domingo, 26 de diciembre de 2010

CAP: SOÑADOR QUE CREYÓ EN SUS SUEÑOS.

CAP: SOÑADOR QUE CREYÓ EN SUS SUEÑOS.




El día de Navidad de este año 2010, los medios de comunicación llevaron a los venezolanos el conocimiento de que quien había sido dos veces Presidente de la República había fallecido: Carlos Andrés Pérez. Mientras comparto el pesar de familiares, amigos y partidarios del extinto ex Presidente, considero obligante deber el reconocer su firme condición de demócrata y patriota que fueran características permanentes de su hacer y actuar a lo largo de su intensa y dilatada vida política.

Mas allá de aciertos y errores políticos o personales, Carlos Andrés o, simplemente Pérez -como de ambas maneras le llamaron todos los venezolanos- fue un soñador; un soñador que creyó en sus propios sueños, fuesen éstos el propio de cumplir una misión grandiosa como conductor de su Patria o la noble aspiración de querer engrandecerla con sus manos de líder cuyo progreso veía proyectándose a todo nuestro sub-continente. Lo que fue patente en su primera gestión de gobierno; o --ya más maduro-- en la segunda, era el tratar de enderezar entuertos raigales que limitan o impiden que Venezuela desarrolle todo el potencial que posee y entre a formar parte de la élite de Naciones que se agrupan en el así llamado Primer Mundo.

Del primer sueño nació lo que él mismo llamó “La Gran Venezuela” y se apoyó en el inusitado aumento de los precios del petróleo, que de $ 0,92/barril en 1969, se elevaron a $ 2/b para 1972 y a $ 14/b a finales de 1973, para pasar hasta alcanzar la entonces increíble cima de $ 34/b durante su primer mandato. Carlos Andrés Pérez --y con él casi todos los venezolanos-- creyeron que esa riqueza adventicia era definitiva e inagotable y que, por tanto, era oportuno desarrollar en el país una serie de macro-proyectos industriales generadores de capital mediante nuevas industrias pesadas; el desarrollo industrial aguas abajo del crudo; reforzar la industria del acero y llegar a vender energía para Sudamérica sobre la base del enorme potencial energético que entonces tenía Venezuela. Entre los proyectos había hasta el de construir barcos en un gran astillero que se llamó Astinave. Pero las grandes inversiones que para esos proyectos se hicieron, exigieron --como era natural-- mantener el creciente ritmo anual de las mismas, lo que condujo a solicitar y conseguir.de manera reiterada, grandes préstamos de bancos y organismos internacionales para proseguir los proyectos. Empero, el servicio de dichas deudas incidió onerosamente sobre el presupuesto de la Nación que se vio, así, muy limitado para satisfacer ingentes necesidades internas, al tiempo que frenó en seco la posibilidad de continuar la realización del gigantesco propósito de industrialización autónoma que se pretendía y generó una muy alta inflación, como era inevitable.


También era inevitable que la adventicia riqueza estimulara codicias que se tradujeron en abusos y fraudes cometidos por improvisados “empresarios” que arrastraron tras ellos hasta al propio Presidente, quien concluyó su mandato como acusado o manchado por supuestos delitos como el del tristemente célebre caso del barco “Sierra Nevada”. Así, de mala manera, Carlos Andrés Pérez, en 1979, despertó de su primer sueño que, aunque concebido de buena fe y por el bien de Venezuela, se le convirtió en auténtica pesadilla.

El segundo sueño lo tuvo cuando mediaban los años 80. Mucho más maduro y veterano, Carlos Andrés profundizó en el conocimiento de causas de nuestros atraso e invertebración secular. Su observación se centró en lo económico. Se relacionó con expertos en la materia, todos exitosamente formados y laureados en las mejores universidades del mundo. Con ellos constituyó un equipo magistral al que encomendó la gestión económica de la Nación venezolana. El equipo diseñó un “Plan de Ajustes Económicos” que la sal popular de los venezolanos bautizo como “El Paquete”. Se trataba de un Plan muy coherente y bien coordinado en sus partes. Ajustando debidamente la economía, el Presidente y su equipo de expertos esperaba superar males económicos de casi un siglo y abrir el país a la producción y a la modernidad institucional en la materia.

Apenas a dos semanas de haber asumido la presidencia, el Presidente Pérez anunció al país, a través de la Televisión y la radio, el contenido de su “Programa de Ajustes”, que no contaba con el apoyo de la mayoría de la dirección política de su partido Acción Democrática y que tanto ésta, como la oposición --especialmente la de izquierda- calificó de “Neo Liberal”. Quien esto escribe lo defendió en sus cursos universitarios, así como en publicaciones de prensa y revistas de la Universidad. La izquierda marxista, así como los que desde los años 70 en adelante habían infiltrado las Fuerzas Armadas Nacionales (e intentado golpes de Estado durante los años 80) incitaron sectores populares en contra del Plan.

En su exposición sobre el “Programa de Ajustes”, el Presidente Pérez cometió dos graves errores iniciales: 1°. No se hizo un trabajo serio de información a la población sobre el alcance, significados y beneficios que el “Plan de Ajustes” contenía. La población, que ya estaba agobiada de cargas económicas, no entendió las razones por las cuales se le iba a exigir mayores sacrificios como el aumento de la gasolina, de los precios de transporte urbano, las tarifas de electricidad, teléfonos y otros servicios; 2°. El Presidente le expuso al país que la situación económica que le había legado el gobierno antecedente era pésima; que las reservas disponibles eran exiguas; que el Presidente saliente (Jaime Lusinchi) y su grupo político había “raspado la olla”. No tuvo en cuenta que Lusinchi, también de su partido Acción Democrática, había dejado la presidencia con muy alto apoyo de la población (superior al 60% y superior a la votación del 52% que él mismo había alcanzado en las recientes elecciones). El razonamiento simple de la gente fue inmediato: ¿Si Lusinchi nos engañó, por qué confiar en Pérez? Estos dos errores más el trabajo de la izquierda sobre las bases populares estuvieron en la base de los trágicos acontecimientos del 27 y 28 de febrero de 1989 que son conocidos como “El Caracazo”, por haber tenido inicio en la Capital de la República, pero cuya extensión alcanzó casi todas las grandes ciudades de Venezuela. A estos dos errores se sumaron, de modo muy importante, la falta de apoyo de Acción Democrática al “Programa de Ajustes” y el generalizado señalamiento del mismo como “Neo-Liberal”, así como también se tildó al equipo de expertos económicos que lo elaboró.

Como complemento, la conspiración de la infiltración comunista en las Fuerzas Armadas, culminó con la ejecución de dos intentos fracasados de golpe de Estado, realizados el 4 de febrero y el 28 de noviembre de 1992 que, a la postre, condujeron a Carlos Andrés Pérez hacia el injusto enjuiciamiento aprobado por su partido AD en el Congreso y a la sentencia condenatoria de la Corte Suprema de Justicia que le aventó de la Presidencia de la República.

De esta forma, el segundo sueño de Carlos Andrés Pérez, siempre con miras al progreso y verdadero desarrollo de Venezuela, terminó también como pesadilla. No en vano, ni como meras palabras, dijo el Presidente Pérez en discurso que pronunció una vez destituido y sometido a juicio, “hubiera preferido otra muerte”.

La Voluntad Divina, que orienta y decide sobre nuestra humana existencia y que procede del Único Juez infinitamente Justo y Ecuánime se la dio el 25 de diciembre pasado, día de la Natividad del Señor. Paz a sus restos y a su memoria honesta de Soñador.

Caracas 26 de diciembre de 2010.

martes, 14 de diciembre de 2010

ANTE LA REALIDAD

Después de casi doce años cumplidos, el sector del país que no la veía y el que si la percibía o vislumbraba, se encuentra ante la realidad incontestable que algunos, ilusos o ciegos, no creían o no querían ver: tenemos en nuestra Patria el cáncer político funesto que se llama totalitarismo, y lo hemos contraído en una de sus peores expresiones como lo es la comunista. ¡Cuántos, en el pasado reciente, respondían las alarmas sobre la gravedad de lo que nos amenazaba con benévolas sonrisas de compasión o lástima! Y era, tal, la mejor respuesta, pues muchas veces era burla, descalificación y hasta insulto. Nadie puede ya negar lo que es hoy tan evidente como la luz solar.

Hace poco, por esta vía amenazada por el régimen, recibí mensaje amigo que recordaba el pensamiento de ese gran venezolano y demócrata que fue Rómulo Betancourt, en aquellos tiempos también difíciles para el desarrollo de la democracia en nuestro país: 1954.

Decía entonces y desde su exilio Betancourt:

"no nos queda como posible sino la acción popular de masas, constante, valiente, perseverante. Esa acción debe ser conducida hacia una encrucijada en que ya no sea tolerable por el país la existencia de un régimen de usurpación, y la cólera popular se exprese en forma tan avasallante que ya no puedan detenerla las bayonetas".

Betancourt veía entonces muy claro cuando, en aquellos tiempos la situación era similar a la presente en lo militar. Pero el llamado de Betancourt apuntaba, exactamente, hacia donde debemos trabajar con ahinco y perseverancia los venezolanos de hoy. Lo que nos amenaza ya podemos palparlo como un hecho que se cumplirá irremisiblemente. No nos queda sino resistir. Como bien lo dijo entonces Betancourt, también ahora no nos queda como posible sino la acción popular a través de las múltiples expresiones que ésta puede asumir.

Es ahora cuando de verdad comenzamos, porque es sólo ahora cuando no podremos evitar ver la dura verdad y enfrentarla con gran coraje.

¡BASTA YA!

lunes, 29 de noviembre de 2010

¡OIR Y LEER AL PUEBLO!

La Política es la ciencia y el arte de hacer posible lo que es menester en procura del logro del Bien Común General. Porque el común de la gente no lo ha entendido así y, como resultado de la brutal desinformación y consecuente desorientación que sobre la política siempre ha recaído, descendió sobre ella y quien la practica como actividad permanente, una densa y oscura nube de desprestigio y difamación. ¡Cuán lejana de tal percepción aquella famosa frase del Papa Pacelli (Pio XII): " La Política es, después del sacerdocio, la expresión más eminente de la caridad"!
Debemos reconocer, sin embargo, que en la génesis y generalización de tan deformada opinión, buena culpa recae sobre "políticos" practicantes de la "política" con "p" minúscula): aquéllos de que quienes Enmanuel Mounier dijera "ceux qui font de la politique un métier" (los que hacen de la política oficio manual o mecánico con fines crematísticos).

En nuestra Venezuela de hoy, uno de los errores más importantes de los políticos (aún entre quienes conciben esta actividad con "P" mayúscula) es la de no saber o no querer entender los mensajes que constantemente envía el pueblo.

Entre los defensores del régimen, aún los de buena fe porque los hay, la más persistente equivocación es la de no querer leer que los venezolanos, de todo signo y posición social, a lo largo de doce funestos años, han estado enviando, constante e invariablemente, el mensaje de que no les interesa una revolución que tenga por finalidad destruir y no construir; desencadenar odios y no amor; hablar de guerra y no de paz; ofrecer miseria y no bienestar; hacer más dependiente a la gente y no más independiente; establecer opresión y no libertad.
De la parte de la oposición, sobre todo de la de buena fe -porque de mala tampoco faltan- no se acaba de traducir en propósitos y acciones concretas y efectivas los mensajes que el mismo pueblo constantemente les dirige. El pueblo ha estado expresando de modo tenaz y perseverante sus aspiraciones, las mas, fundadas es su urgentes necesidades: trabajo, salud, vivienda, alimentación, condiciones dignas de vida, respeto, seguridad. No hay voces en la oposición que – con pocas excepciones sobre todo por parte de quienes se expresan como profesionales ante los medios- respondan es estas urgencias.

No oyen los claros mensajes políticos del pueblo. Por ejemplo, no entendieron aquél del 4 de diciembre de 2005, día cuando el soberano los sobrepasó y les impuso su voluntad, que fue expresar: "No vamos a concurrir más los venezolanos a acto electoral alguno mientras no exista absoluta garantía de transparencia, legitimidad y verdad ", lo que no se cumplió por fuerza de los entusiasmos despertados por la demagogia electorera y sin sentido, pero que se ha traducido en el impresionante crecimiento del sector de población mal llamado “ni-ni”. Fue ése un claro y contundente mensaje del pueblo todo, tanto en su expresión opositora como en la que apoya al gobierno. El mismo mensaje lo repitió el pueblo opositor en su marcha del siguiente 22 de enero y lo ha continuado haciendo como ocurrió en diciembre de 2007cuando derrotó, por amplia mayoría, el proyecto de constitución comunista que ha filtrado por otras vías por el gobierno.

Pero la dirigencia opositora sigue sin saber leer al pueblo y todavía insiste en acciones de calle inocuas. Señores dirigentes: el pueblo no va a salir masivamente a la calle si no es para acciones que valgan la pena. Seguimos ante el bizantino y absurdo debate entre quienes piensan que hay que elegir un candidato único de oposición antes de que se consiga desmontar la trampa y la ilegitimidad del sistema electoral montado por el régimen y quienes piensan que primero hay que lograr este último objetivo y luego elegir un candidato único e idóneo. ¿No recuerda eso el cuento del huevo y la gallina?

¡Señores! ¡Hay que hacer ambas cosas sin más pérdida de tiempo! ¿no se dan cuenta? Cualquiera de las dos alternativas, si se las considera por separado, a lo que conduce es a perder tiempo en beneficio del régimen. Es más: lo que deben hacer los aspirantes a candidatos es "fajarse" para conseguir las condiciones que la salud de la Nación requiere y, para ello, se debe trabajar más y lograr mejores títulos para merecer la voluntad popular. ¡Oigan al pueblo; pongan sus ojos y oídos sobre la calle! ¡Aprendan a leer al pueblo!

lunes, 15 de noviembre de 2010

NADA ES NUEVO EN VENEZUELA

El ejercicio del poder político en la Venezuela del siglo XIX puede dividirse en dos grandes etapas las que, a su vez, contienen sub-etapas particulares. Las dos etapas mayores son: la anterior a la Guerra Federal y la posterior a la misma. El período histórico que ahora nos ocupa es un todo que transcurre entre 1830 y 1899, formalmente interrumpido por la Guerra Federal que ocurrió entre el alzamiento del cuartel de Coro, el 23 de febrero de 1859 y la firma del “Tratado de Coche” el 23 de abril de 1863 y tiene, por tanto, dos grandes etapas: una antes y otra después de ese tiempo de guerra. La etapa anterior a la Guerra se conoce como de las Oligarquías y se distinguen en ella las subetapas de la Oligarquía Conservadora y de la Oligarquía Liberal.

La Constitución del Estado de Venezuela, vigente al comienzo de la primera etapa, era la tercera de nuestras constituciones, (descontadas las Constituciones Provinciales y la Constitución de Cúcuta que fue de la Gran Colombia) que fue aprobada el 22 de setiembre de 1830 por el Congreso Constituyente reunido en Valencia el 6 de mayo de ese año, cuyo presidente fue el Lic. Miguel Peña. El Congreso fue convocado conforme a lo dispuesto en Decreto dictado por el general Páez el 13 de enero del mismo año. Páez había sido legitimado por el Libertador, en 1827, como Jefe Civil y Militar de Venezuela. En noviembre de 1829 fue Encargado del Poder Ejecutivo por una Asamblea Popular que se reunió ese mes en Caracas.

La etapa anterior a la Guerra Federal tiene, pues, dos sub-etapas que corresponden a dos períodos: la primera --que los historiadores han designado como “Hegemonía de la Oligarquía Conservadora”-- ejercida entre 1830 y 1846; y la segunda que fue llamada de la “Hegemonía de la Oligarquía Liberal”, cuyo desarrollo ocurrió entre 1847 y 1858. Comparto que el término “oligarquía” --como bien lo expresa Rafael Arráiz Lucca -- no parece que en estos casos venezolanos pueda ser usar usado conforme a su significado clásico, pero es sabido que la “Teoría Elitista” sostiene que todo gobierno es minoritario por definición.

Debemos señalar una interrupción importante de la Cuarta República pues la Asamblea Nacional Constituyente que, después de la firma de Coche, se instaló en Caracas el 24 de diciembre de 1863 y que, por cierto, presidía Antonio Guzmán Blanco, cambió en el texto de la Constitución que aprobó en sus sesiones --sancionada en fecha 28 de marzo de 1864-- la denominación de República de Venezuela por la de Estados Unidos de Venezuela, en correspondencia con la figura de Federación que había sido asumida en el texto aprobado y también, sin duda, debido al ambiente federalista que predominaba en el país político de entonces. (Como Pérez Jiménez volvió a la República, lo que los rojos han llamado "Cuarta República", era la Quinta y en ella
seguimos "por ahora").
En efecto, si aceptamos como buena una síntesis definitoria del concepto de Estado que se basa en fuentes tan reconocidas como lo son la Teoría, eminentemente jurídica, del Prof. Georg Jellinek y la preponderantemente sociológica del Prof Hermann Heller, para entender al Estado como estructura de la Sociedad cuya finalidad es la organizción de la cooperación social- territorial de un pueblo, en un espacio o territorio definido y demarcado por límites; que constituye una dominación independiente en lo interno y en lo externo; que actúa legítimamente y de modo continuo con medios de poder propios pero públicos, claramente delimitados en lo personal y en lo territorial; independiente política y económicamente como unidad de decisión jurídica universal y sometida a los límites y controles que establezca el ordenamiento legal que sea vigente, hemos de convenir en que cada Estado de la Federación habría de responder por separado a esta definición, lo que no ocurrió en el caso de la República. Pero, en todo caso, la Cuarta República quedó interrumpida el 28 de marzo de 1864, día cuando fue sancionada, por la Asamblea Constituyente, la quinta Constitución de Venezuela, pues la cuarta fue la de 1857, con la que José Tadeo Monagas sustituyó la de 1830 porque impedía su reelección inmediata.

Pero más allá de lo formal y de cierta por todos reconocida enfermedad de ignorancia que algunos padecen, lo que importa recordar es que, en esa primera sub-etapa “conservadora”, la Presidencia de la República fue ejercida por las siguientes personas: José Antonio Páez (24 de marzo 1831-1835) elegido por el Congreso reunido en Valencia; José María Vargas (9 de febrero 1835- 24 abril 1836), pero hubo el intento, por parte de la llamada “Revolución de las Reformas” encabezada por Mariño, de derrocar a Vargas el 8 de julio 1835. Participó en esa conspiración Julian Castro –quien fuera después Presidente de Venezuela-- y uno de los comprometidos era Pedro Carujo, el mismo que ordenó detener a Vargas y sostuvo un famoso y conocido diálogo con el Presidente. Vargas fue expulsado y con el Vicepresidente Andrés Narvarte abandonó el país inmediatamente. Recuperado su poder por obra de Páez, General en Jefe de las Fuerzas Armadas, vino Vargas de regreso y reasumió la presidencia el 20 de agosto, aunque la insurrección continuó mientras Vargas y Páez no llegaban a acordarse sobre el destino de los sublevados. Vargas renunció definitivamente el 24 de abril de 1836. El Vicepresidente Andrés Narvarte asumió la presidencia provisional ese mismo día y estuvo en el cargo hasta el 20 de enero de 1837, cuando lo reemplazó el general José María Carreño, a la sazón Vicepresidente.

Luego, el siguiente 11 de abril, asumió el poder el electo Presidente Carlos Soublette, quien ejerció el cargo hasta el 1º de febrero de 1839, fecha en la que José Antonio Páez inició su segunda presidencia, siendo Soublette su Vicepresidente. El 28 de enero de 1843, terminado el mandato de Páez, electo por el Congreso, asumió su segunda presidencia el general Carlos Soublette. Esta presidencia de cuatro años, conforme a la Constitución, terminó en 1847. El 20 de enero de ese año el Congreso contó los votos de los tres candidatos más favorecidos en los Colegios Electorales y el vencedor fue el gral. José Tadeo Monagas quien tomó posesión el 1º de marzo de 1847 y se inició, en esa fecha, el período o sub-etapa de la llamada “Oligarquía Liberal”.

No es este un trabajo de historia pero si pretende presentar lo que hemos sido para que probemos entender nuestro “cómo somos” de hoy. Para resumir lo que significó el período llamado conservador, es muy apropiada la síntesis que hace el Profesor Arellano al resumirlo:

“En resumen, fue aquel un gobierno de equipo, en el que Páez se reserva funciones protocolares, dejando actuar al elemento civil con plena autonomía y a militares como Soublette, Urdaneta, Carreño, Montilla, Sistiaga, Smith y otros que colocaron la Ley por encima de sus personales ambiciones. La Separación de Poderes marchó como en las grandes democracias. El Ejecutivo, sin menoscabar su autoridad, consultó opiniones, oyó consejos y respetó a los otros poderes. El Congreso se opuso a toda sugestión o ingerencia que estimó inoportuna, a veces sin razón, pero colaborando con el Ejecutivo en todo caso. Este mecanismo se rompió en enero de 1848 y el Ejecutivo lo absorbió todo.”

La segunda sub-etapa de la etapa anterior a la Guerra Federal fue la del período “Liberal” que, como antes señalábamos, se inició con la primera presidencia del gral. José Tadeo Monagas, quien llegó al poder auspiciado por Páez y los conservadores, quienes actuaron de esa manera para cerrarle el paso a Guzmán. Ciertamente, durante el segundo gobierno de Soublette la oposición proveniente del sector llamado liberal, con Antonio Leocadio Guzmán a la cabeza, alcanzó niveles de alta intensidad y hubo alzamientos como los de Ezequiel Zamora y Francisco Rangel, que asolaban poblaciones en regiones del centro del país: La guerra civil ya asomaba con sus primeras manifestaciones.

En esta sub-etapa van a cambiar, de manera radical, ambiente y comportamientos cívicos asi como la vigencia de una democracia suficiente para su tiempo, lo que sobre la primera sub-etapa se percibe en la citada descripción de Antonio Arellano Moreno. Con el primer gobierno de los llamados liberales, ejercido por José Tadeo Monagas, hombre de reconocida riqueza, “Prócer de la Independencia, en cuyas luchas obtuvo sus bienes materiales que aumentaron con el trabajo esclavista, al igual que los de Páez” , se conformó un primer gabinete con figuras provenientes del páecismo, tenido por conservador. Pero el país fue separado de la orientación republicana que caracterizó los años transcurridos de marzo de 1830 a marzo de 1847 para iniciar el estilo violento y perverso que, con aisladas excepciones, caracterizó al ejercicio del poder político en los posteriores tiempos de Venezuela. Una vez que Monagas desplazó de sus cargos a los primeros designados, su estrategia consistió en ocupar con fieles seguidores todas las instancias del poder nacional y regional.

Apenas iniciado en año de 1848, el 24 de enero, Monagas sometió con fuerza tan brutal al Congreso --pues la mayoría conservadora le iba a acusar por violaciones de la Ley-- que el atropello, por el que murieron cuatro parlamentarios, sentó fatal precedente en el país: desde entonces, la mayoría de nuestros parlamentos se vieron normalmente sometidos a la voluntad omnímoda del caudillo de turno en la presidencia.

El hecho provocó la ira de Páez quien la semana siguiente se fue a los llanos para alzarse en Apure. Fue derrotado en marzo, en el sitio llamado Los Araguatos, pero se refugió en Colombia y de allí pasó a Curazao para invadir por Coro el 2 de julio de 1849. Apresado, Páez fue llevado a Valencia donde se le pusieron grillos y, así, fue pasado a Caracas como preso bajo la autoridad de Ezequiel Zamora y también la de Guzmán, quien ese año fue nombrado Ministro del Interior y Justicia y después Vicepresidente.

Sentenciado a muerte Páez, la pena le fue conmutada por Monagas. La figura militar después del Libertador más importante de nuestra Independencia, fue vejada públicamente en calles de ciudades del país. Finalmente, de Cumana, que fue su última prisión, Páez fue expulsado de Venezuela pero totalmente despojado de sus bienes de fortuna. El golpe para el partido conservador fue brutal, pero fue mucho peor para el futuro político de Venezuela pues le fueron sembradas fatales semillas de perversas conductas, como lo son el irrespeto y la negación de todo valor del adversario

Las elecciones de 1850 establecieron otro funesto precedente político en Venezuela: el nepotismo. En efecto, el candidato victorioso electo por dócil Congreso para el período 1851-1855, fue José Gregorio Monagas, hermano menor del Presidente en ejercicio. Como elemento positivo destaca en su período de gobierno que decretó la abolición de la esclavitud el 24 de marzo de 1854, aunque la mayoría de los libertos engrosó una población que quedó, por décadas, viviendo en extrema pobreza al carecer totalmente de independencia económica.

Como ejemplar manifestación de ese mal político que ha llegado hasta nuestros días, que es el continuismo, en la siguiente elección de 1854 el Congreso dio a José Tadeo Monagas 397 votos y a Fermín Toro, heroe del 24 de enero y esclarecida figura del país, un solo voto. José Tadeo tomó posesión del poder el 31 de enero de 1855 y lo mantuvo hasta 1859. La Constitución de 1830, que continuaba vigente, establecía que el mandato presidencial era de 4 años, sin permitir la reelección inmediata del Presidente, por lo que el Congreso, sometido a la voluntad de Monagas, aprobó una nueva Constitución que si lo permitiera: fue la Constitución de 1857, cuarta de Venezuela, aprobada el 16 de abril de 1857 la que, además, extendió el período de gobierno que pasó a ser de 6 años. Como nuevo aporte de José Tadeo Monagas, desde entonces, muchos de nuestros Presidentes han podido cínicamente decir y proceder como él: “la Constitución sirve para todo”.

También, antes de terminar este período presidencial y haciendo uso del contenido de su frase, José Tadeo Monagas hizo aprobar una nueva Ley de División Territorial por la que el país se conformó con 21 Provincias. Este hecho le permitió elegir a su gusto, y con autorización del Congreso, nuevos Gobernadores provinciales. De la misma forma, los Congresantes fueron sustituidos por aquellos que, conforme a la voluntad del caudillo, fueron designados por Colegios Electorales.

El discurso del obispo de Coro, que disentía de todos los de los aduladores, presentó el cuadro de la realidad de la Venezuela de entonces: “Los males físicos, morales y políticos se han confederado para oprimir esta desgraciada república”. Y añadió el Obispo citado: “Carestía de la subsistencia, atraso de la agricultura, amargo malestar, reclamos de potencias extranjeras, epidemias, terremotos, silencio sepulcral de la prensa, erario exhausto, agio, justicia envilecida, garantías violadas, robos, asesinatos, odios, ciudadanos expulsados, etc., ... ’” Tal discurso merece ser grabado para que sea repetido cada vez que la Patria, como ahora, sufra las mismas penas y calamidades.

Apoyado en la nueva Constitución, el Congreso eligió a José Tadeo para completar el período con dos años más en el ejercicio de la presidencia, es decir, hasta 1861. Era ya obvia, para todos los ciudadanos, la pretensión de Monagas de eternizarse en el poder. ¡Otro mal que se hizo repetitivo! Sin embargo, la pésima situación política del país, una fuerte depresión económica mundial, el descarado nepotismo (Monagas nombró Vicepresidente a su hijo político Francisco Oriach), la supuesta entrega de Guayana a los ingleses fueron, entre otros, factores que alimentaban la insurrección. Ante la evidencia del movimiento que se gestaba y la aceptación del gral. Julián Castro --el mismo que participó en la Revolución de las Reformas para derrocar a Vargas y quien lo apresó-- para comandar la que se llamó “Revolución de Marzo”, Monagas, después de que 10 días antes, el 5 de marzo, aquél se hubo alzado en Valencia y viéndose perdido al constatar que sus seguidores lo habían abandonado, decidió asilarse en la Legación francesa el 15 de marzo de 1858. Comenta al respecto Arraiz Lucca:

“Es sorprendente la manera expedita como fue obligado a abandonar el poder. Ello prueba que aquel ‘hombre fuerte’ no lo era tanto, y que la trama de poder que había tejido en su respaldo no funcionó, ya que se vino abajo en una semana, como un castillo de arena. Todo indica que su mismo personalismo le condujo a perder el apoyo de sus seguidores. Había llegado muy lejos en sus pretensiones hegemónicas y de permanencia en el poder. La reforma constitucional a su favor dejaba desnudas sus aspiraciones de eternizarse al mando de la República, y la alternabilidad había sido norma consagrada, y respetada, desde la Constitución Nacional de 1830.” Como lo observará el propio lector, nada es nuevo bajo el sol de nuestro país.

José Gregorio Monagas fue apresado y destinado al Castillo de San Carlos en el Zulia pero, enfermo con cáncer, falleció al poco tiempo. El fracaso del partido liberal fue inmenso; los gobiernos de los Monagas “habían enfurecido a espíritus dormidos que desenterraron el hacha de la guerra. Venezuela estaba a punto de sumergirse en un pleito largo, del que emergió destruída”. Esta cita de Rafael Arráiz Lucca llama a que todos los venezolanos, a la luz de nuestra historia, reflexionemos profundamente sobre nuestro presente.

El Congreso designó un gobierno provisiorio que integraron Pedro Gual, Manuel Quintero y Manuel Echandía, pero a los dos días se produjo la entrada en Caracas del gral. Julián Castro, a quien el Congreso declaró Presidente provisional, lo que después ratificó una Convención Nacional instalada en la ciudad de Valencia, que había sido declarada capital provisional, el 5 de julio de 1858. La Convención la presidió Fermín Toro.

El gabinete que designó Castro fue de signo conservador y dejó de lado a liberales que también habían apoyado la salida de Monagas. Este gobierno conservador tuvo severos conflictos diplomáticos por el asilo de Monagas y actuó contra los jefes liberales, al punto de que casi al iniciar su gestión ya había expulsado del país a varios de ellos, como Zamora, Falcón y Guzmán, lo que iba a encender de nuevo la subversión, pero que esta vez se convrrtiría en guerra.

La Convención de Valencia aprobó una nueva Constitución, la de 1858, quinta de Venezuela, promulgada el 31 de diciembre de ese año. Ese texto estableció el voto directo aunque no universal para eligir Presidente, diputados y gobernadores, lo que significó un primer intento constitucional de descentralización del poder en Venezuela. También reestableció el período de cuatro años, la no reelección inmediata y proscribió el nepotismo.

viernes, 5 de noviembre de 2010

NUESTRA RESPONSABILIDAD COMO CIUDADANOS VENEZOLANOS

En el presente de nuestra Patria, lo sabemos, vivimos tiempos difíciles de crisis de fe, de valores y de principios. Es entonces cuando más necesario es sembrar, en las conciencias de nuestros conciudadanos, indispensables ideas de permanencia de los valores, así como las de defender sus convicciones. Cada uno de nosotros, ciudadanos, tiene la indeclinable responsabilidad de ayudar a formar a los demás, para que sean agentes efectivos de la defensa de las instituciones y de la democracia.
Quizás lo primero que debemos hacer es ayudar a instruir a todos en el contenido y significado real de esa palabra “democracia”. Ciertamente, cuando se habla de “democracia” se hace referencia a un sistema político de organización y funcionamiento de una sociedad general de personas, o Nación, establecida en un determinado territorio y orientada por un tipo de estructura llamada Estado. Pero más allá de ello, democracia es una actitud de vida según la cual, todos y cada uno de los miembros de la sociedad general, o ciudadanos, tiene el compromiso de participar activamente en el logro del Bien Común General que resulta de una Obra Común, de cuya edificación todos tienen su cuota de responsabilidad y de cuyos frutos les corresponde, a cada cual, su cuota de beneficios.
Para hacer algo más concreta la idea, acudamos a ejemplos corrientes de la vida común: sea el tráfico, para el caso. Todos nos quejamos y padecemos del trafico en las ciudades. El caso particular de Caracas significa una situación límite. Cada venezolano debe sentirse responsable de contribuir a superar esas situaciones: responsable de enseñar, de educar a quienes no respetan las normas o pautas establecidas en esa materia de tráfico y en todas las demás de la vida colectiva.
Propongamos un ejemplo para ilustrar: Hace algunas décadas –cuando vivíamos en democracia y éramos felices sin darnos cuenta- el Ministerio de Transporte instrumentó “el día de parada”. Cada vehículo, según su número terminal de “placa”, debía abstenerse de circular en horas determinadas del día correspondiente. Pero la medida no fue impuesta de manera obligatoria, sino que se explicó a la población su conveniencia para todos (Bien Común General) y se incitó a las personas a que, voluntariamente, no usaran sus vehículos durante las horas definidas de esos días. Menos vehículos en circulación atenúa el tráfico en beneficio de todos con el esfuerzo también de todos: cada cual asume su cuota de responsabilidad y recibe sus beneficios. Ello es uno de innumerables ejemplos de democracia como actitud de vida.
Pues bien, como Venezuela era otra -y no estábamos en el caos presente- cuando algunas personas sacaban sus carros a la calle en sus “días de parada”, la mayoría de quienes circulaban en el tráfico, con respeto de la norma propuesta, les llamaba la atención y les incitaban a colaborar a favor del bien de todos. Es indispensable volver a ello: en el semáforo que casi todos violan, sea en autos o en motos y muchas veces ante la mirada pasiva de fiscales y vigilantes de tránsito; en las intersecciones de avenidas y calles (con o sin semáforos), en la que los vehículos invaden el centro de la intersección e impiden que quienes circulan por las vías perpendiculares puedan moverse; cuando irresponsablemente los peatones atraviesan las calles por cualquier parte donde les provoque. En las largas “colas”, en las que se hace natural ver que se circula por los “hombrillos”, actos de histórico “pájaro-bravismo” cuya peor y más odiosa expresión ocurre en las carreteras.
Por supuesto, no es sólo cuestión del tráfico: en todas las actividades de la vida en nuestra sociedad ocurren hechos similares ¿No le ha ocurrido a Ud, lector, cuando va, digamos a una panadería. Usted entra, quizás hasta saluda, y pide respetuosamente “una canilla, por favor”. Pero al lado suyo surge un prepotente pájaro bravo que, con el tono malandroso de “ese” quien no cesa de hablar, le dice al dependiente golpeando el mostrador: “una canilla ahí y ya”. O en la cola del Banco, en la que Ud. tiene ya tiempo, pero algún “anciano” de menos de 40 años, en la cola de la tercera edad, se acerca al cajero y “mete” sus documentos. ¡Y es raro que alguna persona proteste! ¡Hay que aprender a protestar! ¡Hay que defender los propios derechos y los ajenos! ¡A mayor desarrollo de un pueblo más se protesta en esa defensa!
Si no nos educamos para defendernos en esos casos, menos lo haremos para repudiar fraudes; violencias de todo género; expropiaciones; robos y crímenes de todo tipo. Tenemos que ayudar a nuestro pueblo a mirarse a sí mismo, pues, como lo escribió, en su “Mensaje sin Destino”, Don Mario Briceño Iragorry: “ya que él es historia viva que reclama voces que le faciliten su genuina expresión”.
Venezolanos: ¡a protestar cuando pisoteen tus derechos!

jueves, 14 de octubre de 2010

MENSAJE DE CHILE

La hazaña que ha significado el rescate de los mineros chilenos, sumidos en el desierto de Atacama a más de seiscientos metros de profundidad, es portadora de numerosos mensajes al mundo, a todo Latinoamérica y a nuestra Patria venezolana.

Al mundo le recuerda que las acciones del ser humano adquieren mayor significado y eficacia cuando están fundadas en Valores, como los de solidaridad, generosidad y amor al prójimo. Es que cuando el acto del hombre no busca homenajes al propio ego, se hace amable, solidario y generoso. En cambio, cuando se realiza en función del ego, desaparece lo solidario, prevalecen el aprovechamiento y la envidia y se engendran rivalidades y odios.

A todos los pueblos latinoamericanos nos dice que nuestro subdesarrollo si es superable, porque resulta de nuestra estolidez que hace que nos creamos incompetentes e incapaces; de nuestra subestima que nos hace sentirnos inferiores a otros pueblos e imposibilitados de alcanzar logros y metas como los suyos; y de nuestra superficialidad que nos impide asomarnos, siquiera, a las profundidades de nuestras propias existencias y dejar que todo pase y nada quede como frutos de nuestras vidas.

Y a nosotros, venezolanos, en estos momentos tan cruciales para conservar nuestra existencia como pueblo libre, nos exige y aconseja: 1°. Tener presente y realizar que la libertad externa o libertad de independencia, se conquista en el seno de la Sociedad mediante actos solidarios y desinteresados de los miembros de ésta, llamados ciudadanos; 2°. Que la unidad sincera --no aquélla en la cual cada ciudadano o grupo de ellos busca satisfacer sus propios intereses y alcanzar particulares beneficios-- sólo brota del amor al prójimo, de la solidaridad con el próximo, así como de la indispensable unidad sincera y generosa y, que sin esta unidad, toda acción, por eficaz y apropiada que parezca, resulta en fracaso, frustración y conflicto.

A todos los pueblos de la Tierra, el compromiso y la respuesta activa que el gobierno chileno mostró en este caso, enseñan que la verdad; la transparencia en la realización de los actos; así como el trato sencillo, cordial y respetuoso de los gobernantes hacia los gobernados, son verdaderas demostraciones de conducción democrática y honesta de los gobiernos en beneficio de los pueblos.

El Presidente de Chile, Sebastián Piñera, no es político de oficio, sino empresario competente y, por tanto, exitoso. El Presidente Piñera demostró sinceridad, preocupación y gran interés por la suerte de los mineros y personas afectadas por la grave situación vivida en Chile. Nos dio cierta envidia al comparar sus actos, palabras y gestos, con los muy lamentables y vergonzosos del personaje que, para infortunio de la Patria, está aún al frente nosotros.

Por su naturaleza, los problemas de la conducción de los países están muy ligados a los de las empresas, pues la mayor parte de ellos son de naturaleza semejante. Debemos los venezolanos eliminar de nuestras cabezas la idea que sólo políticos “de oficio” (aquellos de quienes decía Enmanuel Mounier, “qui font de la politique un metier”) deban ser quienes nos gobiernen. En esta hora crucial y definitiva del futuro inmediato de nuestro, país debemos contar con sus mejores mujeres y hombres, capaces y desprendidos de egoístas intenciones. Sólo así podremos conquistar el futuro.

www.paulbello.blogspot.com

viernes, 1 de octubre de 2010

EL 26 DESETIEMBRE

Para reposo de todo el ajetreo electoral y sus tensiones y para contento por un éxito comprobado pero chucuto, ya superamos los venezolanos la fecha del 26S, con el previsto evento que ese día marcaba.

El hecho electoral es, fundamentalmente, un caso de participación política, concepto que incluye aspectos que van desde la simple manifestación de opiniones hasta el ejercer influencias determinantes como tomas de decisiones fundamentales sobre el Estado. El hecho electoral es una forma de participación política esencial en el ideario democrático, pero presupone que los ciudadanos conozcan y sigan el continuo desarrollo de los acontecimientos que atañen a la vida pública y que, al mismo tiempo, sean capaces de realizar elecciones acertadas entre las diversas alternativas que presentan los grupos políticos activos en el debate electoral. Esto, infortunadamente, es sólo aplicable a una muy reducida minoría de la población pues, aunque su totalidad es, teóricamente, capaz de decidir, una gran proporción de ella está mucho más informada --e interesada-- sobre múltiples otros acontecimientos de la vida cotidiana como, cual ejemplos, los deportivos, la moda, la farándula o tantas otras expresiones que, normalmente, son parte del menú de la vida colectiva.

No es fácil, por tanto, para ese sector mayoritario de los ciudadanos, el llegar a tocar un fondo que les podría explicar muchas de las eventualidades y cambios políticos que, de manera constante, aparecen y desaparecen en tan cambiantes escenarios, como los son los de la realidad política de cualquier Nación.

En tal sentido, pareciera que el “despiste” de los venezolanos corresponde a proporciones entre las mayores. En los recientes días de esta semana, ha circulado por internet una explicación muy adecuada del mecanismo conocido como “salamandra” y, en inglés, como “gerrymandering”, nombre compuesto del apellido de su iniciador, el Gobernador, en 1812, del Estado de Massachussets Elbridge Gerry, y de salamandra, que se conoce como "salamander" en el mismo idioma. En efecto, el Gobernador Gerry diseñó un sistema de redistribución de los circuitos electorales de su Estado, de manera de favorecer los candidatos del hoy desaparecido Partido Demócrata Republicano de Thomas Jefferson, ésto mediante la modificación de los circuitos entonces existentes, para crear otros que agruparan poblados que apoyaran dicho partido, de manera que, así, sus candidatos ganaran las elecciones. Las extrañas formas irregulares de los circuitos determinados recordaban figuras de animales, entre ellos la salamandra y, de allí, el derivado nombre.

Pero lo que sorprende no es la vieja maniobra del político norteamericano de inicios del siglo XIX, sino el hecho de que aquí, en Venezuela, el 31 de julio de 2009, la Asamblea Nacional (irrita por haber sido elegida sólo por un 10% de la población), reformó la Ley Orgánica del Poder Electoral para introducir en ella el mecanismo de la “salamandra”, con el fin de reducir el número de diputados que, de las listas de la oposición, pudieran ser elegidos por el pueblo venezolano aun cuando votasen por ellos. De manera que, para el pasado 26 de setiembre, la reforma de dicha Ley tenía un año y casi dos meses de aprobada y los venezolanos, en gran mayoría, ignoraban dicha realidad.

Poco después de aprobada dicha reforma de la Ley referida, se alzaron algunas voces opositoras, así como, en el seno de la Asamblea, lo hicieron representantes de los grupos parlamentarios opuestos al régimen. Pero esto no lo protestó ni rechazó como debía haber sido “la leal oposición a su majestad”. La Sra. Cilia Flores, quien ha fungido de presidente del actual parlamento venezolano, al rechazar que dicha reforma significara contradecir la norma constitucional que impone la representación de las minorías, manifestó, con su tradicionales cinismo y desprecio a la inteligencia de los venezolanos, que “la Ley hace referencia es a las minorías, como los indígenas y otros sectores, nunca los partidos políticos”.

Permítaseme que haga dos señalamientos en relación con el rol que debemos cumplir los ciudadanos venezolanos en nuestra vida política: 1°. Tratar de informar, de la mayor, más amplia y clara manera posible, a los ciudadanos venezolanos próximos o no, de los aspectos y detalles más importantes de nuestra realidad política; y 2° Reclamar, con insistencia constante, a la dirigencia política opositora, el que se ciña y atenga a una racionalización y ejecución moral de la vida política, en vez de privilegiar particulares y mezquinos intereses. Lo expreso así porque tengo la convicción de que el silenciar lo de la “salamandra” no fue obra de error u olvido alguno, sino cálculo cuidadoso de algo que conduciría, necesariamente, a una forma perversa de bipartidismo, por excluyente de valiosas minorías en desarrollo y expansión. Pongo como ejemplo un solo caso, entre muchos citables: el del gobernador Falcón y el PPT que fueron, prácticamente, pulverizados y desaparecidos en el Estado Lara, pese al logro de más de un 20% de la votación popular en ese Estado.

martes, 17 de agosto de 2010

LOS ÚLTIMOS ONCE AÑOS

Los últimos once años de la vida venezolana, que sin dramatismo alguno bien podemos llamar trágicos, no resultan de alguna mala jugarreta del azar y menos de fuentes de la inventiva humana como lo son el destino o la mala fortuna. No. El ascenso de Hugo Chávez al poder en Venezuela, así como el del grupo de personas que le acompañó desde el primer día y las que han persistido en hacerlo sin seguir las huellas de muchos otros que, en gran número, le han venido dejando, tiene explicación en razones que son hechos y acontecimientos de nuestra historia reciente y de la historia antigua de la Nación, de los cuales la Ciencia Política puede dar cuenta con explicaciones muy bien fundadas.
El “chavismo”, en efecto, no es sino la peor y más reciente expresión, en nuestro país, de ese fenómeno social, político y económico que es el populismo en su particular expresión latinoamericana, pero tiene raíces muy profundas. Hace algunos años, para darle apoyo docente a una cátedra que dictaba en la Universidad Simón Bolívar, escribí un ensayo que titulé “El Populismo Latinoamericano”. Lo hice como trabajo del año sabático que disfruté durante 1992 y la División de Ciencias Sociales de la USB decidió publicarlo, saliendo a la luz pública en 1996 . Pero, desde que el señor Hugo Chávez ganó las elecciones en diciembre de 1998, comencé a pensar que en esa obra me había faltado un capítulo que, desde luego, no podía haber escrito puesto que no se habían producido los hechos cuyo análisis e interpretación pudiera haber recogido para escribirlo. No obstante, en el mismo trabajo y en la parte donde, siguiendo a Torcuato di Tella, establezco una clasificación de los tipos de populismo latinoamericano, quedó abierta la variante del modelo “castrista” . Esto es, la orientación iniciada por el régimen que Fidel Castro estableció en Cuba luego de haber provocado la caída de Fulgencio Batista el primero de enero de 1959 y que, de alguna manera, inspiró posteriormente, en Nicaragua, el ensayo del llamado “sandinista” gobierno revolucionario de Daniel Ortega. En esta misma casilla, con los ajustes relativos a las diferencias que existen con el régimen cubano de Fidel Castro y con la experiencia “sandinista” de Nicaragua, puede ser clasificado el intento que, “por ahora”, ha tratado de implantar el gobierno de Hugo Chávez Frías, como ensayo con finalidades totalitarias establecido a partir de procedimientos e instituciones democráticas, pero con posibilidades cada vez más difíciles para mantener tal coexistencia entre tan contradictorias orientaciones.
El Populismo en su modo latinoamericano es un fenómeno propio de América Latina. Fueron los conjuntos de determinaciones que han estado presentes en el Continente, sea en los antecedentes y en la estructuración histórica de sus Sociedades Nacionales como en su evolución política, económica y social, los factores que, a manera de causas raigales, están en la base de las manifestaciones populistas los cuales, con expresiones variadas pero con características comunes, han tenido lugar, en la mayoría de nuestros países, durante las décadas primeras e intermedias del siglo XX, sin que esto quiera decir que son ya cosa del pasado, sino que, antes por el contrario, mantienen una permanencia que significa pesado lastre para la marcha de estos pueblos hacia un desarrollo global, armónico y sostenido.
Requerido por la obligada necesidad de sintetizar que la brevedad impone, me voy a limitar a enumerar, a título ilustrativo pero no exhaustivo, algunas de dichas causas que han actuado como determinantes, si bien sabemos que sólo son condicionantes, si es que de verdad creemos en la libertad del ser humano.
ANTECEDENTES.

1) Marco general de la Sociedad hasta el siglo XIX y comienzos del siglo XX.

• Somos resultado físico geográfico y social del proceso de Conquista y Colonización ibéricos: La finalidad primera de la Conquista fue la dominación de los territorios para su explotación y no para su población. La consecuencia fue ocupación indiscriminada e irracional de vastas superficies de tierras continentales que, desde los puntos de vista económico, administrativo y político, quedaron separadas y casi aisladas entre ellas y, además, volcadas hacia lo externo con vocación centrífuga y no centrípeta.
• Somos resultado antropológico-social del mestizaje étnico y cultural que derivó de la Conquista y Colonización. En líneas generales y con las particularidades de cada territorio y de cada pueblo, somos el resultado humano de la confluencia de tres grandes vertientes principales, cada una de las cuales aportó sus propias y heterogéneas características humanas y culturales: la aborigen, la europea principalmente ibérica y la africana.
• Somos resultado político-institucional de la implantación de formas de organización institucionales y administrativas que decidieron los colonizadores. A raíz de la Independencia, les superpusimos modelos institucionales de inspiración liberal ajenos a nuestra realidad. A pesar de que no tuvieron lugar entre nosotros los cambios que en el mundo más avanzado condujeron a la emergencia de las masas, imitamos formas políticas que no eran congruentes con la diferente manifestación de dicho fenómeno en estas tierras.
• Somos resultado socioeconómico de relaciones externas e internas implantadas desde la Conquista como relaciones de dependencia, renovadas luego de la Revolución Industrial y después de la expansión del capitalismo industrial y financiero, pero sin modificación de su contenido central. Tales relaciones han determinado para nuestros países un rol de subordinación a los países industriales y consecuente emergencia de fenómenos que han revestido particulares características entre nosotros tales como: la urbanización, la industrialización, la marginalidad, el estancamiento, el atraso tecnológico, la baja productividad, la desnacionalización, la deuda.
• La forma pre-estatal Oligárquico-liberal que, en general, se estableció como modelo político después de la Independencia, conservó estructuras de poder que mantuvieron las formas del privilegio social, económico, cultural y político heredadas de la Colonia; las primitivas relaciones de producción de tipo análogo al feudal; y la organización precaria de un Estado en formación sobre la base del autoritarismo y del individualismo inherentes a la dominación patrimonial.
• Tal formación pre-estatal se caracterizó por el predominio de una oligarquía constituida por lo que quedó de la casta de los blancos criollos propietarios de las tierras agrícolas o comerciantes de los productos de exportación, más los militares de alto rango victoriosos de la guerra independentista. Generalmente, el poder nacional era la expresión político-administrativa de poderosas oligarquías regionales, origen del caciquismo-coronelismo-caudillismo propios del siglo XIX y comienzos del siglo XX.
• Como las formas estatales ideadas por los libertadores se inspiraban en el pensamiento político europeo y norteamericano del fines del siglo XVIII, nuestras formas políticas fueron simples copias de modelos que, al término de un dilatado proceso de evolución histórica que duró varios siglos, habían sido concebidas para otras realidades y para otros tiempos. Implantadas en nuestro medio sin cuidar de sus incongruencias e incompatibilidades con las existentes tradicionales estructuras de dominación patrimonial de corte feudal, fueron, en buena parte, causa de esas interminables luchas intestinas por el poder y, al mismo tiempo, reforzaron las relaciones externas de dependencia y satelización.

2) Características de la población.

El pueblo venezolano, como todos los pueblos latinoamericanos, es resultado específico de la confluencia de las tres vertientes étnicas y culturales que, de manera principal, concurrieron en su formación. Desde luego, esas denominaciones supone un resumen y una gran simplificación, pues detrás de cada una se disimulan mundos de pluralidad irreductibles a una caracterización común. Decía Octavio Paz refiriéndose a México, en afirmación que es válida para todo Hispanoamérica, que en lugar de concebir la historia como un continúo lineal deberíamos verla como una yuxtaposición de sociedades distintas. Lo importante es recalcar que las tres vertientes étnicas, fuentes originarias del ser y de la cultura del subcontinente latinoamericano, se caracterizan por ser desarraigadas respecto a la realidad que constituye su entorno y que ese desarraigo , de alguna manera, está en el origen de la falta de identificación, la sensación de provisionalidad y la inseguridad que exhiben casi todos nuestros pueblos, como lo que ha de sentir quien no tiene algo propio, algo que sienta suyo y sobre lo cual pueda afirmarse con buena base para poder proyectarse hacia el futuro. En cuanto a los productos comunes de esas etnias, los mestizos, nada mejor que retomar la palabra de Octavio Paz: “no tenían lugar ni en la estructura social ni en el orden moral. Frente a dos morales tradicionales –la hispana fundada en la honra y la india fundada en el carácter sacrosanto de la familia- el mestizo era la imagen viva de la ilegitimidad. Del sentimiento de ilegitimidad brotaban su inseguridad, su perpetua inestabilidad, su ir y venir de un extremo al otro: del valor al pánico, de la exaltación a la apatía, de la lealtad a la traición. Caín y Abel en una misma alma, el resentimiento del mestizo lo llevaba al nihilismo moral y a la abnegación; a burlarse de todo y al fatalismo; al chiste y a la melancolía; al lirismo y al estoicismo” .

Por otra parte, las fuentes aborigen y africana aportaron a nuestros pueblos una concepción del tiempo que es diferente a la occidental. Una concepción cíclica y geocéntrica del tiempo que se opone a la concepción rectilínea y antropocéntrica de las civilizaciones más racionalistas. Decía Rafael Ernesto Carías que el latinoamericano “con la dejadez se ha puesto a distancia del tiempo y no le quiere dar la cara” . Otro elemento es la actitud ante el trabajo. Los indígenas y los africanos reaccionaron frente al trabajo obligado y esclavo que les impusieron los conquistadores y colonizadores. El doctor Arturo Uslar Pietri recordaba que los encomenderos no lograban hacer trabajar a los indígenas: rechazaban hacerlo sin poder entender algo que era tan normal para la mentalidad europea: “no comprendían el trabajo, tenían otra noción del tiempo, carecían del concepto de riqueza a la europea y era difícil o imposible someterlos a un horario de labor” . Por último, el elemento del poder y los mecanismos de reciprocidad propios de culturas de tribu y clanes, en las que predominaba el sistema de relaciones de parentesco. Es conocido el complicado proceso de “pruebas” al que debía someterse el aspirante a jefe o cacique de una tribu indígena. Salir exitoso de tales pruebas significaba tener las virtudes para mandar. Pero mandar, básicamente, quería decir distribuir. El excedente acumulado del trabajo común de las familias era distribuido por el jefe o cacique quien tenía esa potestad.

Con tales antecedentes, con una realidad social tan compleja y poco integrada y, en todos los sentidos tan diversificada, en medio de permanente guerra social entre estamentos irreconciliables que, entre nosotros se inició --sin solución de continuidad— desde mediados del siglo XVI, el resultado fue una nueva forma de feudalismo que caracterizó la Venezuela del siglo XIX, hecho facilitado porque la España apenas feudal (que sólo vivió menos de tres siglos de feudalismo entre la dominación visigoda y la dominación musulmana vencida en enero de 1492, año del Descubrimiento) sembró entre nosotros elementos feudales como la Encomienda y los Repartimientos, pero que, dada la ya comprobada pobreza de nuestro territorio, poco se interesó en él. De allí que los avances de la modernidad apenas fueran conocidos por el sector social privilegiado y en casi nada se tradujeron como progresos sea en la cultura o en el derecho.

Y así llegamos al siglo XX, cuando un “primo inter pares”, que eso eran nuestros presidentes, llamado Juan Vicente Gómez, acabó con éstos, llamados caudillos, y fundó nuestro Estado Moderno… Y no por Gómez, sino con él, llegó el petróleo. Y todo cambió, para bien y para mal, como bien lo sabemos.

jueves, 28 de enero de 2010

SE FUE EL AGONISTÉS

Miguel de Unamuno decía que el Cristianismo, más que doctrina, en lo histórico ha sido vida, ha sido lucha, ha sido agonía: “La Cristiandad fue el culto a un Dios Hombre que nace, padece, agoniza, muere y resucita de entre los muertos para transmitir su agonía a sus creyentes”.

Agonía es mucho más que el trance humano cuyo término o desenlace es la muerte. El mismo fonema, significó en el griego antiguo lucha, combate y todo arte similar. El luchador, el combatiente, era “agonistés”; y el guía, el conductor “agogós”. El parentesco fonético de ambos vocablos revela que la misión del verdadero “líder” o conductor político es permanente lucha sin descanso, agonía.

Decía Rafael Caldera que el Creador cuando, más allá de todo tiempo y espacio, decidió crearlo, no le incluyó el descanso. Era cierto. Su misión de conductor, de guía, fue agónica. Alguna vez, esa extraordinaria mujer venezolana que es su esposa Alicia Pietri, como hablando consigo misma, se preguntaba por el “hasta cuando” de esa lucha. La respuesta del “agogós-agonistés” fue: “hasta la muerte”.

La lucha de Caldera fue franca, honesta, leal, comprometida con los valores que recibió de su Fe. Jamás dosificó su entrega ni economizó sus sacrificios. Jamás calculó beneficios. Nunca pasaron por su mente limpia aspiraciones de honores, riquezas y todo eso que suele traducirse como “beneficios del poder”. Ejemplificó con su vida aquello que como Política definió el Papa Pio XII: “la más alta expresión de la caridad (amor) después del sacerdocio”.

Después de los duros avatares por la defensa de sus convicciones en el combate universitario, su ejemplar renuncia a la Procuraduría General de la República, que aceptó a raíz del 18 de octubre de 1945, fue ejemplo de conducta según recta conciencia. Más cómodo se hubiese entendido el callar y permanecer.

Fundado Copei, en 1946, entre mis primeros recuerdos, lo veo bajo una mesa –suerte de escudo para un diluvio de piedras- en el primer mitin en Caracas, en junio de ese año, realizado en el Nuevo Circo. Desde entonces guió y orientó cada vez más venezolanos que se agruparon bajo banderas de ideales socialcristianos. El partido Copei fue obra de Caldera, no porque lo fundó sino porque lo orientó según su recta conducta personal. Ciertamente, algunas veces –aunque siempre respetado- sus propósitos no fueron entendidos. En tales casos, no los imponía sino trataba de convencer. A la postre, la validez y conveniencia de sus juicios solía hacerse evidente.

Algunos discreparon de la decisión democrática de no apoyar ni participar con la usurpación militar de 1948. ¡El sí de un ambicioso, que buenos dividendos no hubiese producido! Lo mismo fue, en 1952, cuando el fraude electoral de la elección de Congreso Constituyente. Luego, derrocada la dictadura, muchos no entendieron -algunos no la han entendido todavía- la fundamental importancia del Pacto de Puntofijo y, luego, de la coalición que formó gobierno con Rómulo Betancourt. Después, no pocos militantes y dirigentes del partido no alcanzaron a ver que era necesario dejar la anterior alianza, para asumir autonomía de acción, pero Caldera no impuso su punto de vista, sino que, con un profundo discurso, convenció a la Convención copeyana reunida en el Teatro Municipal de Caracas.

Sus detractores -que nunca faltan- ante sus seis candidaturas presidenciales, lo juzgaron como obsesionado. Nunca se detuvieron a pesar sus razones: en 1947, de 31 años de edad, fue candidato simbólico frente a don Rómulo Gallegos; es muy posible que Copei, que no tenía un año de fundado, sin esa candidatura le hubiese sido difícil crecer, pues al año siguiente Gallegos fue derrocado y Venezuela hubo de vivir casi diez años para recuperar la democracia. Alcanzada de nuevo ésta, en 1958, la candidatura volvió a ser simbólica: era evidente la imposibilidad de superar a Betancourt y Larrazábal. En 1963 pudo haber oportunidades, pero las candidaturas de Arturo Uslar y de Larrazábal dividieron los votos opositores, casi en tres partes iguales. En 1968 fue la primera oportunidad verdadera, facilitada por la división de AD y la candidatura de Prieto. En 1983, la candidatura copeyana frente a Lusinchi, candidato de un Acción Democrática reintegrado y después del llamado “viernes negro”, tuvo cómo único propósito sumar votos al partido, cuyo mayor número dependía de si era o no Caldera el candidato, lo que evitó una catástrofe electoral para Copei. En 1988 perdió la elección interna, pero tengo la convicción de que el único político que hubiese podido vencer a Carlos Andrés Pérez era él.

Finalmente, la de 1993, cuando venció, fue su reacción personal ante lo que se vislumbraba en aquel presente y para el futuro de Venezuela. Soy testigo de excepción sobre su rechazo humano, sobre su sacrificio personal, así como el de su esposa y toda su familia, ante esa postulación. Como lo había ofrecido, en sus manos no se perdió la República. Muy difíc y agotador fue ese encargo: la crisis era, y es hoy, mucho más profunda que cualesquiera crisis política o económica: era y es la crisis de nuestro modelo de Estado agotado en su totalidad; era y es la crisis de valores y de integración ciudadana de los venezolanos. Es la crisis de la conciencia recta, de la solidaridad, de la amistad cívica, de la vocación de servicio, de la responsabilidad.

Pero la dimensión humana e intelectual de Rafael Caldera no se limitó al ámbito –para él principalísimo- de su Patria, sino que trascendió al mundo. Promotor, entre los fundametales, del desarrollo de la Democracia Cristiana como movimiento político en América Latina, Caldera era reconocido en todos los Continentes. Hecho sin antecedentes fue la invitación que le hiciera el inolvidable Papa Juan Pablo II para que, en el Aula del Sínodo de los Obispos, en el Vaticano, el 24 de marzo de 1987, fuera orador único ante los miembros del Colegio Cardenalicio de la Iglesia Católica, para pronunciar el discurso de orden en el Acto presidido por el Papa, Conmemorativo de los veinte años de la Encíclica “Populorum Progressio” del Papa Paulo VI, hecho sin precedentes en la historia de la Iglesia como participación de un seglar. Sólo Jacques Maritain, el gran filósofo católico francés, había participado, por invitación de S.S. PauloVI, en un acto realizado cuando terminó el Concilio Vaticano II, para que pronunciara el “Mensaje del Concilio para los Hombres de Pensamiento y de Ciencia”.

Caldera, el Agonistés, por fin descansó al amanecer del día en cuya medianoche el mundo cristiano, encabezado por la Iglesia que fundó el Redentor, conmemora con espíritu alegre la llegada del Reino de Salvación. Nos dejó a todos los venezolanos un hermoso mensaje de despedida que resume su modo de ser y de amar:

“Llamado por Dios a dejar este mundo, como es destino de todo ser humano, deseo para mi Patria aquello por lo que tanto he luchado.

Quiero que Venezuela pueda vivir en libertad, con una democracia verdadera donde se respeten los derechos humanos, donde la justicia social sea camino de progreso. Sobre todo, donde podamos vivir en paz, sin antagonismos que rompan la concordia entre hermanos.

Procuré tener el corazón cerca del pueblo y me acompañó el afecto de mucha gente.

He tenido adversarios políticos; ninguno fue para mí un enemigo.

He intentado actuar con justicia y rectitud, conforme a mi conciencia. Si a alguien he vulnerado en su derecho, ha sido de manera involuntaria.

Asumo con responsabilidad mis acciones y mis omisiones y pido perdón a todo aquél a quien haya causado daño.

Me voy de este mundo en la fe de mis padres, la fe de la Santa Iglesia Católica. Creo en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo; creo en Jesucristo, Nuestro Señor, Dios y hombre verdadero. Creo en el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, la vida eterna.

A la Santísima Vírgen, nuestra Madre, acudo ahora, como tantas veces a lo largo de los años: ruega por nosotros, pecadores, en la hora de nuestra muerte.

Pido a mis hijos especialmente que cuiden a Alicia, aquejada por una grave pérdida de memoria que le impide valerse por si misma.

Dios bendiga a Venezuela y nos abra el camino del desarrollo en libertad, justicia y paz.”

Rafael Caldera-