lunes, 30 de diciembre de 2013
EL DIÁLOGO FRANCO Y VERDADERO.
Pedro Paúl Bello.
(www.paulbello.blogspot.com)
Johannes Tauler (en castellano Juan Taulero), nacido en Estrasburgo hacia el 1300, fue un notable y profundo teólogo dominico discípulo de Eckhart. Nadie, dijo, “se impregna mejor del sentido de la verdadera distinción como quien ha entrado en la unidad”…“igualmente nadie conoce verdaderamente la unidad si ignora la distinción.”
Jacques Maritain recoge esas expresiones en una de sus obras más importantes y la complementa explicando que “todo esfuerzo de síntesis metafísica, particularmente si tiene como objeto las complejas riquezas del conocimiento y del espíritu, debe pues distinguir para unir.”
Ambas expresiones, la de Tauler y la de Maritain, que desde luego se presentan en un terreno radicalmente distinto de lo que en este escrito estoy tratando, que no es el de la metafísica, no por ello deja de ser pertinente si uno se detiene en la propia expresión de Tauler y de Maritain y no en la profundidad misma de lo que expresaron.
En efecto, lo expresado por Tauler puede simplificarse en estos términos: quien entre en la unidad se impregna del sentido de la verdadera distinción y nadie conoce en verdad la unidad si ignora la distinción. Y, por su parte, añade Maritain: Hay que distinguir para unir.
Descendamos ahora de los altos vuelos de la razón y parémonos en el suelo de nuestra Nación. Vamos a otear en nuestra historia republicana, comenzando por la Cuarta República que no fue, como equivocadamente siempre se dice, la de Rómulo Betancourt en 1959 sino la de José Antonio Páez en 1830, y viajemos con la mente y el recuerdo histórico esos 183 años que nos separan de esa verdadera Cuarta República, para constatar historia en mano, si el presente que vivimos los venezolanos en estos ya demasiado largos años de “socialismo del siglo XX”, no es el peor uno de los peores momentos de esta Patria calificada como “bendita tierra de gracia.”
Los gobiernos de la IV República: dos de Páez; dos de Soublette; y el lamentable del Doctor Vargas, que atropellado por el cínico Carujo hubo, después de haber regresado al mando por gestión de Páez, retirarse definitivamente de toda opción política. En 1846 terminó esa primera etapa republicana, llamada de la Oligarquía Conservadora. La segunda etapa, entre 1847 y 1858, llamada de la Oligarquía Liberal fue catastrófica: Con la Presidencia asumida por José Tadeo Monagas, se inició en Venezuela la fatal práctica del abuso de los mandatarios. Entre otras cosas, recordemos que Monagas asaltó al Congreso e inició el estilo violento y perverso propio de otros posteriores gobiernos. Es suya esa frase “la Constitución sirve para todo”. Frente a esos atropellos, Páez se alzó en Apure, pero fue derrotado y apresado vejatoriamente, haciéndolo recorrer las calles de Valencia. Sentenciado a muerte, al final Monagas lo dejó salir de Venezuela. Monagas designo Presidente a su hermano José Gregorio, pero después hubo muchos conflictos qye terminaron con el poder de los Monagas cuando se alzó el Gral. Julián Castro (uno de los actores del golpe contra Vargas) en 1858.
La Guerra Federal surgió, entonces, como resultado de específicos intereses políticos y económicos que enfrentaron a conservadores y federalistas y de la frustración de un gran sector de población desprovista de toda suerte de riquezas y privilegios, con el agravante de que, al desamparo que quedó de la lucha por la independencia, se sumaron más de dos décadas vividas sin esperanzas. Este, sin dudas, ha sido de nuestros más difíciles tiempos. Pero como lo escribiera Domingo Alberto Rangel, “la Federación ya estaba falsificada desde Coche. Y el peón hecho general por la gloria de un combate no deseó ser el brazo ejecutor, en el gobierno, de la voluntad de justicia de las masas. Prefirió despojar a los oligarcas, sustituyéndolos en el vértice de la absurda estructura social de la época.” Luego una serie de cambios de gobernantes, fue conduciendo la una nueva generación para asumir el poder. Cuando el federalismo triunfó, quienes habían alentado esperanzas de cambios favorables vieron hechos como los que ejemplificó el gral Falcón, victorioso de la guerra, quien entre sus amigos y allegados repartió pródigamente beneficios materiales obtenidos en los combates. Los historiadores han recogido la indignada expresión del federalista general José Loreto Arismendi, descendiente del héroe margariteño Juan Bautista Arismendi: “Luchamos cinco años para sustituir ladrones por ladrones, tiranos por tiranos.”
Una nueva generación estaba por llegar al poder: Tres líderes jóvenes destacaron y ejercieron la Presidencia: Falcón, Guzmán y Crespo. Los tres ejercieron la Presidencia. Falcón, a quien no le gustaba permanecer en la Capital; su presidencia no duró mucho y su mano derecha fue Guzmán Blanco. Cuando al fin decidió dejar el poder, lo asumió éste. Todos conocemos la historia del gobierno de Guzmán: tiranía despótica, atropelladora del clero, con un ego inmenso que le hizo autoconstruirse estatuas, sin duda logró cierta modernización del país, especialmente en Caracas. Lo sucedieron gobiernos militares y civiles con mandatos de 2 años como el de Joaquín Crespo quien ya había ejercido el cargo en los paréntesis de Guzmán, el de Linares Alcántara, quien trató de prorrogar el mandato de dos años impuesto por Guzmán; el de Rojas Paúl, quien restableció las libertades y la armonía en el país. Más tarde vino la dictadura de Crespo y su muerte en combate y el gris gobierno de Ignacio Andrade, que fue derrocado por Cipriano Castro en 1899. Castro tuvo un gobierno catastrófico, hecho propiciado por su conducta tiránica y personal, pero contó con el apoyo de Juan Vicente Gómez, quien le financió y le acompañó en su expedición.
Lo demás es historia muy conocida, desde Gómez hasta nuestros días. Pero hay algo muy importante que destacar: ninguno de los gobiernos, desde el de Páez en 1830 hasta el de Caldera en 1998, jamás permitieron que el extranjero tomará posesión de nuestro país. Hemos tenido 168 años en lo que han habido muchas turbulencias, pero jamás, como en su tiempo lo expresara Cipriano Castro “la planta insolente del extranjero ha osado hollar el sagrado suelo de la patria”.
Después del breve y apretado recuento de nuestra historia, volvamos a considerar lo escrito por Tauler y Maritain que fue señalado al inicio de este escrito. Desde luego, es imposible en esta corta reflexión presentar detalles, ni siquiera los voluminosos, que puedan explicar nuestra conmocionada historia. Pero si a ver vamos, y se nos ocurre divagar sobre las posibles, probables o creíbles razones de ese nuestro acontecer histórico, no parece que sería un error el pensar que uno de los factores, entre los principales de todos, que puedan dar razón parcial de ello, es que “quien entre en la unidad se impregna del sentido de la verdadera distinción y nadie conoce en verdad la unidad si ignora la distinción. Y, por su parte, añade Maritain: Hay que distinguir para unir.”
Sí! La falta de unidad es un elemento importantísimo a la hora de indagar sobre los múltiples porqués de nuestro proceso histórico-político. El asunto es que nunca hemos aprendido, y menos practicado en nuestra historia republicana el que “hay que distinguir para unir” y que “nadie conoce en verdad la unidad si ignora la distinción”.
Nos hemos enfrentado los unos contra los otros, casi sin pensar que “el otro” es un yo semejante al mío. Reconocer y vivir esa semejanza, esa identidad que al mismo tiempo que separa está llamando a la unión es lo que es clamado por el solo hecho de ser personas humanas, sujetos de eminente dignidad a los ojos del Creador.
Hay que distinguir para unir, pero no hay verdad de unidad si se ignora la distinción.
Bajo esa premisa y penetrando en ella, me permito recoger lo que hace poco expresara María Carolina Machado. Dijo ella:
“Hoy tenemos tres opciones: huir, sucumbir o insurgir. Huir, que sería negar la realidad, lo propicia el régimen al imponer el Plan (de destrucción) de la Patria; el cual excluye -en su esencia- cualquier posibilidad de diálogo. Tengamos presente que el silencio sólo abre la puerta de la servidumbre. Sucumbir sería traicionar nuestro legado histórico: libertario, demócrata y republicano. Insurgir es la única opción. Significa la decisión individual de persistir hasta reinstaurar la democracia. Requiere un liderazgo amplio, firme y dispuesto a arriesgar y a arriesgarse; entendiendo el riesgo como un acto de responsabilidad.” A lo largo de nuestra historia, lo más grande que hemos hecho como pueblo, ha sido impulsado por nuestras creencias, por la fuerza de nuestras aspiraciones. La más poderosa de ellas, el ejercicio de nuestra soberanía y la libertad. Hay que distinguir para unir, pero no hay unidad si se ignora la distinción. ¿Será posible un diálogo al interno de la oposición que pueda unir distinguiendo? ¿O con el gobierno? Agotémoslos.
CUANDO ES AMENAZADA LA DEMOCRACIA.
Pedro Paúl Bello (paulbello.blogspot.com)
Un escritor de hace ya algunos años, el francés Jean Francois Revel, inició una obra suya muy conocida entonces (“Cómo terminan las democracias”), en estos términos: “Tal vez la democracia será en la historia un accidente; un breve paréntesis que bajo nuestros ojos se cierra.”
¿Por qué Revel expresa eso? Porque la democracia no se ha constituido, a fondo, para defenderse de quienes en lo externo y en el interno de las naciones quieren que desaparezca.
¿Quiénes son esos tales que pretenden hacer desaparecer la democracia? Son aquellos que en el interior de las naciones políticamente democráticas, o en el exterior de ellas, quieren destruirla porque es opuesta a sus planes tiránicos y opresores de los pueblos. De manera particular y en los tiempos que vivimos, los principales enemigos de la democracia, donde quiera ésta se establezca como sistema de gobierno, son hoy el comunismo y todas las expresiones semejantes de totalitarismos.
Todo sistema totalitario de gobierno, cuando en una Nación “debuta” como proyecto político, se presenta para ser comprado como un “perfeccionamiento” de la democracia: véase la historia de comunismos o fascismos debutantes en países como Rusia, Alemania, Cuba, China y tantos otros. En esas naciones, siempre, los regímenes totalitarios debutaron con el disfraz de demócratas que durante poco tiempo usaron. En la Rusia zarista, la sublevación bolchevique, que no nació el 25 de octubre de 1917 de allá (o 7 de noviembre) sino mucho antes desde el verano de 1915, cuando se inició por la hambruna determinada por la escasez de alimentos cuya producción cesó, así como los transportes. Al inicio del gobierno revolucionario en 1917, en Rusia se vivió una luna de miel política, pero ésta duró poco. En Alemania, Hitler asumió el poder con respaldo pleno el Reichstag o parlamento, acogió a quien sería, entonces, el factor de la destrucción de ese país, quien se presentó como ductor del progreso de una Nación que llevó a la destrucción. ¿No fue acaso una mayoría de venezolanos la que llevó a Hugo Chávez Frías al poder, y un congreso que, como el Reichstag alemán le aceptó pese a su insolente juramentación?
El comunismo en particular y las demás formas de totalitarismo en general, no es que sean incapaces de generar una sociedad viable, sino que la intención que orienta a este tipo de regímenes no es otra que la de destruir todos los valores y logros de una sociedad civilizada, cualquiera fuese la que cayera bajo su poder.
Los totalitarismos y sistemas políticos semejantes pero antecedentes resultan ser más hábiles y astutos que los demócratas para defender sus democracias. Las democracias siempre esperan que los totalitarismos, al inicio disfrazados, no ejerzan sus amenazas y siempre aquellas se despiertan cuando el daño mortal es ya inminente.
Dice también Revel en su libro antes referido que “el enemigo interior de la democracia juega una partida fácil, pues explota el derecho al desacuerdo inherente a la democracia misma. El esconde –a la oposición legítima y la crítica reconocida como prerrogativa de todo ciudadano-- sus propósitos de destruir la democracia y de buscar el poder absoluto y el monopolio de la fuerza.”
Como la oposición al totalitarismo es legal y leal y usa facultades de están previstas en las instituciones de todo Estado de Derecho, resulta fácil para su oponente, violar esas instituciones así como alterarlas inconstitucionalmente en favor de sus conveniencias. Por otra parte, una vez que han logrado alcanzar el poder, los regímenes totalitarios simulan realizar reivindicaciones legítimas en favor de los sectores sociales menos favorecidos, pero a los demócratas, que sinceramente quieren favorecerlos, los presentan como autores de represiones “reaccionarias.”
Sobre todos estos males, suelen surgir en el seno de los sectores democráticos, excesos de críticas contra quienes, de una manera u otra, se han convertido o han sido responsabilizados de la conducción política de los sectores que defienden la democracia. Esta actitud, que a veces se convierte en ataques y acusaciones permanentes en todo, poco servicio rinden al propósito fundamental de defender y mantener la democracia. Esa ruta constituye consecuencias muy peligrosas pues, como contrapartida práctica y pública, lo que se logra en ella es concederle la razón a un enemigo verdadero y mortal. ¿Se tratará de limitación intelectual, de ceguera o de indolencia política?
Todo esto lo he escrito porque he recibido un documento que me envió un opositor garantizado, pero cuyo contenido de varias páginas constituye la defensa descarada y falseada del régimen. ¿Dónde vamos a llegar por ese camino?
En tiempos tan difíciles como este que estamos viviendo en nuestra patria, hay que tener conciencia de que el resultado de todos los esfuerzos opositores, con los errores que puedan significar, con sus omisiones o excesos, con sus idas y retrocesos, son de todos nosotros. Si, de todos. Porque muchos, por razones muy justificables o no, no estamos involucrados en el meollo del asunto y, porque opinar, señalar y criticar sin conciencia cierta de lo que se opina, se señala o se critica corresponda realmente a la verdad, constituye una grave falta calificable como irresponsabilidad delictuoso, cuando se afirma lo que no se sabe o se niega lo que no se conoce.
A Venezuela la salvamos todos sus hijos demócratas o no la salva nadie. Esa es nuestra responsabilidad. Ese es nuestra meta y nuestro propósito: realizar efectivamente la liberación de esta Patria, para que vuelva a ser llamada “Bendita Tierra de Gracia”. Nada más.
¿QUÉ ES EL TOTALITARISMO?
Pedro Paúl Bello
(www.paulbello.blogspot.com)
INTRODUCCIÓN.
Ciertamente, una de las figuras mundiales de mayor prestigio y autoridad en relación al estudio y conocimiento del fenómeno del totalitarismo, es Hannah Arendt. Una de sus obras más conocida al respecto es “El origen del totalitarismo.”
El ejercicio y dominio total del poder, sin embargo, es muy remoto y está presente en la humanidad casi desde sus inicios existenciales. No obstante, después la Edad Media y del desarrollo de las ciencias y el posterior de las técnicas; de las revoluciones que, como la inglesa en el siglo XVII y la francesa del siglo XVIII, que cambiaron radicalmente la anterior concepción de la política y así, con el desarrollo de la tecnología en sus diversos aspectos, se pasó a una consideración del ser humano muy distinta y se fueron desarrollando, progresivamente, diversas y diferentes maneras de entender a las personas como individuos y a los grupos como tales. Dice a este respecto Gino Germani, en su prólogo del libro en castellano de Erich Fromm, “El miedo a la libertad”, que “la democracia puede subsistir solamente si se logra un fortalecimiento y una expansión de la voluntad de los individuos, que los haga dueños de una voluntad y un pensamiento auténticamente propios.”
Obviamente, la realidad de nuestra sub-región latinoamericana hubo de ser muy distinta a la evolución que tuvo por asiento a Europa, particularmente en Inglaterra, Francia y Alemania integradas de manera distinta a ese presente y, por supuesto, los Estados Unidos que, en esta consideración del tiempo pasado, habría de recibir toda la influencia inglesa. Expresa el profesor ítalo-venezolano Alberto Filippi que “la comprensión de la ‘vexata questio’ de las relaciones entre feudalismo y capitalismo en la historia de España, es esencial para poder sucesivamente enfrentar el tema de sus dimensiones hispanoamericanas.” Continua Filippi: “ha habido múltiples tipologías de feudalismos y de procesos de feudalización … sólo el formidable desconocimiento empírico sobre las historias extra-europeas ha impedido, de manera casi sistemática, que se plantearan y se trazaran comparaciones, paralelos y analogías capaces … de iluminar las distintas, determinadas o específicas historias de los mundos no europeos.” Contrariamente, como lo expresara Kula: “es justamente la repetición de las irregularidades, de lo atípico, de lo excéntrico, la base que permite acceder a las construcción teórica de los modelos.”
En el caso de España, que compete a latino-américa, es evidente que tales irregularidades determinaron la peculiaridad de nuestro feudalismo, en particular el venezolano, aunque hubo diversas y distintas expresiones en toda la sub-región. El feudalismo español fue el más breve de Europa: se cumplió en el plazo histórico de algo más de los dos siglos que transcurrieron entre la ocupación visigoda del territorio peninsular y la conquista musulmana. “La específica lucha histórica de la reconquista fue el determinante fundamental de las formas del feudalismo español, más que la originaria colisión y fusión de las sociedades bárbara e imperial.”
España, sin haber podido asentar sus estructuras económicas y sociales sobre la producción
Agro-pecuaria y la propiedad inmobiliaria, tuvo que entrar en el juego político europeo, formando un imperio cuyas guerras financiaba con las riquezas provenientes de sus colonias en América. No tuvo una etapa pre-industrial, y la inflación (entonces desconocida por ellos) provocada por esas riquezas, pasaron a Inglaterra y a otras regiones. El poder fundado en la tierra firme por la nobleza, desapareció. En la América española, cuando se produjo la coyuntura de Bayona y la caída o derrumbe del imperio español, las instituciones de naturaleza social fundadas por España no fueron eliminadas sino transformadas, lo que generó para estos países una “relativa autonomía” respecto al capitalismo industrial europeo, lo que se fundó en complejos sistemas neo-feudales. Esto desarrolló un dinamismo político en cada una de las nuevas naciones independientes, lo que reforzaría dichos sistemas y, luego, generaría la forma política-feudal del caciquismo-coronelismo-caudillismo.
Después, en un tiempo históricamente breve, el modelo de Estado establecido en casi todos los países de la sub-región se agotó, porque la dirigencia surgida a fines del siglo XIX no era capaz, en casi todos ellos, de entender los cambios que venían produciéndose en el mundo más desarrollado. Tales gobiernos fueron paulatinamente separados del poder, y las alianzas de clases sociales trabajadoras e intereses económicos de sectores de mayor poder económico, realizaron alianzas para conducir los países, lo que constituyó la base de apoyo del modelo populista de Estado.
TOTALITARISMO.
En el prólogo de la primera edición norteamericana de su libro, Hannah Arendt escribió que:
“si es verdad que en las fases finales de totalitarismo aparece éste como un mal absoluto (absoluto porque ya no puede ser deducido de motivos humanamente comprensibles), también es cierto que sin el totalitarismo podíamos no haber conocido nunca la naturaleza verdaderamente radical del mal.” Como se señaló anteriormente, las primeras manifestaciones del dominio total sobre los pueblos tuvieron lugar en los países que comenzaron a organizarse, en tiempos que no fueron primeros de la humanidad, pero si lo fueron así considerados desde la historia. Sin duda que en pueblos de entonces, aún atrasados, el dominio nudo de las personas era ejercido por caciques o formas similares de dominación. En cambio, otro fue el caso de la etapa imperialista derivada del fracaso del sistema Nación-Estado incompatible con los comienzos de un período histórico y con el desarrollo económico e industrial iniciado a finales último tercio del siglo XIX, cuando comenzó la política de expansión cuyo fin se hizo patente con la liquidación del Imperio, que Churchill rechazó presidir, y la aceptación de la independencia de India.
RAZGOS CARACTERÍSTICOS DEL SISTEMA TOTALITARIO.
El totalitarismo es un sistema de dominación muy drástico, condición que le hace ser muy diferente en comparación con otros sistemas de dominación, diríamos “clásicos”, como el despotismo, la dictadura y la tiranía. Cuando un régimen totalitario logra tomar el poder de una Nación, lo primero que hace es establecer nuevas instituciones políticas y destruir o modificar las anteriores instituciones políticas, legales y sociales del país que ha alcanzado dominar. Cuando hacer esto le resulta imposible porque sus fuerzas o apoyos iniciales no sean lo suficientemente fuertes para gobernar según sus intenciones, comienza por cambiar símbolos visibles y tradicionales del país, tales como banderas, himnos y, en la medida en que le es posible, leyes. Paulatinamente, se va apoderando de todas las instituciones políticas del Estado que ha dominado, de manera de sustituir o violar mediante movimientos engañosos, la separación de los Poderes Públicos, con el propósito de concentrar todos los poderes en manos del líder que haya asumido el poder. Tal fue el caso de Hitler en Alemania y de Stalin en la Unión Soviética, nombre que sustituyó, en su Nación, el antiguo nombre de Rusia, hecho que realizó, en su tiempo, Lenin. Lentamente, como ocurrió en la Alemania de los tiempos iniciales de Hitler en el poder, o inmediatamente como fue en la China de Mao, transforma a las clases populares existentes en masas, es decir, en la expresión de Ortega y Gasset referida a España y a Europa en general: “donde quiera que ha surgido el hombre-masa…un tipo de hombre hecho de prisa, montado nada más que sobre unas pobres abstracciones.” También interviene las Policías y los Ejércitos y, si al principio no puede sustituirles crea cuerpos semejantes propios y al servicio de sus finalidades. Además, tratan de sustituir las organizaciones y partidos políticos por un partido único sometido a sus planes y designios.
Por otra parte, la política exterior de un régimen totalitario se encamina, siempre, por la aspiración de generar un gran conflicto internacional, al mismo tiempo que crea alianzas con tendencias de gobiernos extranjeros que, de una manera o de otra, compartan esas aspiraciones en el contexto global del Hemisferio. En el caso del actual gobierno que ejerce las prácticas totalitarias en Venezuela, esa realidad es evidente, no solamente en el ámbito latinoamericano en el que ha construido relaciones “amistosas” con tendencias de signos parecidos a los suyos, sino que se ha abierto al Mundo, estableciendo relaciones solidarias con regímenes de cercanas semejanzas al suyo.
Es evidente que el líder del proceso totalitario venezolano, Hugo Chávez, captó rápidamente la amistad y el apoyo del régimen totalitario que sojuzga a Cuba desde 1959, especialmente a la persona de Fidel Castro. Hasta que Chávez asumió el poder en Venezuela, en febrero de 1999, el de Cuba era el único país del Continente sometido a un régimen totalitario, el cual alcanzaba ya una muy larga dominación sobre el pueblo de la Isla. Para Castro, esa visita de Chávez significó una gran adquisición política, pues luego de la caída de la Unión Soviética, del Muro de Berlín, y la liberación de todos los países sometidos al gobierno de Moscú, el Jefe del gobierno cubano se encontraba aislado del Mundo. Inmediatamente, Castro indicó a Chávez las ventajas que ambos adquirirían de llegar el venezolano al poder, como ocurrió, si Chávez lograba entablar relaciones amistosas con las tiranías semejantes del Mundo. De allí que el venezolano visitara y entablara amistad personal con personas como Hussein, Geddafi y varios otros. La idea de Castro era volver a lo que pretendía con el llamado proyecto de “La Media Luna”, para el cual envió a Bolivia al Ché Guevara, quien fue muerto en ese país, sobre lo cual han circulado interpretaciones diversas.
En la mente de Fidel Castro continuaba revoloteando la idea, traída a raíz del fracaso norteamericano en la guerra de Viet-Nam. La aspiración de Castro cuando envió a Guevara a Bolivia era, precisamente, la de hacer de Latinoamérica un bloque para oponerlo al “imperio” norteamericano. Apoyado en el Foro de Sao Paolo, creado en 1990 en Brasil y formado por las izquierdas marxistas latinoamericanas y otros grupos políticos más moderados, más la posibilidad de obtener el apoyo de la Venezuela petrolera, abría de nuevos puertas a las posibilidades de su plan. En el fondo, el plan iba mucho más lejos, esto es, la acariciada idea de generar un conflicto mundial bi-hemisférico, entre un Sur del mundo pobre y un Norte muy rico, y entre el Oriente, que se sentía maltratado y no reconocido por un Occidente orgulloso y poderoso.
Hasta hace más de un año, el proyecto podía ponerse en práctica, pero ello se derrumbó a raíz de la muerte del Presidente venezolano. Hoy en día, la grave crisis económica, social y política que padece Venezuela toda, cuyas raíces están en el plan inicial de Fidel Castro, Raúl Castro, hombre más práctico que su hermano Fidel, está tratando de abrir puertas al mal llamado “imperio” Norteamericano, para que, de manera gradual en el tiempo, se levante la tiranía totalitaria que reina en Cuba y se abran salidas “honrosas” para quienes han gobernado a su antojo y conveniencias a la Patria de Martí.
Como colofón de este escrito, me permito citar la parte final de la referida obra de Hahhah Arendt:
Es en la línea de tales reflexiones donde cabe suscitar la cuestión de si el Gobierno totalitario, nacido de esta crisis y al mismo tiempo más claro y único síntoma inequívoco, es simplemente un arreglo temporal que toma sus métodos de intimidación, sus medios de organización y sus instrumentos de violencia del bien conocido arsenal político de la tiranía, el despotismo y las dictaduras, y debe su existencia sólo al fallo deplorable, pero quizás accidental, de las fuerzas políticas tradicionales —liberal o conservadora, nacional o socialista, republicana o monárquica, autoritaria o democrática. O si, por el contrario, existe algo tal como la naturaleza del Gobierno totalitario, si posee su propia esencia y puede ser comparado con otras formas de Gobierno y definido como ellas, que el pensamiento occidental ha conocido y reconocido desde los tiempos de la filosofía antigua. Si esto es cierto, entonces las formas enteramente nuevas y sin precedentes de la organización totalitaria y su curso de acción deben descansar en una de las pocas experiencias básicas que los hombres pueden tener allí donde viven juntos y se hallan ocupados por los asuntos públicos.
Si existe una experiencia básica que halla su expresión política en la dominación totalitaria, entonces, a la vista de la novedad de la forma totalitaria de Gobierno, debe ser ésta una experiencia que, por la razón que fuere, nunca ha servido anteriormente para la fundación de un cuerpo político y cuyo talante general —aunque pueda resultar familiar en cualquier otro aspecto— nunca ha penetrado y dirigido el tratamiento de los asuntos públicos.
TÉCNICAS PARA ENVILECER PUEBLOS.
Pedro Paúl Bello
(www.paulbello.blogspot.com)
Ravensbrück, el campo para concentrar mujeres en Alemania en la Segunda Guerra Mundial, comenzó a ser instalado a fines de 1938, cuando aún muchos en el mundo pensaban que la Guerra no sería posible. El nombre derivó de la zona en la que fue construido este campo, que era llamada Ravensbrück, sita a 90 km al norte de Berlín. Este campo fue puesto en servicio en mayo de 1939. No era sólo para mujeres adultas, jóvenes o niñas, pues existió allí un campamento más pequeño para hombres. En total, durante la guerra alojó a más de 132 mil mujeres y unos 20 mil hombres.
La construcción del campo comenzó en noviembre de 1938 por orden de Heinrich Himmler, Reichsführer de las SS, y fue abierto el 15 de mayo de 1939 con el traslado de prisioneras del campo de concentración de Lichtenburg. En abril de 1941 se incorporó otro pequeño campo adyacente que fue destinado para hombres. En junio de 1942 se añadió el llamado "Campo preventivo de menores de Uckermark" para mujeres jóvenes y niñas. Hasta 1945 hubo varias ampliaciones más, de modo que el campo principal de mujeres abarcaba cinco filas de barracones en cuatro calles. Cada barracón estaba repleto, ocupado por muchas más personas de las que realmente cabían, dando lugar a un hacinamiento mortal y absoluto.
Decenas de miles fueron asesinados, muertos por hambre, enfermedades y hasta utilizados para experimentos médicos, entre ellos la esterilización. Cercano el fin de la guerra, hacia finales de 1944, se instalaron cámaras de gas, calculándose que, al menos, murieron asfixiados con gas o de otra forma, más de 92 mil personas. El 30 de abril de 1945, las fuerzas rusas (Ejército Rojo), liberó a los prisioneros sobrevivientes.
Esta introducción que hago hoy para quienes no vivieron aquél tiempo ni conocieron tales experiencias y, también, para quienes sí las conocieron pero a la distancia o, infortunadamente de cerca, a fin de que reflexionemos de manera personal y luego con otras personas, para tratar de entender la realidad de un mundo que, después de todos los avances, todas las ciencias, toda la infinidad de máquinas de trabajos y de juegos realizados por medio de las técnicas, podamos preguntar, no al Señor Redentor sino, como Él pregunto a Pedro, pero nosotros a nosotros mismos y al Mundo: ¿Quo vadis domine?
¿Qué son “técnicas de envilecimiento?
El francés Gabriel Marcel definió ese concepto así: “entiendo por técnicas de envilecimiento al conjunto de procedimientos deliberadamente puestos en ejecución para atacar y destruir, en individuos pertenecientes a una categoría determinada, el respeto que puedan tener de ellos mismos para transformarlos, poco a poco, en un despojo que se tiene a sí mismo como tal.”(1)
La primera página del libro trae la siguiente reflexión:
Si el amor entre los hombres no fuera una vana retórica, si el cristianismo se practicase hoy sinceramente, puede asegurarse que la faz del mundo cambiaría de la noche a la mañana, y la mayor parte de los males que afligen y degradan a la humanidad desaparecerían. La responsabilidad del cristiano es enorme en este momento crucial del mundo. Del cristiano depende, en gran parte, que nuestro mundo se incline hacia el materialismo o que sea verdaderamente cristiano. El cristiano debe pesar a tiempo su responsabilidad.
Los humanos, casi desde nuestra Creación por las manos de Dios, hemos comenzado nuestras relaciones con los hermanos con recurso al crimen mortal ¿Por qué será así? Marcel expresó que la crisis de su tiempo cercano al fin de la II Guerra Mundial era una crisis metafísica. Péguy acota que “la historia consiste, esencialmente, en pasar de largo ante los acontecimientos.” ¿Será, se pregunta Marcel, que es al filósofo digno de su misión a quien corresponde combatir fuerzas que neutralizan el pasado y suscitan el aislamiento personal del hombre contemporáneo?
NO QUISIERA. Pedro Paúl Bello
No quisiera escribir esto, pero voy a escribirlo.
El asunto que, por preocuparme como venezolano de raíces muy profundas en esta bendita tierra de gracia, siento como deber el expresarlo. Comienza con una pregunta cuya respuesta, de múltiples vertientes y raíces, fácilmente la encontraremos en nuestra historia de país: Si es este, en grande mayoría, un pueblo alegre, dicharachero, simpático ¿por qué, en diversas circunstancias generalmente difíciles, calamitosas y riesgosas somos tan pesimistas y negativos? ¿Por qué criticamos tan duramente a quien --de alguna manera-- sea en lo político, lo deportivo, lo artístico, etc., se distingue, actúa con honestidad y acierto o alcanza prestigio, aprecio y apoyo?
Es algo muy natural y corriente el que los humanos tengamos opiniones, gustos o ideas distintas a las de nuestros semejantes. Pero ¿No es lo adecuado el dirigirse –personalmente, por carta, email, teléfono, etc.-- amable o respetuosamente al otro, con quien se tienen discrepancias, para expresar éstas, conocer sus razones o identificar sus errores y, en esa relación dialogal, informarse bien, tratar de convencer o dejar ser convencido, o en caso de imposible acuerdo? ¿Cómo no respetar al otro en su dignidad de persona a la que, igual que a todos, nos ha elevado El Señor? ¿Por qué cerrarse en creer que uno tiene la razón y el otro no? ¿Será que no existen, con mayoritaria presencia, situaciones intermedias según las cuales cada uno tiene parte de la razón y, no pocas veces ninguno de los dos (o más) la tiene?
Pido me permitan, quienes esto leen, que traiga a colación y como ejemplo un caso que corresponde al asunto político, pero que podría ser de la música, del beisbol o de la Vino Tinto, etc., o muchos más, sobre los cuales podría presentar ejemplos similares al que me voy a referir.
Se trata de Henrique Capriles Radonsky. Advierto que no le conozco personalmente y que tampoco soy miembro de su partido político, pues desde hace veinte años no milito en ninguno, a pesar de que todos tienen mi respeto.
Pues bien, Capriles --como todos le dicen, además de El Flaco-- se presentó como candidato en las primarias de febrero de 2012 y, como poco le conocía, no voté por él en esa oportunidad, en la que él venció abrumadoramente y se convirtió en el Candidato de la oposición democrática para las elecciones de octubre del mismo año, en las que enfrentaría al difunto Hugo Chávez. Dos días después de las elecciones primarias, el candidato Capriles tuvo una rueda de prensa en la que participaron periodistas venezolanos y extranjeros. Vi la entrevista por la Globovisión de entonces y, aún sorprendido por el apabullante triunfo logrado por el Candidato dos días antes, esa sorpresa se convirtió en descubrimiento al escuchar las respuestas serías y breves, pero contundentes, con las que Capriles respondía a todos sus entrevistadores. Esa sorpresa se transformó después, una vez iniciada la campaña electoral del 2012, al ver, siempre por GB, las multitudes arrolladoras y entusiasmadas, llenas de esperanzas, que concurrían a todos los actos que cada día, y sin descanso, realizaba Capriles en todos los Estados y muchísimos pueblos de Venezuela. Sin embargo, conociendo muy a fondo los fraudes electorales que se “inauguraron” en 1999 con el “Kino” y que, progresivamente, con las máquinas de Smartmatic y múltiples trucos electrónicos o no, fueron perfeccionados por el “proceso”, bien sabía la imposibilidad real que, por fraudes, había para alcanzar la victoria electoral de octubre de 2012.
Después, ocurrió todo lo que “sobrevino” inconstitucionalmente desde diciembre 2012 hasta el 14 de abril del corriente año. Sin embargo y pese a la certeza que los fraudes aumentarían en magnitudes e intensidades --recuerde el apreciado y paciente lector que hasta aquí ha llegado, que era “pecado” desde 1999 hablar de fraude al país opositor-- tenía la convicción de que, el 14A, si era posible vencer. ¡Y vencimos porque los fraudes no fueron suficientes para la inmensa mayoría que apoyó a Capriles en la nueva campaña, que resultó ser más dura y sacrificada que la anterior!
Ahora bien, casi desde el 15 de Abril y de manera cada vez más intensa, van apareciendo en la prensa, en internet y demás medios, opiniones que, respetables venezolanos y no pocos amigos personales, vienen presentando para señalar que Capriles no actúa, no se mueve, no reacciona para defender su innegable victoria, etc., etc.
Con todo mi respeto hacía quienes así opinan y actúan, les sugiero que, en razón de justicia, se informen directamente de los esfuerzos que tanto el Presidente Electo por una gran mayoría de los venezolanos, así como también la dirigencia y miembros de la también muy atacada MUD, han venido realizando, sin inútiles “prisas pero sin pausas”, ante la realidad política, económica y social que estamos viviendo en estos cruciales momentos de nuestra Patria.
Que recuerden que estamos enfrentando una tiranía que siempre, desde sus comienzos en 1999, pretende ser totalitaria pero que está en franca e insuperable caída libre.
Que recuerden aquello del Eclesiastés:
Todo tiene su momento y cada cosa su tiempo bajo el sol;
tiempo de nacer y tiempo de morir;
tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado;
tiempo de matar y tiempo de sanar;
tiempo de destruir y tiempo de construir;
tiempo de llorar y tiempo de reír;
tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar;
tiempo de arrojar piedras y tiempo de recogerlas;
tiempo de abrazar y tiempo de separarse;
tiempo de ganar y tiempo de perder;
tiempo de guardar y tiempo de botar;
tiempo de rasgar y tiempo de coser;
tiempo de callar y tiempo de hablar;
tiempo de amar y tiempo de no amar;
tiempo de guerra y tiempo de paz.
Tengan tiempo de paciencia: les aseguro que Capriles y Venezuela tienen sus tiempos: “Hay una hora para cada asunto y un lugar para cada acción”
“El sabio verdadero es el que conoce lo que hay que hacer en cada situación; aquél que sabe el momento oportuno.”
¡ Tengan Fe!
NECESIDAD DE PAZ.
Pedro Paúl Bello.
(paulbello.blogspot.com)
Es bien sabido que, cualquiera sea el lugar de la tierra, si no hay justicia es imposible que haya paz. La paz es obra de la justicia. Así lo expresó el Papa Pio XII: “Opus Iustitiae Pax”. Así también lo proclamaron otros Papas como Paulo VI, en su Encíclica Populorum Progressio: “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz” y el Papa Juan Pablo II quien dijo que la paz es fruto de la solidaridad.
Infelizmente, al ser rechazada la justicia se acabó la paz en Venezuela. En el presente y por obra de las autoridades que, en esta Nación, han regido los últimos quince años, la justicia ha estado ausente en todos los aspectos del ejercicio de la vida social. La gran mayoría de los venezolanos, cualquiera sea su posición social o política, se resiente de la ausencia de orden y de paz en el país. No puede haber justicia cuando hay ciudadanos que han sido internados en prisiones, sin que haya mediado un juicio legítimo y puedan defenderse de lo que se le acuse; tampoco hay justicia en un país en el que el número de víctimas de asesinatos, asaltos, robos, etc., si califique en el contexto mundial entre los últimos por ese concepto.
Tampoco puede haber paz cuando un reducido grupo de personas, mediante corrupción por diversas formas de fraudes, hace en poco tiempo fortunas cuantiosas, cuando una muy alta proporción de ciudadanos, penan por no poder alcanzar recursos fundamentales para su alimentación, su salud, la educación de los hijos, habitar en viviendas dignas y tener esperanzas para un futuro que pareciera no existir.
El futuro que es de esperarse no puede ser peor, en un país que prácticamente está en default porque más de un billón de dólares vergonzosamente malbaratados en regalos para gobiernos extranjeros supuestamente comprometidos; mientras, los venezolanos tienen carencias de abastecimientos, inseguridad y violencia que suele ser mortal.
Necesita Venezuela, en primer lugar, la justicia y una vez que ésta sea realidad que reine, habremos de tener paz. Pero para alcanzar ese logro, los venezolanos todos, antes, debemos reencontrarnos más allá de nuestras diferencias en lo político, lo laboral y todo aquello que, de una manera u otra, nos separa. Tenemos que abrirnos, con desprendimiento de nuestros particulares intereses y problemas, en la amistad común del todo que somos y encontrar, en ello, caminos que nos unan y no nos separen, como nos han venido separando, para alcanzar esa amistad cívica que tanto necesitamos en esta bendita tierra de gracias.
miércoles, 30 de octubre de 2013
CUANDO ES AMENAZADA LA DEMOCRACIA.
Pedro Paúl Bello (paulbello.blogspot.com)
Un escritor de hace ya algunos años, el francés Jean Francois Revel, inició una obra suya muy conocida entonces (“Cómo terminan las democracias”), en estos términos: “Tal vez la democracia será en la historia un accidente; un breve paréntesis que bajo nuestros ojos se cierra.”
¿Por qué Revel expresa eso? Porque la democracia no se ha constituido, a fondo, para defenderse de quienes en lo externo y en el interno de las naciones quieren que desaparezca.
¿Quiénes son esos tales que pretenden hacer desaparecer la democracia? Son aquellos que en el interior de las naciones políticamente democráticas, o en el exterior de ellas, quieren destruirla porque es opuesta a sus planes tiránicos y opresores de los pueblos. De manera particular y en los tiempos que vivimos, los principales enemigos de la democracia, donde quiera ésta se establezca como sistema de gobierno, son hoy el comunismo y todas las expresiones semejantes de totalitarismos.
Todo sistema totalitario de gobierno, cuando en una Nación “debuta” como proyecto político, se presenta para ser comprado como un “perfeccionamiento” de la democracia: véase la historia de comunismos o fascismos debutantes en países como Rusia, Alemania, Cuba, China y tantos otros. En esas naciones, siempre, los regímenes totalitarios debutaron con el disfraz de demócratas que durante poco tiempo usaron. En la Rusia zarista, la sublevación bolchevique, que no nació el 25 de octubre de 1917 de allá (o 7 de noviembre) sino mucho antes desde el verano de 1915, cuando se inició por la hambruna determinada por la escasez de alimentos cuya producción cesó, así como los transportes. Al inicio del gobierno revolucionario en 1917, en Rusia se vivió una luna de miel política, pero ésta duró poco. En Alemania, Hitler asumió el poder con respaldo pleno el Reichstag o parlamento, acogió a quien sería, entonces, el factor de la destrucción de ese país, quien se presentó como ductor del progreso de una Nación que llevó a la destrucción. ¿No fue acaso una mayoría de venezolanos la que llevó a Hugo Chávez Frías al poder, y un congreso que, como el Reichstag alemán le aceptó pese a su insolente juramentación?
El comunismo en particular y las demás formas de totalitarismo en general, no es que sean incapaces de generar una sociedad viable, sino que la intención que orienta a este tipo de regímenes no es otra que la de destruir todos los valores y logros de una sociedad civilizada, cualquiera fuese la que cayera bajo su poder.
Los totalitarismos y sistemas políticos semejantes pero antecedentes resultan ser más hábiles y astutos que los demócratas para defender sus democracias. Las democracias siempre esperan que los totalitarismos, al inicio disfrazados, no ejerzan sus amenazas y siempre aquellas se despiertan cuando el daño mortal es ya inminente.
Dice también Revel en su libro antes referido que “el enemigo interior de la democracia juega una partida fácil, pues explota el derecho al desacuerdo inherente a la democracia misma. El esconde –a la oposición legítima y la crítica reconocida como prerrogativa de todo ciudadano-- sus propósitos de destruir la democracia y de buscar el poder absoluto y el monopolio de la fuerza.”
Como la oposición al totalitarismo es legal y leal y usa facultades de están previstas en las instituciones de todo Estado de Derecho, resulta fácil para su oponente, violar esas instituciones así como alterarlas inconstitucionalmente en favor de sus conveniencias. Por otra parte, una vez que han logrado alcanzar el poder, los regímenes totalitarios simulan realizar reivindicaciones legítimas en favor de los sectores sociales menos favorecidos, pero a los demócratas, que sinceramente quieren favorecerlos, los presentan como autores de represiones “reaccionarias.”
Sobre todos estos males suelen surgir en el seno de los sectores democráticos, excesos de críticas contra quienes, de una manera u otra, se han convertido o han sido responsabilizados de la conducción política de los sectores que defienden la democracia.
Esta actitud, que a veces se convierte en ataques y acusaciones permanentes en todo, poco servicio rinde al propósito fundamental de defender y mantener la democracia. Esa ruta constituye consecuencias muy peligrosas pues, como contrapartida práctica y pública, lo que se logra en ella es concederle la razón a un enemigo verdadero y mortal. ¿Se tratará de limitación intelectual, de ceguera o de indolencia política?
Todo esto lo he escrito porque he recibido un documento que me envió un opositor garantizado, pero cuyo contenido de varias páginas constituye la defensa descarada y falseada del régimen. ¿Dónde vamos a llegar por ese camino?
En tiempos tan difíciles como este que estamos viviendo en nuestra patria, hay que tener conciencia de que el resultado de todos los esfuerzos opositores, con los errores que puedan significar, con sus omisiones o excesos, con sus idas y retrocesos, son de todos nosotros. Si, de todos. Porque muchos, por razones muy justificables o no, no estamos involucrados en el meollo del asunto y, porque opinar, señalar y criticar sin conciencia cierta de lo que se opina, se señala o se critica corresponda realmente a la verdad, constituye una grave falta calificable como irresponsabilidad delictuoso, cuando se afirma lo que no se sabe o se niega lo que no se conoce.
A Venezuela la salvamos todos sus hijos demócratas o no la salva nadie. Esa es nuestra responsabilidad. Ese es nuestra meta y nuestro propósito: realizar efectivamente la liberación de esta Patria, para que vuelva a ser llamada “Bendita Tierra de Gracia”. Nada más.
lunes, 12 de agosto de 2013
AMÉRICA LATINA: AMENAZA ROJA. (II)
Pedro Paúl Bello.
(www.paulbello.blogspot.com)
Una experiencia personal:
El nombre Hugo Chávez llegó por vez primera a mis oídos en 1985. Un amigo y colega de la Universidad, con quien trabajaba en compañía de otro profesor, en un proyecto de estudios propuesto por el entonces Rector Ernesto Mayz Vallenilla, me lo mencionó por primera vez y, unos años más tarde, hacia 1997 o 1998, vino de otros quienes le conocieron en Trujillo en acto político en el que participó junto con otros oficiales, y habló a los asistentes sobre la necesidad de cambiar la realidad de este país. Chávez, y otros participantes en el acto, eran parte de aquellos oficiales a quienes, en los años 70, había atraído y convencido el guerrillero Douglas Bravo quien, entre otros subversivos de entonces, rechazaron la oferta del gobierno aceptada por el partido Comunista y no se acogieron a la política de pacificación iniciada por el presidente Leoni y continuada por el presidente Caldera.
En anteriores tiempos -año 1976- había recibido, de fuente muy autorizada, información sobre el proyecto de penetración en las FFAA que auspiciaba Bravo, quien concibió ese plan para sustituir la guerra urbana y de guerrillas que desde en los años 60 había desarrollado Fidel Castro desde Cuba, pero que había sido derrotada por las Fuerzas Armadas venezolanas. Los infiltrados, para aquél tiempo, casi sumaban el centenar por lo que mi informante me sugirió que impusiera de ello a los dirigentes políticos de entonces.
Después, a raíz del “caracazo” y luego, ya en la década de los 90, me interesé en conocer el personaje Chávez, para lo cual me resultaron muy útiles las publicaciones de libros como los del fallecido escritor Alberto Garrido y tantas otras que salieron a la luz después del 4 de febrero del 1992. Cuando se produjeron los acontecimientos de ese día no tenía dudas de que se trataba del grupo de infiltrados de la izquierda que, desde los años 70, ingresaban en las FFAA y de quienes sabía que habían intentado tres veces hacerlo en la década de los 80, con la certeza de que el Tte. Cnel. Hugo Chávez Frías estaría entre ellos y que, de triunfar su intento, se abriría para la América Latina tiempos muy borrascosos.
Ocurre siempre que la vida le suele deparar a uno situaciones inesperadas: me ocurrió el 15 y 16 de enero de 1999, el conocer de persona a Chávez, pues me encontraba entonces al frente de la Embajada de Venezuela ante el gobierno italiano, pero ese es otro tema: lo que puedo ahora señalar es que me pareció ser Chávez una persona muy hábil e inteligente, de grandes recursos de histrionismo y con un “ego” muy fuerte unido a una simpatía muy venezolana, todo lo cual que me lo confirmaba como muy peligroso en tanto presidente de la República, tanto más si lograba convocar --como me dijo, logró y le refuté— una Asamblea Constituyente.
En aquellos tiempos recordaba intensamente lo que tanto decía mi Maestro de bachillerato en el San Ignacio y en la Universidad, amigo de toda mi vida, Arístides Calvani: “En ningún país latinoamericano, como en Venezuela, hay más peligro de caer en el comunismo, porque el Estado es todopoderoso puesto que así lo ha hecho la condición de uso rentístico del petróleo y todo depende del monstruo que es nuestro Estado.”
¿Cómo está América Latina?
La riqueza del monstruo estatal venezolano ha permitido que, siguiendo los intereses de Fidel Castro, Venezuela haya intervenido notablemente en la expansión de regímenes de signo comunista en Bolivia, Ecuador y Nicaragua, influenciado ahora con poco éxito en Perú, pero también ha tenido presencia en Uruguay, reforzado los gobiernos de Brasil con apoyo común estratégico y los de la Comunidad insular, sin olvidar otras influencias como el apoyo a las guerrillas de Colombia, el caso de Honduras y la influencia sobre Haití, así como también el refuerzo y apoyo al remanente peronismo de Argentina y la tolerancia con Guyana que le ha permitido utilizar nuestro abandonado territorio en reclamo.
Si a ver vamos ¿Qué queda fuera de la influencia comunista en América Latina? Colombia, con su conflicto guerrillero; Panamá, moderado con Venezuela; Costa Rica y Honduras, ahora Paraguay y Chile; México y pese al gobierno actual, Brasil por su estructura descentralizada y sus fuerzas armadas, pese al signo marxista de su gobierno.
Ciertamente, América Latina está amenazada de comunismo.
AMÉRICA LATINA: AMENAZA ROJA. (I)
Pedro Paúl Bello.
(www.paulbello.blogspot.com)
Nuestro subcontinente está, cada día más, bajo la amenaza roja que comenzó a manifestarse en años del siglo XX posteriores al término de la Segunda Guerra Mundial. La cabeza de playa que inició tal amenaza fue el régimen comunista que sembrara en Cuba, al inicio del año 1959, la triunfante aventura revolucionaria encabezada por Fidel Castro Ruz, que derrocara la dictadura de Fulgencio Batista. Desde la Sierra Maestra que sirvió de sede a su Cuartel General, Castro conquistó gran simpatía en los países de la sub-región y, tan pronto se instaló en el poder, intentó ganar el apoyo de algunos países de la misma, entre ellos Venezuela, Brasil y Argentina, de cuyos mandatarios solicitó apoyos económicos y políticos para su causa.
En Venezuela, Castro no convenció a un Rómulo Betancourt quien, deslastrado de su juvenil arresto comunista, había vivido la gran conflictividad del llamado “Trienio” cuyo gobierno ejerció por dos años y un mes, así como también, desde el exilio, la experiencia de una dictadura como la de Marcos Pérez Jiménez que persiguió, apresó y torturó a dirigentes de su ilegalizado partido Acción Democrática, así como también lo hizo con el partido Comunista de Venezuela, que había sido su aliado en la Asamblea Constituyente instalada en 1947. Los otros dos partidos democráticos, Unión Republicana Democrática y Social Cristiano Copei, pudieron “navegar” un tiempo, pero muy limitados en sus acciones y también sus órganos periodísticos y sus principales dirigentes fueron frecuentemente perseguidos y encarcelados. El Betancourt que asumió la presidencia era, sin dudas, muy distinto al de Costa Rica y al del “Trienio”: en efecto, Betancourt era ya un convencido demócrata.
Tampoco encontró Castro apoyo en el entonces presidente de Argentina Frondizi. Él decía que la Argentina pertenecía al bloque occidental y reclamaba participar en las decisiones de ese conjunto de naciones. Por eso retiró del país a cuatro diplomáticos soviéticos y a uno rumano. De manera que Castro, para sus escondidos planes de entonces, apenas contaba con el apoyo del presidente de Brasil que era, en 1959, Juscelino Kubitschek, del partido Social Democrático, pero su gobierno no lo iba a favorecer pues, elegido en enero de 1956, Kubitscheck dejaría la presidencia el 30 de enero de 1961, a diez meses de las diligencias del presidente cubano cuyo pensamiento no coincidía con el de aquél. En esa misma fecha, asumió el poder Juáo Goulart y, entonces, tal vez Fidel Castro se alegró mucho, pero Goulart estuvo muy poco tiempo en de presidente, al ser desplazado por los militares de Brasil, después de haber recibido una condecoración que le otorgó él mismo Castro.
Sin embargo, luego de sus fracasados intentos de recibir ayudas de Venezuela y Argentina, Castro desató en su país una despiadada persecución a quienes consideraba ser sus opositores y estableció de inmediato la práctica del “paredón”, por el que pasaron muchos de aquellos que Castro creía ser sus adversarios.
Luego fue la muy conocida y fracasada intentona, apoyada por los Estados Unidos, de la invasión por Bahía de Cochinos y, posteriormente, el casi conflicto bélico que significó el envío de barcos de guerra con misiles por la Unión Soviética, para reforzar su cabeza de playa que era una Cuba tan cercana a la poderosa nación del norte. Desde entonces, Cuba sobrevivió gracias al apoyo económico y militar que le proporcionó la URSS, hasta su derrumbe determinado por la Perestroika de Gorbachov, cuyo episodio final fue la caída del Muro de Berlín que significaba la ruina del poder castrista.
Pero Fidel Castro, que conoció muy bien los hechos de la guerra “asimétrica” generada por el Viet-Nam para combatir las fuerzas de invasión norteamericanas y que, antes, le habían iluminado para realizar, con apoyo en el Ché Guevara, una supuesta guerra asimétrica semejante a la vietnamita, pero en el sub-continente sur latinoamericano, proyecto que por su recorrido denominó “La media Luna”, fracasó con la gente de Bolivia y en todos los planes concebidos de avance hacia el norte.
Al caer el Muro de Berlín y sentirse sin apoyos y sin recursos, Fidel Castro, con su ágil mente, concibió volver al plan de la Media Luna, pero aplicado a las naciones del norte subcontinental: Venezuela, rica en petróleo y con capacidad para sostener a Cuba; Colombia, que pensaba el líder cubano pronto veía caída en manos de las insurrecciones guerrilleras; y el norte de Brasil, donde predominaban fuerzas afines al marxismo. De allí provino la fundación del “Foro de Sao Paolo”, en la idea de agrupar todas las tendencias políticas de la izquierda latinoamericana, incluidos los partidos menos radicales, con el objetivo --otra vez-- de desatar un conflicto generalizado con la potencia del norte.
En 1994, cuando Hugo Chávez, recién salido de la cárcel le visitó en La Habana, Castro descubrió haber encontrado el fenómeno político ideal para el alcance de sus propósitos. Evidentemente, si Chávez alcanzaba el poder en Venezuela, Cuba estaría apoyada y el conflicto proyectado contra “El Imperio” se facilitaba vía la conexión que, a través de la explotación petrolera, tiene Venezuela con los países productores del “oro negro”. En la mente de Castro debe haberse instalado la idea de desatar una guerra bi-hemisférica: el sur del mundo, pobre y desamparado en su subdesarrollo, frente al norte del mundo, rico y poderoso; y el oeste del mundo –particularmente el radicalista musulmán-- frente al este que supuestamente la ha despreciado históricamente.
Por eso, desde 1994 Chávez comenzó a visitar a todos los líderes radicales de los países musulmanes; a la Rusia no totalmente liberada del totalitarismo, así como otros mandatarios de regímenes de la misma naturaleza.
Cuando sale de la cárcel, Chávez rechazaba toda posibilidad de presentarse como candidato presidencial en las elecciones que habrían de realizarse en diciembre de 1998. Parece ser que, en tal sentido, le había convencido el tradicional y fallecido político Domingo Alberto Rangel. Sin embargo --posiblemente animado por algunas personas cercanas y tal vez por el severo desajuste que presentaban todos los partidos después de ser despojado Carlos Andrés Pérez de la presidencia, era de pensar que las elecciones eran lo adecuado y Chávez se convenció de que el camino de su propio proyecto era también este. Así ocurrió.
EL TEMA DE LA CONSTITUYENTE.
Pedro Paúl Bello
(www.paulbello.blogspot.com)
El ambiente político venezolano se ha visto casi saturado de solicitudes, por parte de respetables ciudadanos, para designar una nueva Asamblea Constituyente a casi catorce años de haber sido sancionada, por otra Asamblea Constituyente, la vigente Constitución Nacional.
Debo señalar que para entender la actual crisis político-institucional que vive Venezuela, es muy importante recordar que los países de nuestro subcontinente hemos vivido una casi perenne relación problemática entre Constitución y gobierno, sin tener en cuenta los intereses y necesidades de los ciudadanos. Por eso, necesariamente, hay que dejar de lado la simple consideración del texto constitucional para alcanzar un conocimiento profundo de las realizaciones concretas con base en las cuales se haga posible alcanzar un cierto grado de funcionamiento y consolidación de las expresiones reales del Estado, teniendo siempre presente no sólo las meras aspiraciones de los ciudadanos, sino el alcance cierto y concreto de sus reales intereses –a veces ignorados por éstos-- sobre todo, pero sin olvidar sus urgentes necesidades, en particular las de los sectores más desamparados.
Padeciendo bajo un régimen de clara vocación totalitaria, que controla todas las instancias de los poderes públicos sin que exista separación de la potestad omnipotente de un Estado centralizado y dominado por una “élite” política, el convocar a una Asamblea Constituyente en tales condiciones, constituye un riesgo de proporciones inmensas cuyo resultado puede ser la definitiva consolidación del Estado totalitario.
En la hermana República de Colombia, en 1991, se estableció una Asamblea Constituyente en medio de graves riesgos que entonces sufría la vecina Nación: crecimiento del narcotráfico con males como el aumento de la violencia; de la corrupción; la crisis política, un régimen político que muchos colombianos apreciaban como restrictivo propiciado con casi nulas posibilidades de participación política de otras fuerzas distintas a las del bipartidismo y una gran deslegitimación de la política tradicional que no representaba los intereses de los ciudadanos en general, además del conflicto armado colombiano de guerrillas y paramilitares contra el Estado.
La anterior Constitución Colombiana era entonces la de 1886, que durante su vigencia fue muchas veces reformada, pero desde 1957 el bipartidismo había aniquilado la posibilidad de reformarla.
Quien esto escribe, tiene la absoluta convicción de que es menester hacer de Venezuela un Estado verdaderamente descentralizado, con gran independencia de sus regiones o Estados cuyas acciones deben tener como prioridad el creciente bienestar de los ciudadanos, lo que corre en paralelo con el desarrollo efectivo de sus diversas potencialidades, lo que no contradice sino, todo lo contrario, refuerza al Estado Nacional en su conjunto y necesarios.
En una ocasión, hace ya algún tiempo, hablaba con el presidente Caldera, quien entonces presidía la Comisión para la Reforma del Estado, y le pregunté sobre su opinión de convocar a una Asamblea Constituyente --tema que como hoy, estaba en muchas bocas-- y él me dio una respuesta contundente: “Las Constituyentes pueden ser como cajas de Pandora si no se sabe lo que tienen adentro.” Tenía mucha razón: estábamos en el año de 1991; había ocurrido el “caracazo”; bajaba el precio del petróleo; los partidos políticos principales sufrían severas crisis internas. ¿Qué podría ocurrir en tales condiciones? A los pocos meses, el 4 de febrero, reventó un golpe de Estado cuyas fuentes se habían inoculado desde los años 70 mientras la “anti-política” corría dentro de muchas mentes y conciencias…
Lo demás es historia conocida. Hoy, tenemos que esperar que el tiempo cambie: todo tiene su momento y su hora.
EL OTRO PROCESO
En América Latina, hay dos “procesos”, para usar la muy manida expresión de los amigos del señor Chávez. Por una parte está el proceso que, en tiempos en los que estamos, se ha hecho “tradicional” por común. Es el proceso que, normalmente, han conducido los gobiernos del Continente que siguen ciertos patrones establecidos y ciertas “recetas”, casi siempre provenientes de regiones e instituciones extrañas a nuestra realidad. Ha habido un “modelo” --digamos tradicional-- de gobernar que no atiende directa, verdadera y sinceramente las necesidades y aspiraciones de las grandes mayorías de nuestros pueblos, que se sienten y están al margen, excluidas de la atención y de los propósitos de sus gobernantes. Que más parecieran ser “rellenos”, apenas útiles para legitimar gobiernos, pero que no son centro de preocupación ni objetivo principal de los planes, programas e intenciones de éstos.
Los rostros verdaderos de ese pueblo doliente se ocultan tras montañas de papeles que la burocracia genera en su estolidez, para ser olvidados en “importantes” reuniones que multiplica la dirigencia. Mientras, los partidos políticos, que se ido alternado en gobiernos de nuestros paises, de manera progresiva han venido perdiendo apoyo real y no cuentan más con aquéllas multitudes que, entusiasmadas, los respaldaron y acompañaron en el pasado.
Debo confesar que estamos en un vacío que, por omisión, hemos dejado abrir quienes no compartimos ni el populismo, ni el llamado neo-liberalismo salvaje y menos aún ese cadavérico proyecto de “socialismo del siglo XXI”, propiciado por los eternos derrotados de la ultra-izquierda latinoamericana, reliquias de un pasado doloroso que fue enterrado bajo el Muro de Berlín. Están imbuidos ellos en el “proceso” tan caro al señor Chávez y a su corte de alucinados.
Pero, al menos en América Latina, los pueblos que tanto ellos invocan --pueblos de los excluidos, de los desamparados, de los marginales-- han entendido que solamente ellos mismos y sólo mediante sus acciones, empeño y tenacidad propios alcanzarán, más temprano que tarde, acceder a los derechos y beneficios de una vida digna en Sociedad, como corresponde a la condición de persona humana que el Creador a todos ha regalado. Ignoran, los actores del proceso que está haciendo aguas en Venezuela, todo lo que estos pueblos están trabajando, en el tiempo presente, por rescatar su dignidad.
Ignoran que los llamados “pobres,” desde hace 20 años, se están organizando desde la frontera norte de México hasta Tierra del Fuego. Que están tomando en sus propias manos la gestión de sus vidas personales y familiares mediante acciones concertadas a través de diversas formas comunitarias de organización y de acción, pero no para hacer ninguna guerra, ninguna revolución de destrucciones y venganzas, sino para no depender de los cantos de sirena de un liderazgo en el que ya no creen, el peor de ellos el de nuestra más reciente y presente experiencia venezolana.
Ignoran que los esfuerzos de estos “pobres” están creciendo desde las bases donde hoy habitan y están logrando progresiva, pero sistemáticamente, conquistar cuotas importantes de poder en gobiernos locales. Hay ejemplos, desde hace más de veinte años, en multitud de localidades del Continente. En Perú, para dar algunos ejemplos; en la propia ciudad de Lima; en Cuenca, Ecuador; en Sao Paulo; en Manizales de Colombia; en varias zonas de Buenos Aires; en Talca, Chile; en Montevideo; en Quetzaltenango de Guatemala; en la región de Pará en Brasil; también en Brasil en Fortaleza y Maruhuapí; en Bolivia, en las cercanías de Cochabamba; en Santiago de Chile las mujeres mapuches; en todo el Uruguay...
¿Qué han logrado?
A veces apoyados por ONGs, pero en igual proporción mediante actuaciones generadas a partir de sus propias organizaciones, han creado Mesas de Concertación que son verdaderos concejos de articulación entre el poder público local y municipal con las ONGs y los grupos de participación; han logrado compartir atribuciones con los Concejos Municipales en cuanto a las decisiones que les atañen;
han alcanzado llevar a su realización propuestas que provienen del sector popular; han constituido Foros Mixtos para el desarrollo económico de sus zonas; han hecho que sean reconocidas diversas expresiones de economías informales; han cambiado usos de suelos de zonas urbanas; han creado bancos de segundo piso; han incidido en intervenciones en las que se reconoce al sector informal en áreas de servicios públicos, campo ambiental, recolección y aprovechamientos de desechos y basuras.
Existen Concejos Municipales que se han entendido con representantes de la Comunidad organizada y no solamente los ediles electos, para aprobar presupuestos participativos con posibilidades de que los pobladores determinen y controlen las secciones y partidas que se destinan a ellos; han logrado que se constituyan Fondos para financiar grupos de productores populares; han propuesto, como derechos constitucionales, políticas que concibe la población organizada; han hecho crear mecanismos contra su exclusión informativa.
En materia de hábitat y vivienda, hay importantes acciones de gestión participativa a niveles de barrio, sector, calle, etc. En Argentina, por ejemplo, hay regadas en casi todo el territorio de esa Nación muchas organizaciones sociales integradas por vecinos y empleados que han desarrollado cooperativas de participación comunitaria que, con autogestión (que no es necesariamente autoconstrucción), proveen servicios, construcción y mejoramiento de viviendas y pueden administrar directamente fondos públicos consignados para ello. Una de ellas --hace ya veinte años-- controlaba el 40 por ciento de los ingresos municipales recaudados mediante impuestos y derechos de construcción en su Municipio. Hay multitud de casos de Fondos Rotativos de créditos para financiamientos de cooperativas y organizaciones comunitarias de vivienda. En el Uruguay, después de tres décadas, han desarrollado y fortalecido el sistema de cooperativas de vivienda de ayuda mutua, cuya Federación es, tal vez, la organización popular más importante de ese país, incluidas las Centrales de trabajadores.
El proceso popular en lo que concierne al hábitat no se limita a la producción social de éste y las viviendas, sino que interviene en temas como los de: la educación formal; abasto y consumo; salud en cuanto a atención y prevención; seguridad interna de sus zonas; equipamientos urbanos en general; cultura y deportes; atención de grupos especiales, sean por defecto o por exceso; trabajos de atención para niños, jóvenes y ancianos; mejoramiento ambiental, con casos en los que tratan el agua y con ella se cultivan flores que generan economías. Hay, por lo demás, innumerables formas de generar recursos. Con ellos se fortalecen las economías populares.
Toda esta acción popular comunitariamente organizada, supone, como es obvio, una fuerte incidencia en el refuerzo de la lucha por los valores democráticos. La organización popular es esencialmente democrática, porque en ambientes de opresión y sin libertades no florecen las indispensables armonía, solidaridad y entendimiento entre los seres humanos.
Durante la última década el crecimiento del otro proceso, no dirigido ni manipulado por gobiernos o partidos, ha sido enorme. Si hace diez años había unas quinientas municipalidades que, en la América del Sur y en íntima relación con sus comunidades, desarrollaba tales actividades, esa cifra, para el presente, debe ser multiplicada por diez. El crecimiento y desarrollo de “el otro proceso” es continuo e irreversible.
Ese es el otro proceso. El proceso propio de esas mayorías que han sido llamadas marginales y excluidas porque no habían tenido acceso a los beneficios de la vida en Sociedad. La democracia, para esa parte sufriente de pueblo que es el pueblo nuestro, es cada vez menos un conjunto abstracto de postulados según los cuales cada uno es “ciudadano”, abstracto sujeto de derechos intangibles e inalcanzables, para venir a constituirse, sobre la aspiración de realidades concretas que corresponden a las necesidades de un hombre situado, como lo llamó George Burdeau, esto es, inserto en un tiempo y en un espacio reales y en contacto con semejantes, también reales, con quienes comparte aspiraciones, pretensiones, angustias, ilusiones y esperanzas.
Edifiquemos una nueva sociedad.
No se trata de sacar de la nada una sociedad nueva sino, en cierto modo, de actuar para hacer que ésta, alcance a ser más desarrollada, más justa y más humana. Nos hemos acostumbrado a entender el desarrollo en términos económicos, científicos, intelectuales, físicos, electrónicos, etc., pero olvidamos que el verdadero desarrollo es el humano. Este no es tener más cosas, sino ser más que conduce a amar más, para vivir en la verdad y alcanzar la libertad. La sociedad nueva que debemos edificar nos exige, entonces, como cristianos, que nos liberemos del ego, del yo, sea en lo político, lo económico y lo social, para ocuparnos del otro, como decía Maritain, eligiendo “el existir con el y el sufrir con él y hacer propios sus penas y sus destinos.”
Dividiremos esta conversación en dos partes: Primero les propongo un recorrido veloz para que, desde nuestras fuentes raigales, recordemos nuestra evolución histórica con sus avances y retrocesos, siempre presentes en la evolución de toda Nación. Después, hagamos algunas consideraciones que proceden de nuestra Fe y de la Doctrina Social de la Iglesia.
Primera parte.
Desarraigo.
Venezuela nació y se ha mantenido como una sociedad invertebrada, utilizando el término de Ortega sobre su España. En el origen fueron el desarraigo y la exclusión. Nuestro mestizaje en sus 3 fuentes originarias y la estamental Sociedad entonces establecida, así lo determinaron:
a) El español, aventurero, segundón o preso liberado, fue un desarraigado de su propio mundo. Vino, pues nada tenía que perder, a un mundo distinto y extraño. Su prototipo era el hidalgo. Conquistadores y colonizadores eran guerreros y aventureros, no industriosos dados al trabajo productivo. Su éthos era el de la subjetividad: lleno de sí mismos; soñador e ilusorio buscaba su propio descubrimiento soñando grandes hazañas y buscando fortunas.
b) El aborigen era de tribus muy diversificadas: desde nómadas hasta con culturas significativas. Despojados en su mundo de usos, costumbres, vida organizada, creencias, y los reimplantaron para vivir formas de cultura impuestas a la fuerza. Ese desarraigo en su mundo, introdujo en sus genes: desconfianza, hostilidad, miedo e inseguridad que arrastrarían por siglos.
c) Los africanos, capturados en su mundo, fueron embarcados para ser vendidos en tierras descubiertas por españoles y portugueses, utilizados como esclavos para trabajos que no podían realizar los indígenas. Separados de su mundo cargaron con la peor parte en condiciones de abyecta esclavitud.
Como expresó Uslar, nuestras fuentes étnicas tiene expresiones muy positivas, pero el desarraigo originó la inseguridad de quien no tiene algo propio para proyectarse al futuro. De allí sus supuestos defectos: indecisión, inseguridad, desconfianza, despreocupación, desinterés, provisionalidad, flojera, lentitud, rasgos todos derivados del desarraigo.
Sociedad estamental y conflictos.
Constituidas una sociedad se desarrolló temprana conflictividad: De los 2 grupos llamados “inferiores” del estamento, procedieron los primeros y más importantes conflictos que, después, se extendieron hasta inicios del siglo XX. A mediados del siglo XVI ya había una auténtica guerra. Entre los primeros alzamientos, el más conocido es el del Negro Miguel. No fue el primero; desde 1530 se extendía el fenómeno. Estas sublevaciones fueron guerra civil en todo nuestro territorio que se prolongó a los siglos XVII y XVIII con formas iguales o distintas.
El estamento colonial tenía varios niveles: de los blancos españoles a los criollos y luego, descendiendo, formas de mestizajes enumeradas según más lejana fuese la ascendencia negra o aborigen en su mezcla con blancos. Cada grupo del estamento quería alcanzar los privilegios del inmediatamente superior, pero los negaba al inmediatamente inferior: los blancos criollos querían privilegios de los peninsulares, pero los negaban a los sexterones; igual todos los demás. El mestizaje y el estamento fueron fuentes de la invertebración aún no superada.
Cabildos.
Los criollos controlaron los cabildos y adquirieron gran poder en la Capitanía General. Los Cabildos defendían los derechos de los criollos y de toda la población, en especial contra la Guipuzcoana, creada tarde por el Reino para controlar una provincia incontrolable, abandonada al saberse que sus riquezas eran mitos de los aborígenes.
El Cabildo de Caracas fue factor básico de la independencia. De Caracas nació la separación de todas las Colonias españolas, pero no fue fácil de lograr: Maracaibo, Coro, Guayana y otras, se negaron a separarse de España por temer que Caracas las dominara. Es otro elemento raigal de la invertebración.
Independencia.
Declarada la guerra, los españoles liberaron sus esclavos aborígenes y africanos que, casi en su totalidad, se sumaron a la causa realista. La minoría patriota perdió rápidamente la 1ª República, por obra de Monteverde y la 2ª por Morales, ya fallecido Boves. La grave conflictividad de siglos anteriores se mezcló entonces con la lucha independentista. Era ya una guerra civil.
República.
Disuelta la Gran Colombia, comenzó la 4ª República de Venezuela bajo el 1er gobierno de Páez (duró hasta 1864: cuando se denominó EEUU de Venezuela). En los gobiernos de la “Oligarquía Conservadora” Venezuela vivió tiempos de paz y orden. Eso lo destruyó el 1er gobierno de JT Monagas: en su tiranía tropas asaltaron al Congreso. Su frase “La Constitución sirve para todo” ha perdurado en bocas y actos de varios gobernantes.
Guerra Civil y Dictaduras.
Entre 1859 7 1863 se desarrolló una guerra civil cuyos abanderados fueron Ezequiel Zamora y Juan Crisóstomo Falcón. Localizada especialmente en el contro-occidente del país prácticamente lo destruyó todo, ya antes dividido en una especie de feudalismo criollo, con militares dueños de territorios como señores feudales que designaban y derrocaban presidentes como “primus inter pares.” Terminada la guerra resalta la dictadura de Guzmán Blanco que duró 17 años en él poder. Luego la de Crespo, quien había mandado en uno de los interinatos de 2 años establecidos por Guzmán. Posteriormente, el breve gobierno de Andrade derrocado por Cipriano Castro en 1899, a su vez derrocado por Gómez en 1908. Cuatro dictaduras en menos de 40 años. Pero si retrocedemos a 1854, cuando subió al poder J.T.Monagas, hasta 1935 cuando murió Gómez, encontraremos que en 88 años los venezolanos no cesaron de vivir entre guerras y tiranías.
En ese largo tiempo, la mayor parte de la población, permanentemente abandonada, se defendía como podía: de allí surgieron los “pájaros bravos” del “póngame donde haiga” que vivían a la sombra de los caudillos, así como los vivos de siempre. Lo demás es historia más reciente y más fresca.
Se preguntarán Uds. ¿por qué hablar de esto de todos sabido? Pues, porque en esos 88 años, entre 1847 cuando JT Monagas asumió el poder (con engaño) hasta diciembre de 1935 cuando murió Gómez, los venezolanos no cesaron de vivir entre guerras y tiranías. Es de allí que la gran mayoría de nuestra población vivió el peor desarraigo y abandono que imaginarnos podamos y la continua y explicable no integración a una realidad social que no sentían suya.
Gómez ejerció feroz tiranía contra sus opositores pero, se rodeó de las mejores mentes. Su gobierno de 27 años, ordenó el país caótico que antes fue la Venezuela desde Monagas hasta el final del gobierno de Castro. Gómez anuló el caudillismo, creó su propia fuerza armada con fieles andinos; creó la Hacienda Pública con brillantes personas y con recursos de la producción. El Super-caudillo, había fundado el Estado moderno en Venezuela. Se veía posible la apertura de un camino que, en el futuro, superase la invertebración.
ALGUNOS FACTORES DE LA INVERTEBRACIÓN Y POR TANTO DEL ATRASO.
1º. Invertebración. Hemos formado una sociedad nacional invertebrada en lo poblacional y en lo sociopolítico. A 500 años del Descubrimiento y dos siglos de independencia, no hemos construido una sociedad con instituciones, organizaciones, espacios públicos o privados, que, integrados, funcionen coherentemente en vista de finalidades comunes: los hemos amontonado por centenares y multiplicado generando confusiones y contradicciones que han impedido su funcionamiento. La vivencia de la ciudadanía es sentimiento no traducido en hechos y en compromisos sostenibles asumidos con la Nación y la población. No hay sentido de ciudadanía en alta proporción de venezolanos.
2º. La Paz. Venezuela ha sido un país en desesperada búsqueda de paz. No podría ser distinto, como lo expresó Juan Liscano en breve libro, “La integración nacional venezolana se efectuará a sangre y, no precisamente como proyecto explícito, sino como consecuencia de las matanzas y del horror de la historia, como fruto de un exceso de males”. Incluye la etapa de Independencia y todo el siglo XIX. Siglo de conflictos, que significó para el país destrucción, desolación, dolor y muerte sin solución de continuidad con las anteriores y continuas sublevaciones de los oprimidos, o con posteriores guerras intestinas de permanentes enfrentamientos entre jefes del caudillismo feudal que frustraron las ilusiones subjetivas de los venezolanos: allí nacieron la sumisión y la conciliación, vías preferidas para resolver conflictos.
3º. El pueblo. No tenemos conciencia de ser un solo pueblo, no lo somos en sentido histórico y funcional verdadero. “No hemos llegado a la definición del ‘pueblo histórico’ que se necesita para la fragua de la nacionalidad” . El mal viene de la sociedad estamental y se expresa en “la tentación recurrente de acudir a la negación de todo pasado.”
4º. La negación. Terminada la guerra de independencia, comenzamos por negar a España; después al Libertador; luego del período de la Oligarquía Conservadora, JT Monagas negó ésta y se inició una cadena continua de negaciones de cada gobierno a su antecedente que, con pocas excepciones, ha llegado hasta el presente.
5º. Populismo. Así se califican numerosos sistemas políticos de distintas naturalezas. En América Latina es diferente: es un fenómeno político que reúne intereses contradictorios de los sectores sociales que lo integran, por lo que su destino es estrangularse con el tiempo. Dura mientras logre equilibrar fuerzas sociales más desarrolladas con “masas” políticamente manipuladas. Común en latino-américa, debutó tardíamente en Venezuela con el golpe de octubre de 1945. El llamado “Estado Tradicional” había perdido la capacidad de gobernar en un mundo que, a partir de la crisis económica de los años 30 y de la 2ª Guerra Mundial, era otro. AD, que asumió el poder, implantó el modelo que se mostró agotado el viernes negro de 1983.
6º. Anomia, Matricentrismo familiar y Familismo amoral. Son tres elementos de nuestra realidad social, estrechamente ligados entre ellos, que significan factores que impiden a la mayor parte de la población superar el atraso.
Anomia. Tres venezolanos, Massimo Desiato, Mikel De Viana, y Luis De Diego, publicaron un trabajo sobre la anomia. Significa “ausencia de Ley; de su respeto o cumplimiento, así como la presencia de situaciones sociales consecuentes a carencias de normas o de su degradación en el seno de una Sociedad determinada”. En una sociedad bien establecida, los esfuerzos de las personas permiten alcanzar logros propuestos. En Venezuela no, porque no hay relación entre esfuerzos y logros, y tampoco entre faltas y sanciones. El “poder”, en sus varias expresiones y mediante influencias, históricamente ha desviado esa orientación de manera que “nunca ha existido la indispensable vinculación que debe haber entre esfuerzos y logros con méritos y premios; así como también, en la opuesta situación, en la que faltas o crímenes deben tener su correspondencia en sanciones o castigos.” En su trabajo, los autores presentan ejemplos de esa realidad, entre ellos: “por vía de tales desviaciones se ha llegado a que, en muchas ocasiones, la víctima o el acusador resulta ser convertido en acusado y el delincuente o criminal pueda ser premiado;” o el caso –para abreviar—de un joven que, con gran esfuerzo y sacrificio, se empeña en adquirir algún conocimiento mediante el estudio, mientras un vecino, joven también, se enriquece vendiendo carros que roba. El primero ha de tener gran convicción y fuerza de voluntad para no seguir el ejemplo del segundo. En el fondo el problema está en que los valores supremos de nuestra cultura son el éxito económico y el prestigio social, pues se transmiten “como metas incontestables para todas las clases sociales”.
Familia matricentrada. Investigadores de la talla del P. Alejandro Moreno, del desaparecido José Luis Vethencourt y de muchos otros, han profundizado este fenómeno social de gran arraigo en el país, que prevalece en rangos que superan el 70% de las familias. Es esa realidad según la cual el hombre abandona el hogar y la mujer queda a cargo de todo lo que este significa, pero recurre a otro y a otros que siempre van a abandonarla. Conocemos las consecuencias de esa realidad familiar en nuestro país. Sólo quiero destacar una realidad: Si la “casa”es la puerta por la que el ciudadano da su primer paso de ingreso en la sociedad (después el sector; luego el barrio, la urbanización; la ciudad y finalmente la nación), la familia como primer e inmediato elemento de socialización juega un rol muy principal en lo que es la conducta ciudadana. Como bien lo expresó Rafael Tomás Caldera: “El hogar es el primer sitio donde uno puede sentirse como perteneciendo”. Sí. Es a partir de la casa que se define si la persona se integra en la sociedad o se mantiene al margen de la misma. Si en la casa es aceptada y valorada será de una familia y, por ello, será también de una sociedad, de su nación; de todo un mundo. Tendrá sentido de pertenecer a, de formar parte de: estará integrada, incluida en la realidad.
Pero este punto de partida no depende de la condición social, sino de la propia auto-realización personal. Quien se siente sólidamente plantado y afirmado en su hogar primero, sentirá que también su yo está afirmado en su propio ser y podrá actuar con vitalidad creadora en distintas situaciones, pues se interpreta y concibe positivamente. Quien carece de hogar verdadero no puede hacerlo.
Familismo amoral. Expresión original de Edward Banfield que utilizan y siguen de cerca los ya citados autores. Es pensable que tal fenómeno sea hijo del tipo de familia antes visto. La familia matricentrada conoce numerosos y diferentes padres, e incluye también numerosos padrinos, primos, sobrinos y amigos. Ese grupo, relativamente grande, se caracteriza, mayormente, por el hecho de ser cerrado sobre sí mismo y ocuparse sólo de sus propios intereses. Son “grupos primarios de pertenencia.” La primera consecuencia de esta extendida actitud, es que bloquea iniciativas de quienes voluntariamente trabajan para servir a las comunidades, pues sobre esas personas recaerán sospechas de tener intereses propios, pues sus propósitos son insólitos en medios en los que la mayoría de la gente no actúa de semejante manera. Por otra parte, los grupos de población más débiles favorecen opciones de regímenes autoritarios y de fuerza pues, les atribuyen a los gobiernos democráticos, la debilidad de permitir situaciones caóticas en las que cada cual actúa como más le convenga.
Esta reflexión torna a señalar la imperiosa necesidad de enseñar al pueblo. Enseñanza que debe incorporar la condición indispensable de hacer que cada uno de los miembros de la sociedad sienta que es digno como persona; que aprenda a defender sus derechos y a cumplir sus deberes; que esté dispuesto a trabajar siempre, en esa sociedad, para alcanzar mayores espacios de libertad de independencia de todos, presupuesto básico que abre más horizontes en el que puedan ejercer su libre albedrío. Es muy importante la educación para la formación de ciudadanos a fin evitar el aislamiento en vínculos familiares y en relaciones de círculos primarios de pertenencia.
7º. La pobreza. El significado de pobreza es ausencia de, esto es, carencia o privación. En lo económico no se limita a carencia de bienes con valor económico o simplemente dinero. Los diferentes y múltiples aspectos de la pobreza interactúan entre ellos y cada uno se hace causa de otras formas de la misma. La pobreza de conocimientos o ignorancia es causa de pobreza económica y, viceversa, la carencia de medios económicos es causa de ignorancia. La marginalidad cultural engloba todas las formas de pobreza pues, como lo expresa Carlos Zuloaga Oropeza, “encierra a todas las anteriores clases de marginalidad. Es la radicación permanente, en la conciencia del individuo, de maneras de pensar y hábitos de conducta enmarcados dentro de una estructura humana que está jurídica, económica, intelectual y hasta éticamente al margen de la sociedad constituida” . Hay pobrezas económica, jurídica, intelectual, ética. Venezuela está fuertemente determinada por esas pobrezas.
8º. El Petróleo. El petróleo que podría ser un don del cielo, parece lo contrario. Descubierto en el siglo XIX, generó ingresos bajos para los primeros explotadores; luego, lentamente crecientes para el Estado desde el inicio de los años XX, en el gobierno del Gral. Gómez. Como no se conocía el manejo de su explotación, empresas extranjeras (de USA) se encargaron de ello. Hasta principios de los años 40 del pasado siglo, fue fuente de desarrollo e inversión productiva en aquellas áreas de explotación de empresas extranjeras; desde mediados de los años 40 y hasta el presente, ha sido sólo factor de capitalismo rentístico del Estado. Dos errores, a mi juicio garrafales, determinaron esa última realidad. Después, primero unos privilegiados y luego el país entero, nos embriagamos con líquido negro. Nos dio por creernos ricos; pensar como ricos y vivir como tales. Se modeló una mentalidad no superada, que habremos de superar si, en verdad, queremos alcanzar metas humanas, culturales, políticas y económicas que el deber ciudadano nos impone.
Todo lo anterior responde a una parte de la realidad de más de 5 siglos y 2 décadas de nuestra historia; parte negativa, que nos demuestra y hace pensar en lo que hemos llamado invertebración. Tenemos, partes muy positivas y valiosas, como es la inserción del hombre en el Cristo vivo a través del cual puede encontrar caminos abiertos hacia un profundo humanismo que es la finalidad de todo desarrollo personal, pero no ha penetrado aún en mentes y conciencias de muchos venezolanos. Esto nos interpela a todos, en particular al laicado, a pensar y actuar a fin de que cada persona crezca en humanidad y sea más, de acuerdo al destino que le ha propuesto el Creador, quien a todos confia la misión del desarrollo solidario de la humanidad.
¿Cómo ir edificando una nueva sociedad?
El Cap. IV de la Constitución dogmática de la Iglesia del Concilio Ecuménico Vaticano II trata el tema de los laicos que, como sabemos y recuerda el Nº 31 del Capítulo, somos “todos los fieles cristianos a excepción del Orden sagrado y del estado religioso aprobado por la Iglesia” y que “hechos partícipes a su modo de la función sacerdotal, profética y real de Jesucristo, ejercen, por la parte que a ellos se refiere, la misión de todo el Pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo.” Define el mismo texto que lo temporal es “propio y peculiar de los laicos” quienes deben “por propia vocación” y según Dios, tratar y ordenar asuntos temporales a los que estén estrechamente vinculados conforme a sus competencias. El mismo capítulo señala algunas actuaciones como el trabajar por un “reino de justicia, de amor y de paz”…“libre de la esclavitud de la corrupción”, y asuntos relativos al trabajo humano, la cultura, la técnica, concluyendo: “lo que es el alma en el cuerpo, esto han de ser los cristianos en el mundo.” Recordemos esto al considerar los graves problemas que hoy confrontamos, pero que nos emplazan a actuar, de manera pacífica o no violenta, pero también no pasiva, ante la presente situación que llama a participar, hasta el fondo, a todas las fuerzas sociales y a las capas profundas del pueblo en un muy duro esfuerzo de solidaridad.
El Papa Paulo VI, en su Encíclica Populorum Progressio, recordó que “la paz es la obra de la justicia” -por tanto, sin justicia no hay paz- y que el desarrollo es “de todo el hombre y de todos los hombres”, por lo que toda persona tiene el derecho y el deber de desarrollar el inmenso potencial que el Creador le ha dado y que una gran mayoría ignora poseer. Es esa hoy, a mi manera de ver, parte de la misión fundamental para nuestra Iglesia en general y del laicado en particular. Ante tal ignorancia, de lo que se trata es de enseñar.
¿Enseñar qué? Nuestro histórico problema de país, es que falta una conciencia de pueblo que se base sobre viejos y permanentes valores trascendentes. Esa ausencia limita el crecimiento del ser-persona del pueblo, entendido como conjunto de todos los miembros de la sociedad, sobre sus verdaderos intereses y reales necesidades. Se trata, primero, de auténticos intereses de la población y solamente luego, de necesidades. Así, creo, debe comenzar el trabajo de una nueva edificación de la sociedad.
Pero, además, es necesario más: hacer ver que si el país no posee ideas para interpretarse a sí mismo y su población no adquiere conciencia de la misión de cada persona en él, no es un país. Adquirir esa conciencia supone alcanzar un sistema espiritual integral que dé dimensión completa de la existencia, para que el ciudadano, entonces, pueda darle sentido a los medios que su mundo le ofrece para realizar su fin. Un país, un pueblo, una sociedad no pueden vivir sin tratar con el mundo, con su entorno, actuar en él y ocuparse de él; si no crea un sistema del universo, completo y solidario, sobre el cual su ser descanse.
El principal y fundamental interés es el que cada venezolano conozca y sepa hacer respetar su eminente dignidad de persona humana. Para eso debe entender qué es eso. Es indispensable ayudarle a saberlo. Enseñarle en qué consiste esa dignidad y por qué y para qué la posee: cada venezolano debe saber que la persona humana --que él es-- no es accidente ni resultado de casualidad alguna, sino de una causalidad que es la voluntad del Creador que le dio vida y le hizo persona. Que Él le hizo inteligente; le dio la razón para pensar y actuar; libertad interior que le hace dueño absoluto y responsable de sus actos; conocimientos naturales para, aún en medio de sus posibles pobreza e ignorancia, distinguir lo que está bien hacer y lo que está mal; y que, aunque ese conocimiento lo orienta hacia el bien que es el Creador, con su libertad interior o libre albedrío, que no determina sus actos, puede optar por hacer el mal, pero que es responsable de todos sus actos libres, sean buenos o malos; que de esa responsabilidad dará respuesta a su Creador y ante las instancias jurídicas de la tierra en la que nació, o en la que haya adoptado para vivir.
Además, que el Creador le hizo para que desarrolle el inmenso potencial que como persona le dió: capacidades de entender, crear, analizar, juzgar, apreciar, para aplicarlas en todos los campos del hacer y del saber humano. Que el humano es sociable por naturaleza y no por razón de pacto o contrato alguno; que en la Sociedad que constituya con sus semejantes ha de encontrar condiciones para que le sea posible desarrollar el potencial que ha recibido, que no es sólo para él, sino también para los demás; que en la Sociedad hay otra forma de libertad, no ya la interior, sino la externa o libertad de independencia que es no coacción sobre sus actos: no es don, sino algo a conquistar con sus semejantes en su propia Sociedad. Inseparable es la justicia, y significa que cada cual merece recibir lo que le corresponde y debe respetarla y hacerla respetar ante quienes son responsables de dirigir la Sociedad como gobierno. Después, saber que todos los humanos somos iguales en dignidad como personas pero distintos como seres que existen de manera concreta: somos existencialmente diferentes e irrepetibles en el tiempo y el espacio. Además, que hay otra forma de igualdad, y es la igualdad de oportunidades, por la cual todos, en la Sociedad, tenemos derecho a que ésta nos garantice la posibilidad de alcanzar, de manera libre y voluntaria, el propio desarrollo personal mediante ese gran potencial recibido. Nociones, éstas, básicas que, con otras, son el fundamento de los intereses que una población debe reclamar y defender pues son derechos que se unen a los deberes que se deben cumplir.
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En su Carta Encíclica “Caritas in Veritate”, el Papa Emérito Benedicto XVI señala que “la caridad, o amor, es la vía maestra de la Doctrina Social de la Iglesia”, y es “la principal fuerza impulsora del desarrollo de cada persona y de toda la humanidad”. Defender la verdad es una de las “formas exigentes e insustituibles de caridad”. No es “bello gesto” porque si nuestro corazón no acepta dar la otra túnica y agradecerle a quien la recibe, muestra que aún no está en el camino del Señor. La justicia social es muy importante, pero el Amor es su condición previa. La gente necesita generosidad, gratuidad y amor.
Como lo expresó el Concilio Plenario de Venezuela, la Iglesia que somos todos y, en particular el laicado, tenemos la responsabilidad de contribuir en “la gestación de una nueva Sociedad”. Hay muchas derivaciones de esa tarea que es urgente. Es menester enseñar con visión muchos aspectos de nuestra Fe que, por actualizados se presentan como nuevos, pero no lo son. El tiempo nos limita a considerar solo dos: El conocimiento de Dios y algunos puntos, entre tantos, que contiene el Concilio.
El conocimiento de Dios es un hecho natural, de manera que si preguntamos: ¿Cuántos de los creyentes tienen conocimiento teológico o filosófico sobre la existencia de Dios? encontraremos porcentajes bajísimos ¿Qué demuestra eso? Demuestra la realidad del conocimiento natural que el hombre tiene de Dios. No es que los esfuerzos teológicos y filosóficos alcanzados, o por serlos, sean inútiles o innecesarios. La razón tiene un papel muy importante para profundizar en ese conocimiento naturalmente alcanzado por la criatura humana: Cubre desde el sentido y finalidad de la existencia y vida de la persona hasta el significado de toda la Creación. Muestra que la dependencia del propio conocimiento de sí, para cada persona, es inseparable respecto al de Dios. Pero del mundo en que vivimos en estos inicios del tercer milenio, bien, y con mayor razón que para aquellos anteriores tiempos, podría repetirse lo que decía Bossuet: “No más razón ni parte elevada: todo es cuerpo, todo es sentido; todo está embrutecido y enteramente por tierra”. Todo se vive hoy teniendo a la verdad y a la mentira como iguales en la razón y en el espíritu: hay absoluta tolerancia de lo falso. La palabra no refiere ya la realidad de las cosas, para apenas significar sonidos; signos insignificantes de vanidades. Por eso nadie refuta lo falso, razón por la cual éste es casi absolutamente tolerado y, como se es libre de pensar en el error, para muchas mentes da lo mismo la verdad que la mentira, el bien o el mal. El absurdo se ha enseñoreado y espíritus “ilustrados” aceptan la contradicción en los términos: “el bien es el mal”; “el sí es el no”; “el ser es la nada”. Pero enseñaba Platón que hay dos direcciones de orientación del alma: una conduce a la verdad; otra al error. Al espíritu humano, a través del entendimiento, se presentan realidades que son contingentes: que son pero podrían no haber sido; que son mutables y limitadas, valga decir, cambiantes y no perfectas como lo expresó también Platón, quien a esas realidades opuso las ideas eternas. Después, como Platón, tanto San Agustín como Bossuet y otros, concluyeron que esas ideas infinitas están en Dios. De allí que, platónicamente dijera Bacon de los espíritus falsos, que son “comparables a espejos sin simetría que reflejan sólo imágenes deformes”. Las Ciencias no pueden ni podrán explicar el origen de los entes que tienen existencia real; ni el origen último o causa eficiente del Universo; de la Tierra que está en él; de la infinidad de entes, vivientes o inertes que en ella existen. Se remiten sus inicios a “leyes de la naturaleza”, pero sin poder indicar el origen o causa eficiente de esas leyes. Lo más que, en tal sentido, ha podido lograr el avance del conocimiento científico, es la formulación de nuevas hipótesis para sustituir anteriores cuyas tesis y juicios se cubren bajo más amplias y profundas interpretaciones, pero sin pruebas indispensables para de ellas afirmar “ésta si es la verdad”.
Los humanos cultivamos poco --o cultivamos mal-- el formidable regalo que el Creador nos dio al dotarnos de razón. También, o no conocemos, o poco, la distinción entre cuerpo y alma: Bossuet decía: ¿Cuántos hay “que salgan un poco de esa masa de carne y separen de ella su alma?” Es que la irreligiosidad y su consecuente entrega a los sentidos, priva al espíritu de las virtudes. Este hecho, de tal manera generalizado, con una nueva “moral” que elimina distinguir entre el bien y el mal; una metafísica que conduce al ateísmo y una lógica que liquida las leyes que fundamentan el raciocinio, no podría no haber conducido a una parte de la Humanidad, como en efecto la ha conducido, a la conclusión de que Dios no existe. Pero si se acepta que “Dios no existe” no queda argumento para no aceptar aquel decir según el cual el Ser es la nada. Valga decir: no existe. En efecto, lo que ha sido afirmado con la expresión “Dios no existe” es que el Ser, en su más elevada concepción y entendimiento, no existe. Entonces, el Ser es Nada absoluta.
Es menester recorrer, de manera sencilla y elemental, algunos aspectos pertinentes de la historia de la filosofía de modo que, confrontados con la Fe cristiana, permitan reconocer orígenes y resultados de tan graves desviaciones de la razón humana, hasta el punto de que se vea amenazada la deseada e indispensable relación entre el Creador y sus criaturas. Para alcanzar ese cometido, conviene refrescar algunas expresiones del conocimiento histórico-filosófico de la Humanidad sobre la idea de Dios y, así mismo, señalar sus caminos respecto a la idea y fines de la Creación.
Bien se expresó el Concilio Plenario de Venezuela al señalar en la introducción (Nº 3) que “Esa nueva sociedad, cuyo anhelo hunde sus raíces en la esperanza cristiana, surgirá sólo como resultado del esfuerzo comunitario y armónico realizado en los ámbitos social, cultural, económico y político por todos los hombres y mujeres que habitamos en Venezuela, y exigirá el aporte que los católicos hagamos en la línea de la Nueva Evangelización”, lo que fue llamado como “Civilización del amor.” Ello será configurado, se afirma, “a través de un proceso de desarrollo integral sostenido y solidario que, con lo económico, abarque “las dimensiones culturales, trascendentes y religiosas del hombre y de la sociedad”, lo que va a exigir “responsable solidaridad como principio ordenador de las nuevas relaciones”, todo enmarcado dentro del fenómeno de la globalización universal en sus distintos niveles económicos, políticos y culturales de un mundo que ha de ser más pluralista, secularizado y participativo, como lo han señalado, en sus Encíclicas y documentos, los Papas, en especial, en lo reciente, Paulo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI.
El análisis del Concilio se centra en cuatro ámbitos de “núcleos problemáticos” caracterizados: El económico “por la existencia de un sistema dominado por el individualismo, el afán de lucro y la agudización de las desigualdades sociales”; el político “por la falta de participación y organización ciudadanas en la línea de la libertad y la justicia”; el social “por la disolución del núcleo familiar, el progresivo empobrecimiento del país, el grave deterioro general, y las fallas en la valoración y respeto a los derechos humanos”; y el ético cultural “donde se observa una acentuada pérdida del sentido moral, expresada en el poco aprecio por los auténticos valores humanos.” La génesis de esta conflictividad de “núcleos problemáticos” tiene que ver, en sus diferentes aspectos, con las apreciaciones ya consideradas en la 1ª parte de esta charla.
En el numeral 2.2. (77) del mismo documento conciliar, al iniciar el tratamiento sobre las exigencias del amor, se dice: “Ante la dramática situación económica, social, política y ético cultural del país, la Iglesia en Venezuela se siente interpelada por las palabras del Señor: “En verdad les digo que cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron” (Mt 25,40).Luego, en el mismo numeral (80), el documento conciliar así se expresa: “Por esto, la Iglesia en Venezuela está urgida a renovar la unión con Dios y a volcarse con la fuerza del amor a una intensa y eficaz acción transformadora de la sociedad, saliendo de círculos cerrados. La invitación del Señor Jesús a sus discípulos, a ser sal de la tierra y luz del mundo, de manera que al ver sus obras los demás puedan dar gloria al Padre celestial (Cf. Mt 13,13-16), la compromete como discípula y testigo del Señor a afrontar con decisión los desafíos que le plantea la realidad venezolana.”
CULTURA.
En general, se entiende por cultura el orden que el ser humano crea para enfrentarlo al mundo natural.
Algunos señalamientos del Concilio (Doc 13) sobre la cultura en Venezuela:
1º “La cultura expresa ese modo particular según el cual los hombres y los pueblos cultivan su relación con la naturaleza y con sus hermanos, con ellos mismos y con Dios, a fin de lograr una existencia plenamente humana (Cf. GS, 53). Es decir, la cultura tiene que ver con todo el quehacer humano, lo cotidiano y popular, lo sectorial y más refinado; lo instrumental, lo institucional y lo ideal-valorativo-artístico.” “Abarca toda la actividad del hombre, su inteligencia y su afectividad, su búsqueda de sentido, sus costumbres y sus recursos éticos” (PPC 2). Cuando hablamos de la cultura venezolana hacemos hincapié en lo que tiene de común y unificador y, al referirnos a las culturas venezolanas, subrayamos la diversidad.”
Cultura no es la acumulación de conocimientos o habilidades, ni el estar informado, o la erudición, o el esnobismo, o el arte por el arte. Es más bien el saber ser, que no el tener. Una persona muy sabia en algo, no es culta si no se ajusta a la verdad, a la justicia y al amor al otro. Tampoco es objeto de admiración, pues como se dice en el libro de la Sabiduría, “nacimos casualmente y luego pasaremos como quien no existió… nuestro nombre, con el tiempo, caerá en el olvido y nadie se acordará de nuestro nombre.” Por tanto, cultura resulta ser humanización; valoración del ser humano, ciencia del hombre y para el hombre concreto históricamente comprometida. Nuestra cultura actual es impuesta, alienada y alienante. Mientras así sea no podremos iniciar un progreso cultural de todos y para todos. Es menester que nuestra cultura se integre con la transformación real, justa y verdaderamente libre en democracia auténtica, con la debida transformación de la estructura política y socio-económica. Entonces, volvemos de nuevo al tema de la educación. Decía esa gran persona, cristiano y amigo que fue Paulo Freire: “La educación no cambia al mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”.
Terminemos con ciertas notas tomadas del documento de Aparecida:
La iglesia está llamada a repensar profundamente y a relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales, mediante una acción misionera al servicio de todos los hombres, para frenar la creciente cultura sin Dios, o en su contra, que se basa en el poder, la riqueza y el egocentrismo para, ciertamente, favorecer el compromiso asumido mediante la opción por los pobres, afligidos, marginados y, solidarios con sus sufrimientos, podamos ayudarlos a rescatar su irrespetada dignidad, y cuya religiosidad y “sed de Dios” el Papa Emérito Benedicto calificó como “precioso tesoro de la Iglesia Católica en América Latina.”
Para alcanzar todos esos logros, tienen rol fundamental nuestra Iglesia, las Universidades, Escuelas e instituciones intermedias de nuestra sociedad. Eso nos emplaza, a todos, a ser una suerte de profetas de este tiempo, capaces, como decíamos antes, de enseñar a más ser, que no a más teneR.
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