás, de perder su valor en los mercados. De ese momento en adelante, los precios del petróleo continuaron en caída constante, mientras el modelo político populista avanzaba a su definitivo estrangulamiento y fin, dado que era incapaz de satisfacer, al mismo tiempo, las aspiraciones y reivindicaciones que pretendían los sectores aliados del populismo. La “torta” a repartir se había empequeñecido y no alcanzaba para todos, lo que significaba la ruptura de una alianza en la que cada parte quería recibir la mayor porción de esa torta.
La caída del petróleo significó, también, continuos aumentos del costo de los productos de consumo para la vida y salud de los ciudadanos o los necesarios para la construcción de bienes como viviendas, carreteras y para el posterior desarrollo industrial. No fue, entonces, por casualidad sino por esa causalidad, que en los años 80 del siglo XX, la penetración comunista iniciada en las FFAA desde inicios de los 70, comenzara a manifestarse: en efecto, al menos cuatro intentos conocidos de golpes de Estado fueron planificados y ejecutados con fracasos que, sin embargo, no fueron del conocimiento de la mayor parte de la población venezolana. Por otra parte, la desaparición física de la mayor parte de los grandes dirigentes de los partidos tradicionales y las luchas internas en el seno de los mismos, así como entre los adversarios competidores, aumentado todo por las carencias que afectaban a los ciudadanos de todos los sectores sociales, terminaron con el retiro del apoyo popular hacia los partidos políticos; las cifras de abstención electoral crecieron de manera impresionante y la democracia recuperada en 1958 fue puesta en entredicho.
En tal ambiente descompuesto, la conspiración militar de los comunistas (se habla de unos 600 oficiales comprometidos dentro de las FFAA) fijó, en 1988, que ante los anteriores fracasos ya señalados, no intentarían acción alguna, sino hasta que la mayor parte de los participantes en ella hubiese alcanzado el comando de fuerzas efectivas de tropa, aviación y marina. En diciembre del mismo año 1988, se realizaron elecciones para elegir nuevo Presidente de la República. El Presidente en cargo era Jaime Lusinchi (AD), quien salió de la presidencia con apoyo muy amplio (más del 60%). El candidato vencedor fue Carlos Andrés Pérez, del mismo partido (AD), quien, en su discurso de iniciación, expresó que el Presidente saliente había acabado con los recursos económicos del país. “Limpió la botija,” fue la expresión que uso el Presidente Pérez en ese discurso. Además, de manera casi inmediata, presentó al país un Programa de Ajustes Económicos, cuya pertinencia era inobjetable, pero significaba fuertes restricciones para la población en general: aumentos significativos de los costos de bienes de consumo; de la electricidad, teléfono y demás servicios; medidas económicas que favorecían la acumulación de dinero a sectores de la producción en la idea de limitar la fuga de divisas, etc., todo lo cual fue rechazado por los sectores de población afectados.
A los pocos días de tales discurso y presentación de proyectos, militantes comunistas comprometidos incitaron a la población de Barrios en Caracas y otras ciudades, a salir a las calles, supuestamente en protesta por aumentos en los precios de la gasolina y de los medios de transporte. La protesta fue convertida en saqueos masivos que se extendieron dentro de las ciudades afectadas. Era el llamado "Caracazo". La represión que fuerzas de seguridad y militares ejercieron, fue muy fuerte y causó decenas de víctimas. Fue la primera acción comunista después de la anterior suspensión de acciones militares, pero abrió camino para ésta, que ya estaba prevista para finales del año 1991 o inicios del 1992.
Cuando el 4 de febrero de 1992 estalló la subversión militar comunista con un intento de golpe de Estado, la mayor parte de la población estaba absolutamente ausente de lo ocurrido. El Tte. Cnel. Hugo Chávez Frías, quien tenía a su cargo una unidad de paracaidistas, con gran habilidad se las arregló para aparecer como el Jefe del Golpe, que no lo era, pues sobre él, varios militares de igual o mayor rango eran quienes planificaron y fueron autores intelectuales del mismo. Fracasado ese movimiento y detenidos los participantes, el gobierno no se ocupó de hacer efectivos los juicios que debían realizarse a esos militares. El tiempo transcurría mientras el país se agotaba ante las discusiones políticas de los partidos, ya muy desacreditados. Así, en noviembre del mismo año 2002, se produjo un nuevo movimiento, esta vez conducido por un sector de oficiales de la Fuerza Aérea y algunos de la Marina. Ese intento fracasó igualmente, pero tampoco los responsables fueron sometidos y sentenciados en juicios. El año 1993, el país vio, no sin asombro, que el Presidente Pérez fue destituido, con apoyo de la mayoría parlamentaria de su propio partido AD y, posteriormente, sancionado y destituido por la Alta Corte Suprema de Justicia.
El Presidente Pérez fue sustituido en el cargo, luego de designación por el Congreso, por el historiador Ramón J. Velásquez, quien ejerció el cargo presidencial hasta que fue electo, en los comicios de diciembre de 1993, el Dr. Rafael Caldera como nuevo Presidente de Venezuela. El Presidente Caldera hubo de dictar sobreseimiento de la causa contra Hugo Chávez, toda vez que ninguna instancia judicial había abierto juicio en su contra, así como tampoco contra otros militares comprometidos. Además, en ocasión de las elecciones en las que triunfó Caldera, todos los candidatos que compitieron por la Presidencia, con la sola excepción suya, se comprometieron en liberar a Hugo Chávez y a otros pocos militares no liberados. De esa intención se hicieron solidarios, tanto la prensa escrita, como los medios de comunicación y otros sectores de opinión.
CONCLUSIÓN FINAL.
El ascenso de Hugo Chávez al poder y la ejecución de su proyecto comunista por él denominado “Socialismo del Siglo XXI” tiene orígenes en:
1° El plan realizado de penetración de las FFAA, ideado y llevado a cabo por Douglas Bravo en 1970; 2° La Crisis por Agotamiento del sistema político populista, derivada de: A) El derrumbe de los precios del petróleo y las consecuentes limitaciones de la economía venezolana, más, B) El Plan de desarrollo “La Gran Venezuela” del Presidente Pérez en su primer gobierno; 3° El descrédito por luchas internas y externas de los tradicionales Partidos Políticos venezolanos; 4° Las imprudentes propuestas del Pdte Pérez sobre del Plan de Ajustes Macro-económicos, sin haber preparado, antes, a la población afectada y por sus acusaciones al saliente Pdte. Lusinchi, de su mismo partido. 5° La supuestamente comprometida actitud de sectores de la oficialidad de las FFAA que, por actitudes reticentes, el Pdte. Pérez no procedió activamente para conjurar las conspiraciones de militares extremistas del comunismo.
martes, 18 de septiembre de 2012
¡CUANDO SE HAYAN IDO!
Pedro Paúl Bello
Cuando se hayan ido, volveremos a las calles con nuestros hijos, para disfrutar con tranquilidad renacida, después de tanta inseguridad por temor al asalto o al secuestro.
Cuando se hayan ido, iremos a nuestras playas y montañas, podremos de nuevo reconocer la belleza de nuestra querida Patria, sus gentes amables y sus paisajes hermosos porque, cuando se hayan ido, tendremos carreteras sin huecos ni derrumbes.
Cuando se hayan ido, podremos visitar familiares y amigos de día y también de noche, porque no habrá más apagones.
Cuando se hayan ido, encontraremos en mercados y farmacias alimentos suficientes, producidos en nuestra tierra y medicinas indispensables para nuestra salud y bienestar.
Cuando se hayan ido, no habrá largas cadenas y podremos ver en la TV o en la radio lo que nos interese y distraiga, porque no las va a cerrar capricho de un gobierno.
Cuando se hayan ido, si queremos viajar podremos hacerlo con nuestros recursos, sin dar cuenta a ningún gobierno de donde vamos, ni tener permiso para gastar lo que aquel le conceda.
Cuando se hayan ido, recuperaremos el derecho a tener nuestros bienes, nuestra casa y nuestros negocios, porque nadie osará decir porque le de la gana: “exprópiese”.
Cuando se hayan ido, tendremos un gobierno responsable, que asumirá sus responsabilidades, sin peculado, ni maletines viajeros; sin altos funcionarios que negocien con drogas ni fortunas hechas con los dineros de todos.
Cuando se hayan ido, volveremos a ser una Nación verdaderamente soberana y no sometida a ninguna extranjera.
Cuando se hayan ido, viviremos de nuevo en democracia, y cuidaremos que nunca más vuelva un tirano a sojuzgar nuestro pueblo.
Cuando se hayan ido, abriremos de nuevo nuestros corazones y voluntades al semejante, sea compatriota o extranjero, porque renacerá la amistad cívica y la solidaridad entre nosotros.
Cuando se hayan ido, podremos trabajar a fondo para hacer, de esta bendita tierra de gracia, una Nación rica por el trabajo de su gente, que jamás de nuevo se someterá a tener que entregarse a la voluntad de un régimen tiránico que le ofrezca un mendrugo de pan o una inventada vivienda.
¡Cuando se hayan ido es ya!
viernes, 14 de septiembre de 2012
BAJO EL PODER DE LA SERPIENTE.
PEDRO PAÚL BELLO
Está escrito: ser mansos como palomas y astutos como serpientes. Honestidad no puede significar ingenuidad, pues abundan en el mundo astutas y deshonestas serpientes que no dudan recurrir a trampas y engaños cuando se trata de obtener o satisfacer protervos intereses.
Esta enseñanza, que está en el Evangelio, no es una suerte de exhortación al mal proceder y, tampoco, un llamado a ser astutos sin consideración de los valores fundamentales que rigen las conductas honestas, sino un llamado a estar prevenidos sobre las amenazas que acechan, por doquier, en todas las instancias y situaciones de la vida.
Lamentablemente, Juan Carlos Caldera, joven de cuya honestidad no conozco razón para dudar, cayó en la trampa preferida de la serpiente que, desde tiempos del Paraíso Terrenal, es su favorita: la mentira que envuelve todo engaño. El error no estuvo en recibir una suma de dinero --que, para los tiempos actuales de nuestra Venezuela, resulta modesta-- sino en no tener en cuenta aquello de que “el árbol bueno da frutos buenos y el árbol malo da frutos malos.” Caldera no se arrimó a un árbol reconocido bueno, cuya rama representante trató de ir más allá de la simple entrega de un normal apoyo económico ofrecido, para tratar de proponer encuentros y reuniones que, educadamente eludió el joven político, pero que recogió el video escondido de manera infame.
El régimen comunista sabe que está herido de muerte. Por eso, trata de extender a su adversario su propia conducta corrupta que ha ejercido en estos catorce años de mal gobierno. Uno de los dirigentes del llamado “proceso” calificó el apoyo económico a Caldera, como corrupción y soborno. ¿Será por el hábito establecido en su partido? Es insólito ver como funcionarios incondicionales del gobierno se rasgan sus vestiduras como puras vestales, como si no hubiesen existido los maletines viajeros; las toneladas de alimentos perdidos que la chispa del venezolano bautizó “pudreval”; los miles de millones de dólares producidos por nuestro petróleo y regalados a países extranjeros; las destrucción casi total de la vialidad en Venezuela; la pérdida del potencial energético porque nada se invirtió en su mantenimiento; los señorones del narcotráfico; los más de 150 mil venezolanos asesinados por el hampa y la criminalidad incontrolada; la desaparición práctica de lo que fuera Pedevesa como una de las principales productoras de petróleo en el mundo, etc., etc.
Derrotados, los comunistas seguirán inventando más y más, como si con eso van a detener la inevitable derrota que les espera. De nada servirá a la serpiente utilizar el poder que aún detenta. El siete de octubre, los venezolanos cobraremos su infamia y abriremos nuestra Nación al retorno de la democracia: ¡Henrique Capriles Radonsky será Presidente!
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