martes, 8 de diciembre de 2015

jueves, 3 de diciembre de 2015 PEDRO PAÚL BELLO, ALGUNAS REFLEXIONES CRISTIANAS. Vivimos en una sociedad tan plural y diversa, víctima de un cambio de época y de una mutación antropológica. Sujetos a la dictadura del Relativismo y del Agnosticismo. Se ofertan productores religiosos, morales, que no son precisamente los mejores para la vida social, familiar, privada; ideas buenas, ideas contradictorias, ideas perversas sin que se excluyan intereses, sobre todo económicos. Es necesario, tal vez más que nunca, un fino discernimiento para percibir, distinguir y reconocer su voz: qué es lo que se anuncia y ofrece, y cuál es la oferta o contraoferta de Jesús. Einstein dijo una constatación que cada vez tiene espacios más amplios de aplicación: “Vivimos en un mundo con abundancia de medios bien definidos pero con confusión de fines”. Tenemos democracias libres, pero no todos se sienten en ella libres para opinar o ir sin peligro por la calle: ejemplo claro es, por desgracia, nuestra querida Venezuela. Vivir humanamente significa mucho más que comer hasta hartarse, que trabajar hasta no quedar tiempo libre, que gritar hasta enronquecer masificados sin saber exactamente por qué se grita. Jesús: Él saca a los suyos del anonimato de lo colectivo y de la impersonalidad de la masa guiada borreguilmente. La Iglesia pierde atractivo y fuerza cuando se insiste en reglamentaciones burocráticas, en mandatos y prohibiciones, pero gana aceptación y entusiasmo donde existen verdaderas comunidades, es decir, unidades en común, donde cada uno no es un mero agregado sino que se siente vinculado a los demás por el conocimiento de amor, apoyo y aspiración al mismo objetivo. La vida, ciertamente, es algo personal. Mi vida es tarea mía y sólo yo la puedo vivir. Nadie me puede sustituir. Pero si yo no amo, siempre faltará en el mundo ese amor. Si yo no creo, no gozo, no crezco... faltará para siempre esa creatividad, ese gozo o ese crecimiento. Esto significa también que no existe la vida en abstracto. Existimos los vivientes. Como tampoco existen en abstracto valores como el amor, la bondad, la justicia, sino encarnados en la vida concreta. La vida es, por otra parte, algo inacabado. Una tarea siempre por hacer. La vida es expansión, desarrollo, despliegue. Lo más terrible que puede decir alguien es que está «acabado». Cuando esto sucede, la vida se termina. Hay que mantener siempre el deseo de vivir creciendo. Pero, ¿a dónde se dirige nuestra vida? ¿Dónde termina definitivamente? ¿Dónde alcanza su verdadero cumplimiento? Apoyados en Cristo Buen Pastor, los cristianos creemos que la vida no termina en la extinción biológica sino que está llamada a trascender. La vida es mucho más que esta vida que conocemos ahora. Hemos nacido para una «vida eterna» que alcanza su plenitud en Dios que es el camino más estimulante y la esperanza más liberadora para enfrentarse a la vida. Es el camino ofrecido por nuestro Buen Pastor. Surgen a menudo congresos, asambleas, retiros que intentan dar una respuesta a nuestras preocupaciones de cristianos comprometidos, a lo que constituye el ser y la esencia del ser cristiano. ¿Cuál es la auténtica identidad cristiana? ¿Dónde está la barrera de lo cristiano y lo no cristiano? Un cristiano que se desengancha del Amor, de la fraternidad, está perdiendo preocupantemente su identidad cristiana. Muchas cosas a las que se llama hoy «amor» no son en realidad sino parodias que desintegran el verdadero amor. Erich Fromm, hablando del amor, esa palabra que llena tantas páginas en la vida del hombre, decía: «La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción; el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea». Nuestro estilo de amar debe tener como criterio y punto de referencia el modo de amar de Jesús…afirmar la vida, el crecimiento, la libertad y la felicidad de los demás. Sólo nos diferenciamos de los demás si amamos a los hermanos sirviéndoles, perdonándolos, dedicándoles nuestra atención y nuestro tiempo, comprendiéndolos en sus penas y alegrías, desterrando de nuestro estilo de ser y de actuar la soberbia y el menosprecio, el desdén y la prepotencia, la desconsideración y el olvido, el desamor y el egoísmo….El cristianismo no es una mera “religión del libro”, sino de una palabra viva que es persona hecha amor. Viejo es lo que, con el paso del tiempo, se deteriora y pierde valor; antiguo es aquello que, con el paso del tiempo, mejora y adquiere valor. El evangelista Juan, en un pasaje, escribe: «Queridos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo, que tenéis desde el principio... Y sin embargo os escribo un mandamiento nuevo» Lo de amar al prójimo «como a uno mismo» se había convertido en un mandamiento «viejo», esto es, débil y desgastado. Es en el cielo nuevo y en la nueva tierra, que los que construyen aquellos que han convertido el amor en señal y distintivo de su condición cristiana se realiza. Los cristianos somos llamados a transformar las relaciones humanas de la sociedad en la que vivimos con el ofrecimiento del amor sin límites. En la medida en que el amor se haga realidad en nosotros estaremos manifestando que el Señor habita en su Iglesia, y en el corazón de cada uno de sus fieles. Estamos tan acostumbrados a amar y servir según nuestra medida.. ¿es que nuestro amor sólo alcanza a los cercanos, a los del círculo de pertenencia y a los afines sociales o políticos? Poca vida hay en nuestras familias, trabajos, comunidades cristianas, organizaciones sociales o políticas, si no se acierta con las causas reales de quienes mal viven, mucho sufren, y nada o poco pueden elevarse a niveles de verdadero gozo. San Agustín definió la paz como esa tranquilidad que gratifica, cuando todas las cosas se encuentran en su sitio apropiado. La paz no es un signo que caracterice a nuestro tiempo. Para convencernos de ello es suficiente con hacer un recorrido por el mapa nacional o mundial. ¿Por qué no hay paz? ¿Por qué corre la pólvora y la sangre? ¿Por qué esas zonas del hambre y del subdesarrollo? Las relaciones humanas, la política, la ideología y la economía no pueden ser calificadas precisamente de pacíficas. Deseamos la paz pero no es fácil decir en qué consiste. Es, si, asegurar una vida digna y dichosa para todos. Con el corazón lleno de resentimiento, intolerancia y dogmatismo se puede movilizar a algunos sectores; desde actitudes de prepotencia, hostilidad y agresión se puede hacer política y propaganda electoral, pero no se puede aportar verdadera paz a la convivencia de las gentes. Pedro Paúl Bello ppaulbello@gmail.com Caracas - Venezuela

domingo, 29 de noviembre de 2015

SOMOS TODOS RESPONSABLES DE NUESTRO DESTINO. Pedro Paúl Bello (Pedro G. Paúl Bello.Weblog.com) (Paulbello.blogspot.com) En algunos escritos y en obras, una de las cuales que ya fue publicada en el llamado “Imperio”, he insistido en aspectos que explican nuestra realidad como Nación y como pueblo. En esa obra, he calificado nuestra Nación como invertebrada, y seguirá siéndolo mientras nos mantengamos dependientes, no ya de una potencia o fuente como lo fue la España que nos descubrió, conquistó y colonizó, sino de raíces que se hunden en realidades de nuestro pasado, porque, sin habernos deslastrado de esos antecedentes de manera real y no aparente, no hemos acompañado la Independencia que logramos con cambios sustanciales sobre nuestra manera de ser Nación, sino que hemos conservado, escondidos en nuestro presente, muchos rasgos, costumbres y conductas de nuestro pasado que, por cierto, no es muy lejano en el tiempo, como si lo es en los países llamados más desarrollados. El tiempo obra de manera sumamente importante en la evolución de todos los pueblos; su paso inevitable obra de manera más importante en la transformación de todas la Naciones. La razón es que la historia de las naciones todas y la de sus miembros, no es una simple sucesión de acontecimientos, hechos y sucesos, porque asimilan cambios que transforman formas de gobierno, usos y costumbres, y también conocimientos y maneras de ser y de actuar de las personas. Pero no vamos a tratar, en esta reflexión breve, la consideración de hechos del pasado lejano o cercano, sino del presente que hoy estamos viviendo --con angustia y preocupación-- todos los venezolanos. Una noche del pasado, el entonces ciudadano Presidente de la República se dirigió al país para exponer que el mal que lo aquejaba no le permitirá, “por ahora”, ejercer las funciones de su cargo, por lo que encargó al ciudadano Vicepresidente, señor Nicolás Maduro, para que se ocupara de tales funciones y, de seguida, informó que debe viajar de nuevo a Cuba para someterse a otra intervención quirúrgica que pudiera devolverle su salud. No ignoraba, por cierto, el fallecido Hugo Chávez Frías, que su fin estaba muy cercano. En efecto, el fallecido Presidente descubrió sinceramente sus naturales temores al respecto, por lo cual propuso, claramente, que de no poder retornar al cargo para el cual fue relecto ese año 2012, recomendó que el candidato de su partido fuese señor Maduro, lo que Chávez acentuó con claro y contundente énfasis. Además, y siempre conforme al mandato constitucional, según lo dispuesto en el Art. 235 que reza: La ausencia del territorio nacional por parte del Presidente (“o Presidenta” sic) de la República requiere autorización de la Asamblea Nacional o de la Comisión Delegada, cuando se prolongue por un lapso superior a cinco días consecutivos. Al mismo tiempo, Chávez pidió el permiso de ley al Presidente de la Asamblea Nacional, señor Diosdado Cabello. Por tanto, es de recordar que, conforme a lo previsto en el Artículo 233 constitucional, parágrafo segundo, se establece que “Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo…antes de tomar posesión (que es el caso del Presidente Chávez), se procederá a una nueva elección directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente electo… se encargará de la Presidencia de la República el Presidente…de la Asamblea Nacional.” El Presidente Chávez se ajustó exactamente a las disposiciones constitucionales. Sin embargo --y de manera muy lamentable-- fue violado de manera flagrante lo establecido en el Artículo 328 de la vigente Constitución, que en su inicio reza: “La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política…En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad policía alguna”, pero hubo pronunciamientos esencialmente políticos, como supuesto respaldo al Presidente. Además, la fracción oficialista que participaba en la Asamblea Nacional, en vez de limitarse a considerar la solicitación de permiso para salir del país, desarrolló un vergonzoso debate cargado de señalamientos ofensivos hacia diputados opositores, así como a manifestaciones de carácter político que, una vez más, dejan mucho que desear al provenir de representantes de un pueblo que los eligió, no para que formaran una suerte de gallinero, sino para que se ocuparan de las urgentes necesidades y del progreso de la Nación en aras del Bien Común General. Es de destacarse que, en ese sentido, los venezolanos en general, no asumimos en ese momento, la responsabilidad que todos tenemos de buscar y velar por el bien de la Patria, que es el bien de todos. No actuamos con patriotismo verdadero en los actos comiciales, pues no superamos el temor que provino de amenazas; no actuamos sinceramente, sin atender ofertas de compras de conciencia que no son más que clásicas artimañas de quienes quieren hacer de Venezuela, no una bendita tierra de gracia de ciudadanos y democracia, sino una Nación de esclavos sometidos a la opresión de un régimen comunista y totalitario. La referida votación se realizó plena de violaciones constitucionales. Ante la ausencia del Presidente Electo, Hugo Chávez, el anterior mes de setiembre, se produjo una serie de actos violatorios de la Constitución. Entre ellos vale la pena destacar algunos hechos cumplidos: El Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, no asumió lo dispuesto en la Constitución Nacional de acuerdo al segundo parágrafo del Artículo 233, el cual, en su parte final reza: “Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente (o la nueva Presidenta –sic), se encargará de la Presidencia de la República el Presidente (o Presidenta – sic) de la Asamblea Nacional.” En efecto, una serie de actos ilegales fueron realizados con apoyo del Tribunal Supremo de Justicia, entre ellos la designación del entonces Canciller de la República, Nicolás Maduro, como Presidente interino “mientras no llegara el Presidente Electo”, siendo después, público y notorio que el Presidente Chávez había fallecido en La Habana el 30 de diciembre de 2012. Este hecho se ocultó hasta el mes de marzo de 2013. Para colmo de males que han llegado a afectar la vida de los ciudadanos de nuestra República, la elección del nuevo Presidente realizada en Abril del pasado 2013, fue un descarado fraude electoral (uno más entre tantos otros), que permitió el ascenso a la Presidencia de Venezuela al señor Maduro, apenas con una diferencia de poco más del 1% respecto al candidato opositor Capriles Radonsky. La evidente incapacidad del equipo de gobierno que se supone debe regir el destino y buen desarrollo de la República, se evidencia por la incapacidad que tiene ese gobierno para superar la extremadamente difícil situación de padecemos todos los venezolanos, ante el desastre económico que se vive y el descrédito universal que tiene este gobierno. En este mismo año, ya, deben celebrarse nuevas elecciones para la constitución de una nueva Asamblea Nacional. La repetición de fraudes electorales vividos permanentemente hasta el presente no puede ser tolerada más por los venezolanos. ¡Basta ya! Para garantizar la pureza del próximo acto electoral, es menester indispensable el establecer una serie de premisas a tal efecto. Entre ellas destaco las siguientes: 1º Votación manual depositada en urnas electorales, sin que se vote en máquinas. 2º Escrutinios públicos, con presencia de ciudadanos votantes en las mesas electorales. 3º Presencia en todos los actos electorales de testigos internacionales confiables. 4º Eliminación de capta-huellas. 5º Cierre de mesas a las 6 pm, sin prórroga. 6º Entrega de resultados electorales a todos los miembros de mesa de los diferentes partidos que compiten en las elecciones. Con estas medidas se puede contar con que la próxima elección no sea un fraude más. De manera lamentable, ninguna de esas indispensables referencias han sido consideradas, ni tomadas con fuerza, por parte de aquellos quienes eran los llamados a hacerlo. Estamos a una semana de ejercer el derecho y la responsabilidad de sufragar. Tenemos la responsabilidad de hacerlo y de velar, en la medida de lo que debe ser lo más necesario, para evitar todo tipo de fraude o de abuso en el acto al que vamos a concurrir. La actuación patriótica de todos los venezolanos, cuya mayoría es claramente muy amplia, nos impone a todos velar para salvar esta Patria querida.

sábado, 28 de noviembre de 2015

ALGUNAS REFLEXIONES

ALGUNAS REFLEXIONES Vivimos en una sociedad tan plural y diversa, víctima de un cambio de época y de una mutación antropológica. Sujetos a la dictadura del Relativismo y del Agnosticismo. Se ofertan productores religiosos, morales, que no son precisamente los mejores para la vida social, familiar, privada; ideas buenas, ideas contradictorias, ideas perversas sin que se excluyan intereses, sobre todo económicos. Es necesario, tal vez más que nunca, un fino discernimiento para percibir, distinguir y reconocer su voz: qué es lo que se anuncia y ofrece, y cuál es la oferta o contraoferta de Jesús. Einstein dijo una constatación que cada vez tiene espacios más amplios de aplicación: “Vivimos en un mundo con abundancia de medios bien definidos pero con confusión de fines”. Tenemos democracias libres, pero no todos se sienten en ella libres para opinar o ir sin peligro por la calle: ejemplo claro es, por desgracia, nuestra querida Venezuela. Vivir humanamente significa mucho más que comer hasta hartarse, que trabajar hasta no quedar tiempo libre, que gritar hasta enronquecer masificados sin saber exactamente por qué se grita. Jesús: Él saca a los suyos del anonimato de lo colectivo y de la impersonalidad de la masa guiada borreguilmente. La Iglesia pierde atractivo y fuerza cuando se insiste en reglamentaciones burocráticas, en mandatos y prohibiciones, pero gana aceptación y entusiasmo donde existen verdaderas comunidades, es decir, unidades en común, donde cada uno no es un mero agregado sino que se siente vinculado a los demás por el conocimiento de amor, apoyo y aspiración al mismo objetivo. La vida, ciertamente, es algo personal. Mi vida es tarea mía y sólo yo la puedo vivir. Nadie me puede sustituir. Pero si yo no amo, siempre faltará en el mundo ese amor. Si yo no creo, no gozo, no crezco... faltará para siempre esa creatividad, ese gozo o ese crecimiento. Esto significa también que no existe la vida en abstracto. Existimos los vivientes. Como tampoco existen en abstracto valores como el amor, la bondad, la justicia, sino encarnados en la vida concreta. La vida es, por otra parte, algo inacabado. Una tarea siempre por hacer. La vida es expansión, desarrollo, despliegue. Lo más terrible que puede decir alguien es que está «acabado». Cuando esto sucede, la vida se termina. Hay que mantener siempre el deseo de vivir creciendo. Pero, ¿a dónde se dirige nuestra vida? ¿Dónde termina definitivamente? ¿Dónde alcanza su verdadero cumplimiento? Apoyados en Cristo Buen Pastor, los cristianos creemos que la vida no termina en la extinción biológica sino que está llamada a trascender. La vida es mucho más que esta vida que conocemos ahora. Hemos nacido para una «vida eterna» que alcanza su plenitud en Dios que es el camino más estimulante y la esperanza más liberadora para enfrentarse a la vida. Es el camino ofrecido por nuestro Buen Pastor. Surgen a menudo congresos, asambleas, retiros que intentan dar una respuesta a nuestras preocupaciones de cristianos comprometidos, a lo que constituye el ser y la esencia del ser cristiano. ¿Cuál es la auténtica identidad cristiana? ¿Dónde está la barrera de lo cristiano y lo no cristiano? Un cristiano que se desengancha del Amor, de la fraternidad, está perdiendo preocupantemente su identidad cristiana. Muchas cosas a las que se llama hoy «amor» no son en realidad sino parodias que desintegran el verdadero amor. Erich Fromm, hablando del amor, esa palabra que llena tantas páginas en la vida del hombre, decía: «La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción; el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea». Nuestro estilo de amar debe tener como criterio y punto de referencia el modo de amar de Jesús…afirmar la vida, el crecimiento, la libertad y la felicidad de los demás. Sólo nos diferenciamos de los demás si amamos a los hermanos sirviéndoles, perdonándolos, dedicándoles nuestra atención y nuestro tiempo, comprendiéndolos en sus penas y alegrías, desterrando de nuestro estilo de ser y de actuar la soberbia y el menosprecio, el desdén y la prepotencia, la desconsideración y el olvido, el desamor y el egoísmo….El cristianismo no es una mera “religión del libro”, sino de una palabra viva que es persona hecha amor. Viejo es lo que, con el paso del tiempo, se deteriora y pierde valor; antiguo es aquello que, con el paso del tiempo, mejora y adquiere valor. El evangelista Juan, en un pasaje, escribe: «Queridos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo, que tenéis desde el principio... Y sin embargo os escribo un mandamiento nuevo» Lo de amar al prójimo «como a uno mismo» se había convertido en un mandamiento «viejo», esto es, débil y desgastado. Es en el cielo nuevo y en la nueva tierra, que los que construyen aquellos que han convertido el amor en señal y distintivo de su condición cristiana se realiza. Los cristianos somos llamados a transformar las relaciones humanas de la sociedad en la que vivimos con el ofrecimiento del amor sin límites. En la medida en que el amor se haga realidad en nosotros estaremos manifestando que el Señor habita en su Iglesia, y en el corazón de cada uno de sus fieles. Estamos tan acostumbrados a amar y servir según nuestra medida.. ¿es que nuestro amor sólo alcanza a los cercanos, a los del círculo de pertenencia y a los afines sociales o políticos? Poca vida hay en nuestras familias, trabajos, comunidades cristianas, organizaciones sociales o políticas, si no se acierta con las causas reales de quienes mal viven, mucho sufren, y nada o poco pueden elevarse a niveles de verdadero gozo. San Agustín definió la paz como esa tranquilidad que gratifica, cuando todas las cosas se encuentran en su sitio apropiado. La paz no es un signo que caracterice a nuestro tiempo. Para convencernos de ello es suficiente con hacer un recorrido por el mapa nacional o mundial. ¿Por qué no hay paz? ¿Por qué corre la pólvora y la sangre? ¿Por qué esas zonas del hambre y del subdesarrollo? Las relaciones humanas, la política, la ideología y la economía no pueden ser calificadas precisamente de pacíficas. Deseamos la paz pero no es fácil decir en qué consiste. Es, si, asegurar una vida digna y dichosa para todos. Con el corazón lleno de resentimiento, intolerancia y dogmatismo se puede movilizar a algunos sectores; desde actitudes de prepotencia, hostilidad y agresión se puede hacer política y propaganda electoral, pero no se puede aportar verdadera paz a la convivencia de las gentes.

sábado, 18 de julio de 2015

UN ESFUERZO DE VERDADERA UNIDAD, SIN MENOSCABO DE LA OPINÓN DE CADA CUAL. Pedro Paúl Bello (paulbello.blogspot.com) Sería de perogrullada el recordar que estamos, los venezolanos, en una situación sumamente muy conflictiva y peligrosa. Hay un conjunto de factores sociales, políticos y económicos que concurren, conjuntamente, para generar y profundizar el cada día más creciente conflicto, que amenaza la seguridad y la paz de todos los ciudadanos. A estas alturas del tiempo transcurrido y de los males generados, lo razonable parece imposible y lo peligroso eminente. Todos los ciudadanos que estamos en nuestra tierra, nacionales o extranjeros integrados a este país amable y hermoso, vemos con angustia que en el día a día aumentan los costos y desparecen todos los productos necesarios para subsistir: alimentos, medicinas, útiles del hogar, repuestos para máquinas y automóviles, etc., menoscaban la existencia vital en todos sus aspectos. Pero mientras esto, que es tan grave ocurre, la incapacidad de un equipo gubernamental que se evidencia por sus errores derivada muchas veces por la ignorancia de tantos actores, profundiza la ruina general del país y la muerte de tantos compatriotas, sea que derive de la escasez de productos para poder mantener la vida, o sea porque el crimen se ha generalizado en todo el territorio nacional, sin que poder alguno sea suficiente para controlarlo y evitarlo. Ese cuadro, espantoso por lo a ojos vista incontrolable, por las diferentes instancias del equipo gubernamental anuncia, en lo inmediato, una posible catástrofe totalmente incontrolable. La pregunta que lógicamente surge en cada mente de quienes esto vivimos es, simplemente ¿Qué hacer? Por supuesto, quien esto escribe no tiene respuesta sobre ello. A mi manera de ver, la solución más inmediata sería la unidad. Esa unidad habría de ser establecida entre el grupo gubernamental y el correspondiente sector opositor, pero tal logro, a estas alturas parece imposible. Para lograrla sería indispensable el diálogo, un diálogo inmediato entre ambos sectores, con miras a corregir los entuertos y agilizar acciones efectivas para sustituirlos con respuestas adecuadas y concretas. Ahora bien, el diálogo en estas condiciones no parece posible. Esto me recuerda la vieja expresión de Juan Taulero (“Doctor iluminado”, teólogo, predicador y escritor místico: 1300-15 junio 1361), quien decía: “Nadie se impregna mejor del sentido de la verdadera distinción como quien ha entrado en la unidad; e igualmente, nadie conoce verdaderamente la unidad si ignora la distinción… se debe pues, distinguir para unir.” (1) Eso explica que la filosofía reflexiva y crítica siempre se oriente al discernimiento de los grados del saber. (2) En efecto, si no se distingue no se une, y si no se une no se distingue, pero, podemos preguntarnos ¿cómo hacer para distinguir y al mismo tiempo unir, lo que parece imposible de ser unido? Si ello es imposible, creo que si sea posible una verdadera unidad entre los partidos opositores, pese a sus lógicas y naturales diferencias. Ello implica, necesariamente, que los diferentes partidos renuncien a sus legítimos intereses y procedan como una verdadera unidad, por encima de dichos intereses, mientras (1.- Ver: Jacques Maritain: Los grados del saber (1) Ediciones Desclée de Brouwer. (Paris-Buenos Aires). 2.- Idem.) se pueda lograr superar la situación que se viva en el país, y que cuando se realicen las próximas elecciones permanezca dicha unidad, hasta que a plena recuperación económica social y política sea reestablecida, con una gestión de gobierno que mejore las condiciones pésimas de vida de los sectores más pobres y que restablezca la paz, la seguridad y el orden ciudadano en toda la Nación. Para vencer en las elecciones de diciembre, es indispensable menester la unidad de los partidos opositores, que debe durar hasta que se restablezcan la producción y la economía del país, y que, como he insistido en otras ocasiones, que las elecciones de diciembre se realicen con votos en urnas electorales como era en el pasado; con presencia de testigos de países desarrollados; que se eliminen mecanismos absurdos como el “capta-huellas”, que los electores puedan asistir al conteo de los votos en las mesas a las que concurrieron para votar y que, para seguridad, el acto electoral comience en la temprana mañana y las mesas, en todo el país, sean cerradas a las 6 pm de manera de impedir todo tipo de maniobras fraudulentas. __._,_.___

lunes, 6 de julio de 2015

DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA DOS SIGLOS y CUATRO AÑOS. Pedro Paúl Bello. (paulbello.blogspot.com) En esta fecha de hoy, domingo 5 de julio, los venezolanos celebramos el hecho histórico fundamental de nuestra Patria: la Declaración de su Independencia sancionada por el Congreso que, en esa misma fecha de 1811, decidió que Venezuela fuese definitivamente libre de la madre patria española y de toda otra nación o potestad. Han transcurrido, desde esa histórica fecha, dos siglos y cuatro años. Para lograr de hecho la deseada y convenida Independencia transcurrieron 19 años, que incluyeron la batalla final de Carabobo y la separación de la Nueva Granada o Gran Colombia que concibió el Libertador Simón Bolívar. En efecto, fue en 1830 cuando Venezuela se constituyó la República de Venezuela, cuyo primer Presidente fue el General José Antonio Páez. El 22 de setiembre de 1830, el Congreso Constituyente que se había reunido en Valencia el 6 de mayo de ese mismo año, bajo la Presidencia del Licenciado Miguel Peña, aprobó la Constitución del Estado de Venezuela y el General Páez, que fue encargado del Poder Ejecutivo por una Asamblea Popular reunida en Caracas en noviembre de 1829, asumió la Presidencia de la República el 24 de marzo de 1831, hasta el 9 de febrero de 1835. Se inició la llamada “Oligarquía Conservadora.” Páez fue sustituido en esa fecha por el Dr. José María Vargas quien, derrocado por un intento de golpe de estado encabezado por Pedro Carujo, Mariño y Julián Castro, aunque recuperó el poder apoyado por Páez, renunció al mismo el 24 de abril de 1836. Luego fue la presidencia del Gral. Soublette el 11 de abril de hasta el 1º de febrero de 1839 y después Páez, en su segundo gobierno hasta el 28 de enero de 1843 y de nuevo Soublette, desde entonces hasta el 20 de enero de 1843, cuando asumió la presidencia el Gral. José Tadeo Monagas. Terminó entonces un gobierno serio y honesto y se inició otro que entonces llamaron “Hegemonía de la Oligarquía Liberal” que fue atropellador y nada honesto, cuyo mal ejemplo se integró a la política venezolana y, con las excepciones del caso, relativamente pocas en comparación con las anteriores, fueron el funesto ejemplo que incitó a desarrollar ese mal, el cual se extendió a lo largo de nuestra accidentada historia, para culminar en lo que hoy día presenciamos los venezolanos, con ojos aterrados y gran angustia del espíritu. En efecto, fue de José Tadeo Monagas aquella cínica frase según la cual “la Constitución sirve para todo”, y ese servir lo aplicó él mismo cuando, al atropellar al Congreso, perecieron cuatro senadores, mientras Fermín Toro proclamaba “mi cuerpo podrán llevarlo, pero díganle al Gral Monagas que Fermín Toro no se prostituye.” Desde entonces se instaló en nuestro país el vicio extendido del peculado y otros delitos más recientes, como el tráfico de drogas, el lavado de dinero, el atropello y las prisiones injustas para los oponentes a regímenes corruptos, hechos estos que tal vez derivaron, en primer lugar del conflicto mismo de la guerra de independencia, y en segundo lugar, tal vez, de la generosidad del Libertador quien entregó a muchos de los militares victoriosos en la guerra libertaria --pero no todos-- las tierras dejadas libres por los españoles una vez que éstos fueron derrotados. Fue esa distribución de tierras factor importante que impulsó el desarrollo de un caudillismo, por el cual los caudillos se hicieron señores dueños de sus dominios, lo que estableció una forma sui-genere de gobiernos locales, de rasgos feudales en casi toda las extensiones de los llamados Estados de la reciente República, aunque ese fenómeno de “neo-feudalismo” se extendió en casi toda la Sud América Latina. Sin duda la figura más resaltante del poder político en el siglo XVIII fue Antonio Guzmán Blanco, quien ocupó la Presidencia de la República entre 1870 hasta 1888, con interrupciones en el periodo de 1877 a 1879, de 1884 a 1886, terminando definitivamente sus mandatos en Venezuela ese mismo año 1886, con la excepción de los mandatos de Páez del 24 de marzo de 1831 hasta el 9 de febrero de 1835 y desde el 1º de febrero de 1839 hasta el 28 de enero de 1843. Luego de los conflictos políticos posteriores a la salida de los Monagas del poder, así como de Pedro Gual y Manuel Felipe de Tovar y de nuevo por Gual, con períodos muy breves, Páez de nuevo y como dictador, asumió la presidencia el 10 de setiembre de 1861, en tiempos de la Guerra Federal. El gobierno de Páez se había debilitado por problemas económicos derivados de la guerra, mientras los federalistas ganaban guerras como la de la batalla de Santa Inés en Barinas el 10 de diciembre y en Copié en Cojedes y la de Buchivacoa el 27 de diciembre de 1862. Finalmente Guzmán Blanco, designado por Falcón como jefe de los ejércitos, se acercó a Caracas, lo que provocó que Páez aceptara llegar a un acuerdo que se verificó con el llamado “Tratado de Coche” con el que se reconocía la victoria y la derrota de Páez. Para entender el fruto absurdo de esta guerra interesa la opinión de Domingo Alberto Rangel para alertar sobre los riesgos que, hoy y en corto futuro podemos todos los venezolanos en nuestra actual crisis: “Sobre las tierras abandonadas por los oligarcas fugitivos…cayeron los caciques del bando vencedor. El país iracundo, el bachiller sin horizontes, el deudor fallido, la turba de hombres que fue a los campamentos federales salió de la guerra luciendo las charreteras del rango militar y el prestigio de la bravura. Generales y Coroneles eran los títulos que iban a ostentar quienes habían sido hombres del pueblo. La victoria los convirtió en amos de regiones enteras del país. En un régimen distinto, de efectiva capacidad creadora, hubieran sido los Emilianos Zapata de una reivindicación popular. La Federación ya estaba falsificada desde Coche. Y el país hecho general por la gloria de un combate no deseó ser el brazo ejecutor, en el gobierno, de la voluntad de justicia de las masas. Prefirió despojar a los oligarcas sustituyéndoles en el vértice de la absurda estructura social de la época. Una nueva capa de terratenientes afloró a la dirección de la economía agraria del país.” La nueva parte de nuestra historia política de entonces iba a registrar el continuo sucederse de gobernantes, cuyo pasar acelerado apenas detenía el llegar de los grandes, en caso inmediato y de manera particular, de Antonio Guzmán Blanco, cuya larga posesión del poder rompería la también larga sucesión de caudillos, aunque entre ellos había próceres de prestigio bautizados en las aguas sacralizadas de nuestra Independencia. Qué el presente nos haga recordar ese pasado tormentoso y funesto y nos enseñe, a todos de todos los colores, para volver verdad de ser Venezuela una Bendita tierra de gracia.

sábado, 4 de julio de 2015

CUANDO ES AMENAZADA LA DEMOCRACIA. Pedro Paúl Bello (paulbello.blogspot.com) Un escritor de hace ya algunos años, el francés Jean Francois Revel, inició una obra suya muy conocida entonces (“Cómo terminan las democracias”), en estos términos: “Tal vez la democracia será en la historia un accidente; un breve paréntesis que bajo nuestros ojos se cierra.” ¿Por qué Revel expresa eso? Porque la democracia no se ha constituido, a fondo, en naciones como la nuestra, para defenderse de quienes en lo externo y en el interno de las naciones quieren que desaparezca. ¿Quiénes son esos tales que pretenden hacer desaparecer la democracia? Son aquellos que en el interior de las naciones políticamente democráticas, o en el exterior de ellas, quieren destruirla porque es opuesta a sus planes tiránicos y opresores de los pueblos. De manera particular y en los tiempos que vivimos, los principales enemigos de la democracia, donde quiera ésta se establezca como sistema de gobierno, son hoy el comunismo y todas las expresiones semejantes de totalitarismos. Todo sistema totalitario de gobierno, cuando en una Nación “debuta” como proyecto político, se presenta para ser comprado como un “perfeccionamiento” de la democracia: véase la historia de comunismos o fascismos en países como Rusia, Alemania, Cuba, China y tantos otros. En esas naciones, siempre, los regímenes totalitarios debutaron con el disfraz de demócratas que durante poco tiempo usaron. En la Rusia zarista, la sublevación bolchevique, que no nació el 25 de octubre de 1917 de allá (o 7 de noviembre) sino mucho antes desde el verano de 1915, cuando se inició por la hambruna determinada por la escasez de alimentos cuya producción cesó, así como los transportes. ¿ Recuerda esto algo? Al inicio del gobierno revolucionario en 1917, en Rusia se vivió una luna de miel política, pero ésta duró poco. En Alemania, Hitler asumió el poder con respaldo pleno el Reichstag o parlamento, que acogió a quien sería, entonces, el factor de la destrucción de ese país, porque se presentó como ductor del progreso de una Nación que llevó a esa destrucción. ¿No fue acaso una mayoría de venezolanos la que llevó a Hugo Chávez Frías al poder, y no fue un Congreso que, como el Reichstag alemán, le aceptó pese a su insolente juramentación? El comunismo en particular y las demás formas de totalitarismo en general, no es que sean incapaces de generar una sociedad viable, sino que la intención que orienta a este tipo de regímenes no es otra que la de destruir todos los valores y logros de una sociedad civilizada, cualquiera fuese la que cayera bajo su poder. Los totalitarismos y sistemas políticos semejantes pero antecedentes resultan ser más hábiles y astutos que los demócratas para defender sus democracias, pues las democracias siempre esperan que los totalitarismos, al inicio disfrazados, no ejerzan sus amenazas y siempre aquellas se despiertan cuando el daño mortal es ya inevitable. Dice también Revel, en su libro antes referido, que “el enemigo interior de la democracia juega una partida fácil, pues explota el derecho al desacuerdo inherente a la democracia misma. El esconde –a la oposición legítima y la crítica reconocida como prerrogativa de todo ciudadano-- sus propósitos de destruir la democracia y de buscar el poder absoluto y el monopolio de la fuerza.” Como la oposición al totalitarismo es legal y leal y usa facultades de están previstas en las instituciones de todo Estado de Derecho, resulta fácil para su oponente violar esas instituciones, así como alterarlas inconstitucionalmente en favor de sus conveniencias. Por otra parte, una vez que han logrado alcanzar el poder, los regímenes totalitarios simulan realizar reivindicaciones legítimas en favor de los sectores sociales menos favorecidos, pero a los demócratas quienes sinceramente quieren favorecerlos, los presentan como autores de represiones “reaccionarias.” Sobre todos estos males, suelen surgir en el seno de los sectores democráticos, excesos de críticas contra quienes, de una manera u otra, se han convertido o han sido responsabilizados de la conducción política de los sectores que defienden la democracia. Esta actitud, que a veces se convierte en ataques y acusaciones permanentes en todo, poco servicio rinde al propósito fundamental de defender y mantener la democracia. Esa ruta constituye consecuencias muy peligrosas pues, como contrapartida práctica y pública, lo que se logra con ella es concederle la razón a un enemigo verdadero y mortal. ¿Se tratará de limitación intelectual, de ceguera o de indolencia política? ¿Dónde vamos a llegar por ese camino? En tiempos tan difíciles como este que estamos viviendo en nuestra patria, hay que tener conciencia de que el resultado de todos los esfuerzos opositores, con los errores que puedan significar, con sus omisiones o excesos, con sus idas y retrocesos, son de todos nosotros. Si, de todos. Porque muchos, por razones muy justificables o no, no estamos involucrados en el meollo del asunto y, porque opinar, señalar y criticar sin conciencia cierta de lo que se opina, se señala o se critica, no corresponde realmente a la verdad y constituye una grave falta calificable como irresponsabilidad delictuosa, cuando se afirma lo que no se sabe o se niega lo que no se conoce. A Venezuela la salvamos todos sus hijos demócratas o no la salva nadie. Esa es nuestra responsabilidad. Esa es nuestra meta y nuestro propósito: realizar efectivamente la liberación de esta Patria, para que vuelva a ser llamada “Bendita Tierra de Gracia”. Nada más.

miércoles, 3 de junio de 2015

NUESTRO HISTÓRICO PROBLEMA DE PAÍS. Pedro Paúl Bello (paulbello.blogspot.com) Nuestro histórico problema de país consiste en que falta una conciencia de pueblo que se base sobre permanentes valores trascedentes. Su ausencia limita el crecimiento del ser- persona del pueblo en general, entendido como conjunto de todos los miembros de la sociedad. Tal ausencia se refiere, principal pero no únicamente, a sus verdaderos intereses y reales necesidades. Si se supera tal ausencia, es evidente que se iniciará el trabajo de una nueva edificación de la sociedad en general. El problema fundamental es que si el país no posee ideas para identificarse a sí mismo , por ello, su población no va a adquirir conciencia de la responsabilidad y misión que le corresponde a cada ciudadano como parte integrante de la Nación, y el país nunca será tal. He escrito y explicado en varias ocasiones que la justificación de la aparente anomía que nos embarga, es la consecuencia de ser una Nación todavía muy joven en comparación con otras históricamente más desarrolladas, precisamente por ser éstas más viejas por los tiempos de sus existencias. Como Nación libre y definitivamente autónoma tenemos apenas un poco menos de dos siglos, si partimos como tal de la separación con la hermana Colombia ocurrida en 1830: esto es, un siglo y 85 años, cuando se inició la verdadera Cuarta República. Es por eso por lo que creo que es hora de comenzar un profundo trabajo, por parte de todos los venezolanos y los de otras tierras que han venido para serlo en nuestra Venezuela. Es menester, entonces y como punto de partida, que nuestra población, toda, adquiera conciencia de la misión que corresponde a cada cual. Alcanzar esa conciencia significa la necesidad de una actitud espiritual e integral tal, que dé dimensión completa del significado de la propia existencia y que cada persona pueda entender el sentido de los medios que su mundo le ofrece, a fin de que realice el alcance de su propio fin. Un pueblo, una sociedad, no pueden subsistir humanamente sin tratar con su entorno, sin actuar en él y ocuparse de él; y tampoco si el conjunto no crea un sistema de su universo que sea completo y solidario sobre el cual su ser personal descanse. Entonces, lo primero será que cada venezolano se conozca y haga respetar su eminente dignidad como persona humana, lo que implica saber qué es eso. Es entonces condición indispensable el ayudarle a saber qué es eso, sin que importe cual sea la religión que profese o que no tenga ninguna. Si cree en Dios o si no cree, que sepa que la persona humana que él es, no es accidente o resulta de alguna casualidad sino de una Causalidad que le dio vida y le hizo persona, lo que para el creyente no es otra sino la voluntad de Dios. Qué es inteligente, que puede desarrollar esa inteligencia porque la que razona, piensa y actúa; que tiene una libertad interior por la que es dueño y responsable de todos sus actos y que, aún a pesar de su pobreza --que es menester liberarse de ella, mediante ayuda de la sociedad en general y del Estado en particular-- sabe distinguir entre el bien y el mal, y que, si opta por el mal, es siempre responsable de sus actos libres, sean buenos o malos. Que su creación le proporciona capacidades para entender, crear, analizar, juzgar, apreciar, aprender, etc., a fin de aplicar, las que desee, en los diferentes campos del hacer y del saber humano. Que el ser humano es sociable por naturaleza y no por pactos o contratos algunos. Que en la Sociedad constituida con sus semejantes encontrará condiciones para desarrollar el inmenso potencial que posee y que ha recibido, no sólo para él sino también para ayudar y favorecer a los demás miembros del cuerpo social. Que sepa, cada ciudadano, que en la Sociedad hay otra forma de libertad, no ya la interior, sino la externa que es la libertad de independencia, que no admite coacción alguna sobre sus actos libres y, que esa libertad debe hacerla respetar por quienes tienen la responsabilidad de dirigir la Sociedad como gobierno, sin perturbar ni cercenar los derechos ciudadanos. Que sepa, además, que todos los humanos somos, en dignidad, iguales como personas, si bien distintos como personas concretas. En efecto, somos existencialmente diferentes e irrepetibles como personas, en el tiempo y en el espacio. Además que sepa que hay otra forma de igualdad, que es la de oportunidades, por la que todos, en la Sociedad, tenemos el derecho a que se nos posibilite y garantice alcanzar, de manera libre y voluntaria, el derecho al propio desarrollo personal mediante el inmenso potencial recibido. Estas nociones son pasos básicos que, con otras, son el fundamento de los intereses que una población debe reclamar y defender con todas sus fuerzas, puesto son derechos inalienables que se unen a los deberes que cada ciudadano debe cumplir. __._,_.___

miércoles, 27 de mayo de 2015

SÓMOS COMO SÓMOS, PERO ¿PORQUÉ? Pedro Paúl Bello. (www.paúlbello.blogspot.com) Arnold J. Toynbee escribió en su famosa obra titulada “Estudio de la Historia”, que las fuerzas que actúan operantes en las naciones, de unas u otras maneras, “no son inteligentes en su actividad parcial, a menos que se tenga una visión general de su actividad en toda la sociedad.” Además añadió que “Partes diferentes son afectadas diferentemente por una causa general idéntica, porque cada una de ellas reacciona, y cada una contribuye, en modo diferente, a las fuerzas que esta misma causa pone en movimiento.” Por esas razones, concluye sobre lo anteriormente escrito, afirmando que “una sociedad enfrenta en el curso de su vida, una serie de problemas que cada miembro ha de resolver por sí mismo, como mejor pueda.” De esa manera, pues, resulta que cada problema implica, para cada persona, el vivir o sufrir una prueba y que, siendo estas diferentes, los miembros de la sociedad van, de manera progresiva y con el paso del tiempo, a diferenciarse entre ellos. Como consecuencia de lo anteriormente expresado, no podían sino haber sido inevitables todos los conflictos y guerras vividos por la humanidad, desde sus más antiguos tiempos y sin interrupciones considerables. Lo que si se generó en los remotos tiempos, pero que permanece en el presente, es lo que en el idioma alemán se llamó la “völkerwanderung”, que, traducido al castellano significa “La migración de los pueblos.” No es fácil, a veces, saber por qué en nuestro país --y también en toda la América Latina-- la presencia de dictaduras y tiranías es una suerte de fenómenos que surgen, y con frecuencia, se han reproducido prácticamente en toda las Naciones de nuestra sub-región. Una anécdota vivida en mi temprana niñez, la refería con frecuencia a mis alumnos de las Universidades: en la casa de mis padres, donde frecuentemente se reunían personas amigas que hablaban temas de la política de aquel tiempo, tres años después de la muerte de Juan Vicente Gómez, y uno de los presentes en aquella tertulia, dijo algo que mucho me sorprendió: “hablen más bajo que las paredes oyen.” Cuando todos se fueron de la casa, pregunté a mi padre: “Papa, que es eso de que las paredes oyen.” Como apenas tenía entonces cinco años, mi Padre me respondió diciéndome: “hijo, no te preocupes, las paredes no oyen, pero eso viene de que en el tiempo pasado hubo gobiernos muy fuertes que espiaban a las personas para saber que decían de ellos. Cuando estudies nuestra historia lo vas a ver”. Así fue. El miedo es, en efecto un ingrediente de nuestra historia, derivado de la conquista y reforzado por las tiranías que vinieron después; es la tragedia de las tiranías que vinieron con los Monagas y después de ellos, con interrupciones por libertades que nunca han durado mucho tiempo. Sin embargo, después del brillante gobierno de López Contreras y el posterior de Medina Angarita, parecía que Venezuela entraba por el camino que conduce a vivir en verdadera democracia. Es indudable que la desafortunada pérdida de la razón, de quien estaba llamado a ser presidente de nuestro país, el Dr. Diógenes Escalante, determinara, no por su culpa, que de nuevo Venezuela estuviera en manos de otra dictadura más. Después de los gobiernos de Rómulo Betancourt, todavía no completamente deslastrado de su pensamiento comunista, y de Don Rómulo Gallegos, un nuevo golpe militar encabezado por Delgado Chalbaud, quien poco después fue asesinado y sustituido por un civil, Germán Suárez Flamerich, el cual cedió el paso a Marcos Pérez Jiménez, quien gobernó el país desde el 30 de noviembre de 1952 hasta el 23 de enero de 1958. El gobierno de Pérez Jiménez fue una dictadura, pero no se puede negar el inmenso crecimiento que significó para la Nación en general. A partir de diciembre de 1958, después de ser designado Presidente de la República. Rómulo Betancourt, ya completamente deslastrado de sus antecedentes comunistas. Gobierno difícil por los diversos intentados de golpe de estado que ocurrieron entonces, incluyendo el intento de asesinarlo urdido por el dictador de la República Dominicana, Rafael Trujillo. Después del mandato de Betancourt fue electo como Presidente el Dr. Raúl Leoni, cuyo gobierno fue muy serio y luego le sucedió en el poder el Dr. Rafael Caldera, eminente venezolano, cuyo reconocimiento pleno se hará hacia el 2050, cuando se entienda su obra. Después de Caldera y por la infortunada realidad que vivía el nuevo y brillante candidato presidencial, Lorenzo Fernández, subió al poder Carlos Andrés Pérez, desde cuyo gobierno se inició una progresiva y creciente decadencia, evidente en su comparación con los tres gobiernos anteriores. Entusiasmados por un falso crecimiento económico del país, muchos venezolanos se precipitaron en aventuras como viajes de compras, lo que provocó la llamada locura del “tá barato” y una progresiva mayor decadencia de nuestro signo monetario, así como pérdida del prestigio que significaba Venezuela entre las naciones latinoamericanas. Como colofón de final, en diciembre de 1998, un militar que había participado en el intento de golpe de estado, contra el Presidente Pérez en su segundo mandato, por decidía de la dirigencia política de entonces, permitió que fuera electo Hugo Chávez como presidente. Persona de innegable inteligencia, pero comprometida con los planes políticos de los Castro, gobernantes de Cuba, inició poco a poco un plan de destrucción de la democracia venezolana, para hacer en este país un inaceptable proyecto de un régimen comunista de gobierno. Fallecido Chávez, el país entró definitivamente en el caos y la anarquía que hoy vivimos. Esta tierra, con razón llamada de Gracia, comenzó a sufrir la etapa más dura de su historia, pese a todos sus antecedentes. Hoy es el reino mundial del crimen, del robo, del oprobio, para vergüenza de un pueblo, en su gran mayoría abierto y generoso. ¡Los tiempos de Dios son perfectos.!

sábado, 25 de abril de 2015

LA CRISIS EN VENEZUELA

Es obvio que en el año 2014 se inició, en Venezuela, una crisis de naturaleza política, social y económica de muy grave naturaleza. La muerte del Presidente Chávez, autor imbuido de un pensamiento político, económico y social, poseedor sin dudas de un carisma capaz de atraer a los sectores populares del país, significó el surgimiento de un caos en el equipo gubernamental que este había constituido para desarrollar el proyecto de “socialismo del siglo 21” que, en su pensamiento, el difunto mandatario había constituido para gobernar a Venezuela. Es evidente que la personalidad de Hugo Chávez Frías tenía una fortaleza y una singular habilidad para convencer y arrastrar, no sólo a los sectores populares, sino también a una parte de la población del país que, progresivamente, en el tiempo transcurrido después de los tres excelentes gobiernos posteriores al derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, comenzaron a desencantarse de gobiernos democráticos que, posteriormente, asumieron el poder. No caben dudas de que, en esos gobiernos posteriores al primer trienio democrático, surgieron mitos y errores que fueron, lentamente, debilitando el entusiasmo que acompañó a los gobiernos de Betancourt, Leoni y Caldera. No se puede obviar el hecho de que la caída del gobierno de Pérez Jiménez, aparte de la sublevación militar, tuvo como importante factor, además de la importación de bienes de consumo y el fuerte desarrollo de las industrias básicas como la siderurgia y la petroquímica, pero también se produjo un alto descenso, desde 1954 a 1958, de la fija inversión bruta total, que se prolongó hasta 1963, lo cual, en parte, fue factor importante de la caída del gobierno de Pérez Jiménez. El primer mandato como Presidente, de Carlos Andrés Pérez, inició el debilitamiento político de los partidos políticos más importantes de Venezuela en el siglo 20, que fueron Acción Democrática y el social cristiano COPEI. Factores antecedentes a los tres gobiernos posteriores a la caída de la dictadura y de naturaleza económica, tuvieron mucha influencia en desequilibrar la economía: la aceptación de la propuesta, casi compulsiva, de la Cepal sobre todo el subcontinente, de asumir la llamada “política de sustitución de importaciones”, así como la dependencia estructural respecto al petróleo. El Presidente Pérez, en su primer mandato, lejos de acoger la propuesta que le hicieran el Ministro Pérez Alfonso y también Domingo Alberto Rangel, de establecer con el producto de los nuevos y, entonces muy altos ingresos petroleros, un fondo de inversiones a manera de mantener reservas para el futuro, deslumbrado por la ficticia bonanza, utilizó esos recursos en proyectos, como el de Astinave y muchos más, cuyos gastos engulleron los dólares y su efecto se hizo palmario el llamado “viernes negro” de 1983, en el gobierno de Luis Herrera Campins. Desde entonces, el sólido valor que tenía nuestro bolívar reveló su debilidad progresiva, hasta llegar a lo que estamos viviendo los venezolanos en el presente. Los partidos políticos pasaron de la conflictividad entre ellos a sus conflictividades internas que los fraccionaron definitivamente. Fallecido el Presidente Betancourt, Acción Democrática se fracturó; el Presidente Pérez fue desconocido por parte de su partido; el Presidente Caldera lo fue también por el Copei que fundara, pero venció en la última elección legítima de la República e inició su gobierno descubriendo que la crisis provocada por un Banco equivalía a todo el presupuesto anual de la Nación, por lo que, contra su voluntad, hubo de acudir al Fondo Monetario Internacional. El informe del Banco Central de Venezuela, en el penúltimo año de su mandato, demostró la sorprendente recuperación de la economía venezolana, pero en las elecciones de diciembre de 1998 venció Hugo Chávez Frías, porque los partidos no presentaron candidatos que atrajeran la voluntad del pueblo venezolano. El Presidente Chávez, en su toma de posesión ante un Congreso debilitado, juró profanando la vigente Constitución y dejó ver, con su discurso de ese día, cuál era su orientación respecto al futuro de Venezuela. Personas honestas le rodearon en los primeros meses de su mandato, pero dejaron pasar por alto las amenazas que frecuentemente expresaba. Convocó inconstitucionalmente a una Asamblea Constituyente. Después vino lo que habría de venir y lo que hoy estamos viviendo. Sin embargo, “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. En eso estamos.

martes, 21 de abril de 2015

DESARROLLO Y SUBDESARROLLO DEPENDEN DE LO CIUDADANOS. Pedro Paúl Bello. (www.paulbello.blogspot.com) Las naciones y sus pueblos son como las familias, con diversas orientaciones de los miembros que las integran que tienen diversos intereses, orientaciones, esperanzas, éxitos y fracasos. En su interior, como los hermanos en la familia: las sociedades nacionales se caracterizan porque sus integrantes tienen orientaciones de vida diferentes, según sean sus intereses, sus aspiraciones y sus capacidades que diferencian los caminos de vida, esperanzas y propósitos por realizar a lo largo de sus existencias. De manera que una Sociedad, en general, es el resultado o producto de las relaciones entre las personas que coinciden en la comunidad que es la Sociedad. El progreso de la Sociedad es, como lo expresó Bergson, “un salto adelante que solo se da cuando la Sociedad ha resuelto hacer un experimento”, porque “de algún modo” algo, (o alguien) la ha conmovido a realizarlo. (1). La anterior reflexión tiene mucho que ver con la historia de las naciones y sus pueblos. Si nos detenemos unos minutos a recorrer la historia de nuestra Venezuela, tenemos que comenzar por recordar ¿cuánto tiempo tenemos de existencia conocida en el mundo? El día 4 de agosto del año 1498 fue descubierta la existencia de nuestra costa marítima por la expedición de Colón con sus llamadas “Carabelas”. De ese día al 5 de julio de 1811, cuando fue declarada nuestra Independencia, van 500 siglos y casi 14 años Pero entre 1830, que bien podemos considerar como el inicio de nuestra verdadera independencia, hasta el día cuando esto escribo, tenemos apenas 185 años, es decir, un siglo y ochenta y años como Nación independiente. Hay factores que, incorporados a la vida de los pueblos y de las civilizaciones, explican varias de sus circunstancias. Arnold J. Toynbee, por ejemplo, en su denso, conocido y famoso “Estudio de la Historia”, expresa --refiriéndose principalmente a Europa, pero sin excluir naciones de otras latitudes-- que ninguna nación o Estado “puede presentar, aisladamente, una historia que se explique por sí misma”. Mucho más reciente que el referido e inmenso estudio de Toynbee que data, por lo menos, de 1946, menciono a la obra escrita por Daron Acemoglu y James A. Robinson, con el título “Por qué fracasan los Países”, subtitulada “Los orígenes del poder, la prosperidad y el progreso”, publicada en Nueva York el 2012, y en Barcelona de España, en el mismo año, por el Grupo Planeta. Y aunque las dos obras referidas, la de Toynbee y la de Acemoglou y Robinson son de naturalezas diferentes, éstas parecen sumarse para converger hacia resultados que, siendo distintos, son muy similares. Como este escrito no es más que eso, un escrito, y no un libro ni una conferencia, me permito incorporar una reflexión personal que solía explicar a mis alumnos de las universidades y que se refiere a nuestra Venezuela amada, pero que bien puede extenderse a todo el subcontinente Latinoamericano, así como al resto de las naciones de este planeta llamado Tierra. Cuando en dadas circunstancias como las del presente que vivimos en nuestra adorada Patria, así como las actuales de nuestra América Latina, --aunque la mayoría sean menos graves que las nuestras-- se generan, que oiga uno, quejas, rechazos, negaciones y pesimismos acentuados en bocas de no pocos de nuestros conciudadanos. Pregunto también a éstos lo que anteriormente señalaba: ¿Cuánto tiempo tiene este país como Nación independiente? Muchas veces no hay respuestas por desconocimiento, pero es: poco más de los dos siglos transcurridos entre el cinco de julio de 1811 y este enero de 2015, esto es: un siglo y ochenta y cinco años… Y pregunto de nuevo: ¿Es que un siglo y ochenta y cinco años, son suficientes para un país que era dependiente de la Corona Española, resultan suficientes para que este País nuestro, así como todos los demás que constituyen el sub-continente Latinoamericano, para alcanzar niveles de desarrollo como el de la vieja Inglaterra, que era y sigue siendo una de las Naciones más adelantadas de este mundo? ¡Generalmente no hay respuesta a la pregunta, sino silencio! Pero es que es verdad. Una verdad como si se le pidiera a un niño o a una niña de casi dos años de edad, insólitamente, que escriban un libro como el de Toynbee, o que expliquen filosóficamente el contenido y significado teológico de las obras de Santo Tomás de Aquino. Y, por cierto, nuestra querida “Madre Patria”, España, tampoco escapa de no poder explicar muchas de sus dificultades. ¿Por qué? Pues porque hasta el siglo VI, posterior al sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo, lo que hoy es España estuvo bajo el dominio de los visigodos, y a mediados del siglo VI se liberó de aquellos y vivió la “Madre Patria” algo más de dos siglos de libertad --en medio de sus fragmentaciones y divisiones-- pero en el siglo VIII cayó en poder de los musulmanes, lo que duró hasta muy avanzado el siglo XIV y hubo de recomenzar España su desarrollo, por lo que ahora apenas nos aventaja en poco más de tres siglos, descontados nuestros tiempos como países no libres en el subcontinente. Después de sus poco más de dos siglos, Venezuela y, en general, América Latina, hemos avanzado sin duda alguna. ¿O es que acaso no estamos muy por encima de lo que, por ejemplo, fue para este país ya libre en el siglo XVIII? Venezuela cambió mucho con el gobierno tiránico de Juan Vicente Gómez. Fallecido éste, su sucesor, por él designado, Eleazar López Contreras, organizó el país y estableció instituciones que nos abrieron las puertas de un entonces inexistente desarrollo. Medina Angarita abrió caminos para la democracia, lo que se frustró por la trágica enfermedad del doctor Escalante, pero a pesar de los conflictos generados durante el llamado trienio adeco, tuvimos elecciones legítimas y una nueva Constitución que abrió puertas a un futuro mejor. Gómez, con su tiranía feroz, sin embargo, se había rodeado de las mentes más ilustradas de su tiempo y muchos de ellos formaron y organizaron brillantemente su gobierno. Pérez Jiménez, también tirano, modificó el país con obras públicas de importantes naturalezas. Cuando dejó el poder el 23 de enero de 1958, una Junta Militar, presidida por el Almirante Larrazábal, devolvió al país la democracia que tuvo como piezas fundamentales a hombres como Rómulo Betancourt, que había abandonado radicalmente su anterior pensamiento marxista, a Raúl Leoni, persona muy honorable y a Rafael Caldera, político de gran honestidad y entrega. Vivimos en el presente tiempos muy difíciles, nacidos de errores y conflictos que se desarrollaron posteriormente a los tres primeros gobiernos antes señalados. La injusta destitución de Carlos Andrés Pérez abrió puertas que facilitaron el acceso al poder del fallecido Hugo Chávez, cuya sucesión después de su muerte agravó aún más la pésima situación que se había desarrollado en su gobierno. El presente momento que se vive en nuestra Patria es, sin dudas, lo peor de nuestra agitada historia. Pero esta misma nos enseña que la voluntad de los venezolanos y la ayuda del Todo Poderoso siempre nos favorecen para superar las dificultades. Por eso, ciertamente, no perderemos la República que va a continuar, de nuevo, avanzando hacia un futuro cargado de esperanza y de valores. ¡Si! Como cristiano, no dudo que nuestro Redentor y su Santísima Madre, también nuestra, meterán su mano, pero nosotros, hijos de esta Patria, no podemos cruzarnos de brazos y no hacer nada, sino actuar, como reza el vulgo, aquello de que “a Dios Rogando y con el mazo dando”, por lo contrario sería proceder como el hijo malo que no ayuda a su madre para que sane. Cuando regresé del exterior con mi familia, por estar fuera de Venezuela por razones diplomáticas, conversé con amigos personales y miembros de la entonces llamada “Coordinadora Democrática” que encabezaba Enrique Mendoza, pero la gran mayoría no aceptaba aún que la orientación del gobierno de Chávez tenía intenciones claramente comunistas, y esa mayoría se resistía a aceptar eso, así como creían --inocentemente—que no se habían realizado fraudes electorales, etc. No dudo que la naturaleza personal y simpática de Chávez les haya convencido, aunque ya para entonces los hechos mostraban claramente los propósitos del gobierno. Hoy en día, más del 80% de los venezolanos, partidarios del “proyecto” y no partidarios, muestran su rechazo al régimen. Por supuesto, quien ejerce el gobierno está muy lejos de la habilidad y personalidad del fallecido presidente y, hasta las trampas electorales que nacieron con los primeros comicios para elegir la Asamblea Constituyente en 1999, fueron rechazadas por muchos venezolanos, partidarios y no partidarios del régimen, como “falsas”. Ha llegado la hora, como decía Andrés Bello, “de la conciencia y el pensar profundo.” A cada venezolano le corresponde obrar para defender lo que podemos perder si nos abstenemos de actuar con coraje, sin violencia, pero también sin miedo. ¡O salvamos la Patria o la perderemos! ¡En Dios y en nuestras responsabilidades confiamos! Es menester actuar sin violencia de nuestra parte, ¡pero si con coraje!
DESARROLLO Y SUBDESARROLLO DEPENDEN DE LO CIUDADANOS. Pedro Paúl Bello. (www.paulbello.blogspot.com) Las naciones y sus pueblos son como las familias, con diversas orientaciones de los miembros que las integran que tienen diversos intereses, orientaciones, esperanzas, éxitos y fracasos. En su interior, como los hermanos en la familia: las sociedades nacionales se caracterizan porque sus integrantes tienen orientaciones de vida diferentes, según sean sus intereses, sus aspiraciones y sus capacidades que diferencian los caminos de vida, esperanzas y propósitos por realizar a lo largo de sus existencias. De manera que una Sociedad, en general, es el resultado o producto de las relaciones entre las personas que coinciden en la comunidad que es la Sociedad. El progreso de la Sociedad es, como lo expresó Bergson, “un salto adelante que solo se da cuando la Sociedad ha resuelto hacer un experimento”, porque “de algún modo” algo, (o alguien) la ha conmovido a realizarlo. (1). La anterior reflexión tiene mucho que ver con la historia de las naciones y sus pueblos. Si nos detenemos unos minutos a recorrer la historia de nuestra Venezuela, tenemos que comenzar por recordar ¿cuánto tiempo tenemos de existencia conocida en el mundo? El día 4 de agosto del año 1498 fue descubierta la existencia de nuestra costa marítima por la expedición de Colón con sus llamadas “Carabelas”. De ese día al 5 de julio de 1811, cuando fue declarada nuestra Independencia, van 500 siglos y casi 14 años Pero entre 1830, que bien podemos considerar como el inicio de nuestra verdadera independencia, hasta el día cuando esto escribo, tenemos apenas 185 años, es decir, un siglo y ochenta y años como Nación independiente. Hay factores que, incorporados a la vida de los pueblos y de las civilizaciones, explican varias de sus circunstancias. Arnold J. Toynbee, por ejemplo, en su denso, conocido y famoso “Estudio de la Historia”, expresa --refiriéndose principalmente a Europa, pero sin excluir naciones de otras latitudes-- que ninguna nación o Estado “puede presentar, aisladamente, una historia que se explique por sí misma”. Mucho más reciente que el referido e inmenso estudio de Toynbee que data, por lo menos, de 1946, menciono a la obra escrita por Daron Acemoglu y James A. Robinson, con el título “Por qué fracasan los Países”, subtitulada “Los orígenes del poder, la prosperidad y el progreso”, publicada en Nueva York el 2012, y en Barcelona de España, en el mismo año, por el Grupo Planeta. Y aunque las dos obras referidas, la de Toynbee y la de Acemoglou y Robinson son de naturalezas diferentes, éstas parecen sumarse para converger hacia resultados que, siendo distintos, son muy similares. Como este escrito no es más que eso, un escrito, y no un libro ni una conferencia, me permito incorporar una reflexión personal que solía explicar a mis alumnos de las universidades y que se refiere a nuestra Venezuela amada, pero que bien puede extenderse a todo el subcontinente Latinoamericano, así como al resto de las naciones de este planeta llamado Tierra. Cuando en dadas circunstancias como las del presente que vivimos en nuestra adorada Patria, así como las actuales de nuestra América Latina, --aunque la mayoría sean menos graves que las nuestras-- se generan, que oiga uno, quejas, rechazos, negaciones y pesimismos acentuados en bocas de no pocos de nuestros conciudadanos. Pregunto también a éstos lo que anteriormente señalaba: ¿Cuánto tiempo tiene este país como Nación independiente? Muchas veces no hay respuestas por desconocimiento, pero es: poco más de los dos siglos transcurridos entre el cinco de julio de 1811 y este enero de 2015, esto es: un siglo y ochenta y cinco años… Y pregunto de nuevo: ¿Es que un siglo y ochenta y cinco años, son suficientes para un país que era dependiente de la Corona Española, resultan suficientes para que este País nuestro, así como todos los demás que constituyen el sub-continente Latinoamericano, para alcanzar niveles de desarrollo como el de la vieja Inglaterra, que era y sigue siendo una de las Naciones más adelantadas de este mundo? ¡Generalmente no hay respuesta a la pregunta, sino silencio! Pero es que es verdad. Una verdad como si se le pidiera a un niño o a una niña de casi dos años de edad, insólitamente, que escriban un libro como el de Toynbee, o que expliquen filosóficamente el contenido y significado teológico de las obras de Santo Tomás de Aquino. Y, por cierto, nuestra querida “Madre Patria”, España, tampoco escapa de no poder explicar muchas de sus dificultades. ¿Por qué? Pues porque hasta el siglo VI, posterior al sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo, lo que hoy es España estuvo bajo el dominio de los visigodos, y a mediados del siglo VI se liberó de aquellos y vivió la “Madre Patria” algo más de dos siglos de libertad --en medio de sus fragmentaciones y divisiones-- pero en el siglo VIII cayó en poder de los musulmanes, lo que duró hasta muy avanzado el siglo XIV y hubo de recomenzar España su desarrollo, por lo que ahora apenas nos aventaja en poco más de tres siglos, descontados nuestros tiempos como países no libres en el subcontinente. Después de sus poco más de dos siglos, Venezuela y, en general, América Latina, hemos avanzado sin duda alguna. ¿O es que acaso no estamos muy por encima de lo que, por ejemplo, fue para este país ya libre en el siglo XVIII? Venezuela cambió mucho con el gobierno tiránico de Juan Vicente Gómez. Fallecido éste, su sucesor, por él designado, Eleazar López Contreras, organizó el país y estableció instituciones que nos abrieron las puertas de un entonces inexistente desarrollo. Medina Angarita abrió caminos para la democracia, lo que se frustró por la trágica enfermedad del doctor Escalante, pero a pesar de los conflictos generados durante el llamado trienio adeco, tuvimos elecciones legítimas y una nueva Constitución que abrió puertas a un futuro mejor. Gómez, con su tiranía feroz, sin embargo, se había rodeado de las mentes más ilustradas de su tiempo y muchos de ellos formaron y organizaron brillantemente su gobierno. Pérez Jiménez, también tirano, modificó el país con obras públicas de importantes naturalezas. Cuando dejó el poder el 23 de enero de 1958, una Junta Militar, presidida por el Almirante Larrazábal, devolvió al país la democracia que tuvo como piezas fundamentales a hombres como Rómulo Betancourt, que había abandonado radicalmente su anterior pensamiento marxista, a Raúl Leoni, persona muy honorable y a Rafael Caldera, político de gran honestidad y entrega. Vivimos en el presente tiempos muy difíciles, nacidos de errores y conflictos que se desarrollaron posteriormente a los tres primeros gobiernos antes señalados. La injusta destitución de Carlos Andrés Pérez abrió puertas que facilitaron el acceso al poder del fallecido Hugo Chávez, cuya sucesión después de su muerte agravó aún más la pésima situación que se había desarrollado en su gobierno. El presente momento que se vive en nuestra Patria es, sin dudas, lo peor de nuestra agitada historia. Pero esta misma nos enseña que la voluntad de los venezolanos y la ayuda del Todo Poderoso siempre nos favorecen para superar las dificultades. Por eso, ciertamente, no perderemos la República que va a continuar, de nuevo, avanzando hacia un futuro cargado de esperanza y de valores. ¡Si! Como cristiano, no dudo que nuestro Redentor y su Santísima Madre, también nuestra, meterán su mano, pero nosotros, hijos de esta Patria, no podemos cruzarnos de brazos y no hacer nada, sino actuar, como reza el vulgo, aquello de que “a Dios Rogando y con el mazo dando”, por lo contrario sería proceder como el hijo malo que no ayuda a su madre para que sane. Cuando regresé del exterior con mi familia, por estar fuera de Venezuela por razones diplomáticas, conversé con amigos personales y miembros de la entonces llamada “Coordinadora Democrática” que encabezaba Enrique Mendoza, pero la gran mayoría no aceptaba aún que la orientación del gobierno de Chávez tenía intenciones claramente comunistas, y esa mayoría se resistía a aceptar eso, así como creían --inocentemente—que no se habían realizado fraudes electorales, etc. No dudo que la naturaleza personal y simpática de Chávez les haya convencido, aunque ya para entonces los hechos mostraban claramente los propósitos del gobierno. Hoy en día, más del 80% de los venezolanos, partidarios del “proyecto” y no partidarios, muestran su rechazo al régimen. Por supuesto, quien ejerce el gobierno está muy lejos de la habilidad y personalidad del fallecido presidente y, hasta las trampas electorales que nacieron con los primeros comicios para elegir la Asamblea Constituyente en 1999, fueron rechazadas por muchos venezolanos, partidarios y no partidarios del régimen, como “falsas”. Ha llegado la hora, como decía Andrés Bello, “de la conciencia y el pensar profundo.” A cada venezolano le corresponde obrar para defender lo que podemos perder si nos abstenemos de actuar con coraje, sin violencia, pero también sin miedo. ¡O salvamos la Patria o la perderemos! ¡En Dios y en nuestras responsabilidades confiamos! Es menester actuar sin violencia de nuestra parte, ¡pero si con coraje!

martes, 27 de enero de 2015

¿CRISIS TERMINAL? Pedro Paúl Bello. (ppaulbello.blogspot.com) Es obvio que en el año 2014 se inició, en Venezuela, una crisis de naturaleza política, social y económica de muy grave naturaleza. La muerte del Presidente Chávez, autor imbuido de un pensamiento político, económico y social, poseedor sin dudas de un carisma capaz de atraer a los sectores populares del país, significó el surgimiento de un caos en el equipo gubernamental que este había constituido para desarrollar el proyecto de “socialismo del siglo 21” que, en su pensamiento, el difunto mandatario había constituido para gobernar a Venezuela. Es evidente que la personalidad de Hugo Chávez Frías tenía una fortaleza y una singular habilidad para convencer y arrastrar, no sólo a los sectores populares, sino también a una parte de la población del país que, progresivamente, en el tiempo transcurrido después de los tres excelentes gobiernos posteriores al derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, comenzaron a desencantarse de gobiernos democráticos que, posteriormente, asumieron el poder. No caben dudas de que, en esos gobiernos posteriores al primer trienio democrático, surgieron mitos y errores que fueron, lentamente, debilitando el entusiasmo que acompañó a los gobiernos de Betancourt, Leoni y Caldera. No se puede obviar el hecho de que la caída del gobierno de Pérez Jiménez, aparte de la sublevación militar, tuvo como importante factor, además de la importación de bienes de consumo y el fuerte desarrollo de las industrias básicas como la siderurgia y la petroquímica, pero también se produjo un alto descenso, desde 1954 a 1958, de la fija inversión bruta total, que se prolongó hasta 1963, lo cual, en parte, fue factor importante de la caída del gobierno de Pérez Jiménez. El primer mandato como Presidente, de Carlos Andrés Pérez, inició el debilitamiento político de los partidos políticos más importantes de Venezuela en el siglo 20, que fueron Acción Democrática y el social cristiano COPEI. Factores antecedentes a los tres gobiernos posteriores a la caída de la dictadura y de naturaleza económica, tuvieron mucha influencia en desequilibrar la economía: la aceptación de la propuesta, casi compulsiva, de la Cepal sobre todo el subcontinente, de asumir la llamada “política de sustitución de importaciones”, así como la dependencia estructural respecto al petróleo. El Presidente Pérez, en su primer mandato, lejos de acoger la propuesta que le hicieran el Ministro Pérez Alfonso y también Domingo Alberto Rangel, de establecer con el producto de los nuevos y, entonces muy altos ingresos petroleros, un fondo de inversiones a manera de mantener reservas para el futuro, deslumbrado por la ficticia bonanza, utilizó esos recursos en proyectos, como el de Astinave y muchos más, cuyos gastos engulleron los dólares y su efecto se hizo palmario el llamado “viernes negro” de 1983, en el gobierno de Luis Herrera Campins. Desde entonces, el sólido valor que tenía nuestro bolívar reveló su debilidad progresiva, hasta llegar a lo que estamos viviendo los venezolanos en el presente. Los partidos políticos pasaron de la conflictividad entre ellos a sus conflictividades internas que los fraccionaron definitivamente. Fallecido el Presidente Betancourt, Acción Democrática se fracturó; el Presidente Pérez fue desconocido por parte de su partido; el Presidente Caldera lo fue también por el Copei que fundara, pero venció en la última elección legítima de la República e inició su gobierno descubriendo que la crisis provocada por un Banco equivalía a todo el presupuesto anual de la Nación, por lo que, contra su voluntad, hubo de acudir al Fondo Monetario Internacional. El informe del Banco Central de Venezuela, en el penúltimo año de su mandato, demostró la sorprendente recuperación de la economía venezolana, pero en las elecciones de diciembre de 1998 venció Hugo Chávez Frías, porque los partidos no presentaron candidatos que atrajeran la voluntad del pueblo venezolano. El Presidente Chávez, en su toma de posesión ante un Congreso debilitado, juró profanando la vigente Constitución y dejó ver, con su discurso de ese día, cuál era su orientación respecto al futuro de Venezuela. Personas honestas le rodearon en los primeros meses de su mandato, pero dejaron pasar por alto las amenazas que frecuentemente expresaba. Convocó inconstitucionalmente a una Asamblea Constituyente. Después vino lo que habría de venir y lo que hoy estamos viviendo. Sin embargo, “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. En eso estamos.
¿CRISIS TERMINAL? Pedro Paúl Bello. (ppaulbello.blogspot.com) Es obvio que en el año 2014 se inició, en Venezuela, una crisis de naturaleza política, social y económica de muy grave naturaleza. La muerte del Presidente Chávez, autor imbuido de un pensamiento político, económico y social, poseedor sin dudas de un carisma capaz de atraer a los sectores populares del país, significó el surgimiento de un caos en el equipo gubernamental que este había constituido para desarrollar el proyecto de “socialismo del siglo 21” que, en su pensamiento, el difunto mandatario había constituido para gobernar a Venezuela. Es evidente que la personalidad de Hugo Chávez Frías tenía una fortaleza y una singular habilidad para convencer y arrastrar, no sólo a los sectores populares, sino también a una parte de la población del país que, progresivamente, en el tiempo transcurrido después de los tres excelentes gobiernos posteriores al derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, comenzaron a desencantarse de gobiernos democráticos que, posteriormente, asumieron el poder. No caben dudas de que, en esos gobiernos posteriores al primer trienio democrático, surgieron mitos y errores que fueron, lentamente, debilitando el entusiasmo que acompañó a los gobiernos de Betancourt, Leoni y Caldera. No se puede obviar el hecho de que la caída del gobierno de Pérez Jiménez, aparte de la sublevación militar, tuvo como importante factor, además de la importación de bienes de consumo y el fuerte desarrollo de las industrias básicas como la siderurgia y la petroquímica, pero también se produjo un alto descenso, desde 1954 a 1958, de la fija inversión bruta total, que se prolongó hasta 1963, lo cual, en parte, fue factor importante de la caída del gobierno de Pérez Jiménez. El primer mandato como Presidente, de Carlos Andrés Pérez, inició el debilitamiento político de los partidos políticos más importantes de Venezuela en el siglo 20, que fueron Acción Democrática y el social cristiano COPEI. Factores antecedentes a los tres gobiernos posteriores a la caída de la dictadura y de naturaleza económica, tuvieron mucha influencia en desequilibrar la economía: la aceptación de la propuesta, casi compulsiva, de la Cepal sobre todo el subcontinente, de asumir la llamada “política de sustitución de importaciones”, así como la dependencia estructural respecto al petróleo. El Presidente Pérez, en su primer mandato, lejos de acoger la propuesta que le hicieran el Ministro Pérez Alfonso y también Domingo Alberto Rangel, de establecer con el producto de los nuevos y, entonces muy altos ingresos petroleros, un fondo de inversiones a manera de mantener reservas para el futuro, deslumbrado por la ficticia bonanza, utilizó esos recursos en proyectos, como el de Astinave y muchos más, cuyos gastos engulleron los dólares y su efecto se hizo palmario el llamado “viernes negro” de 1983, en el gobierno de Luis Herrera Campins. Desde entonces, el sólido valor que tenía nuestro bolívar reveló su debilidad progresiva, hasta llegar a lo que estamos viviendo los venezolanos en el presente. Los partidos políticos pasaron de la conflictividad entre ellos a sus conflictividades internas que los fraccionaron definitivamente. Fallecido el Presidente Betancourt, Acción Democrática se fracturó; el Presidente Pérez fue desconocido por parte de su partido; el Presidente Caldera lo fue también por el Copei que fundara, pero venció en la última elección legítima de la República e inició su gobierno descubriendo que la crisis provocada por un Banco equivalía a todo el presupuesto anual de la Nación, por lo que, contra su voluntad, hubo de acudir al Fondo Monetario Internacional. El informe del Banco Central de Venezuela, en el penúltimo año de su mandato, demostró la sorprendente recuperación de la economía venezolana, pero en las elecciones de diciembre de 1998 venció Hugo Chávez Frías, porque los partidos no presentaron candidatos que atrajeran la voluntad del pueblo venezolano. El Presidente Chávez, en su toma de posesión ante un Congreso debilitado, juró profanando la vigente Constitución y dejó ver, con su discurso de ese día, cuál era su orientación respecto al futuro de Venezuela. Personas honestas le rodearon en los primeros meses de su mandato, pero dejaron pasar por alto las amenazas que frecuentemente expresaba. Convocó inconstitucionalmente a una Asamblea Constituyente. Después vino lo que habría de venir y lo que hoy estamos viviendo. Sin embargo, “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. En eso estamos.