lunes, 15 de noviembre de 2010

NADA ES NUEVO EN VENEZUELA

El ejercicio del poder político en la Venezuela del siglo XIX puede dividirse en dos grandes etapas las que, a su vez, contienen sub-etapas particulares. Las dos etapas mayores son: la anterior a la Guerra Federal y la posterior a la misma. El período histórico que ahora nos ocupa es un todo que transcurre entre 1830 y 1899, formalmente interrumpido por la Guerra Federal que ocurrió entre el alzamiento del cuartel de Coro, el 23 de febrero de 1859 y la firma del “Tratado de Coche” el 23 de abril de 1863 y tiene, por tanto, dos grandes etapas: una antes y otra después de ese tiempo de guerra. La etapa anterior a la Guerra se conoce como de las Oligarquías y se distinguen en ella las subetapas de la Oligarquía Conservadora y de la Oligarquía Liberal.

La Constitución del Estado de Venezuela, vigente al comienzo de la primera etapa, era la tercera de nuestras constituciones, (descontadas las Constituciones Provinciales y la Constitución de Cúcuta que fue de la Gran Colombia) que fue aprobada el 22 de setiembre de 1830 por el Congreso Constituyente reunido en Valencia el 6 de mayo de ese año, cuyo presidente fue el Lic. Miguel Peña. El Congreso fue convocado conforme a lo dispuesto en Decreto dictado por el general Páez el 13 de enero del mismo año. Páez había sido legitimado por el Libertador, en 1827, como Jefe Civil y Militar de Venezuela. En noviembre de 1829 fue Encargado del Poder Ejecutivo por una Asamblea Popular que se reunió ese mes en Caracas.

La etapa anterior a la Guerra Federal tiene, pues, dos sub-etapas que corresponden a dos períodos: la primera --que los historiadores han designado como “Hegemonía de la Oligarquía Conservadora”-- ejercida entre 1830 y 1846; y la segunda que fue llamada de la “Hegemonía de la Oligarquía Liberal”, cuyo desarrollo ocurrió entre 1847 y 1858. Comparto que el término “oligarquía” --como bien lo expresa Rafael Arráiz Lucca -- no parece que en estos casos venezolanos pueda ser usar usado conforme a su significado clásico, pero es sabido que la “Teoría Elitista” sostiene que todo gobierno es minoritario por definición.

Debemos señalar una interrupción importante de la Cuarta República pues la Asamblea Nacional Constituyente que, después de la firma de Coche, se instaló en Caracas el 24 de diciembre de 1863 y que, por cierto, presidía Antonio Guzmán Blanco, cambió en el texto de la Constitución que aprobó en sus sesiones --sancionada en fecha 28 de marzo de 1864-- la denominación de República de Venezuela por la de Estados Unidos de Venezuela, en correspondencia con la figura de Federación que había sido asumida en el texto aprobado y también, sin duda, debido al ambiente federalista que predominaba en el país político de entonces. (Como Pérez Jiménez volvió a la República, lo que los rojos han llamado "Cuarta República", era la Quinta y en ella
seguimos "por ahora").
En efecto, si aceptamos como buena una síntesis definitoria del concepto de Estado que se basa en fuentes tan reconocidas como lo son la Teoría, eminentemente jurídica, del Prof. Georg Jellinek y la preponderantemente sociológica del Prof Hermann Heller, para entender al Estado como estructura de la Sociedad cuya finalidad es la organizción de la cooperación social- territorial de un pueblo, en un espacio o territorio definido y demarcado por límites; que constituye una dominación independiente en lo interno y en lo externo; que actúa legítimamente y de modo continuo con medios de poder propios pero públicos, claramente delimitados en lo personal y en lo territorial; independiente política y económicamente como unidad de decisión jurídica universal y sometida a los límites y controles que establezca el ordenamiento legal que sea vigente, hemos de convenir en que cada Estado de la Federación habría de responder por separado a esta definición, lo que no ocurrió en el caso de la República. Pero, en todo caso, la Cuarta República quedó interrumpida el 28 de marzo de 1864, día cuando fue sancionada, por la Asamblea Constituyente, la quinta Constitución de Venezuela, pues la cuarta fue la de 1857, con la que José Tadeo Monagas sustituyó la de 1830 porque impedía su reelección inmediata.

Pero más allá de lo formal y de cierta por todos reconocida enfermedad de ignorancia que algunos padecen, lo que importa recordar es que, en esa primera sub-etapa “conservadora”, la Presidencia de la República fue ejercida por las siguientes personas: José Antonio Páez (24 de marzo 1831-1835) elegido por el Congreso reunido en Valencia; José María Vargas (9 de febrero 1835- 24 abril 1836), pero hubo el intento, por parte de la llamada “Revolución de las Reformas” encabezada por Mariño, de derrocar a Vargas el 8 de julio 1835. Participó en esa conspiración Julian Castro –quien fuera después Presidente de Venezuela-- y uno de los comprometidos era Pedro Carujo, el mismo que ordenó detener a Vargas y sostuvo un famoso y conocido diálogo con el Presidente. Vargas fue expulsado y con el Vicepresidente Andrés Narvarte abandonó el país inmediatamente. Recuperado su poder por obra de Páez, General en Jefe de las Fuerzas Armadas, vino Vargas de regreso y reasumió la presidencia el 20 de agosto, aunque la insurrección continuó mientras Vargas y Páez no llegaban a acordarse sobre el destino de los sublevados. Vargas renunció definitivamente el 24 de abril de 1836. El Vicepresidente Andrés Narvarte asumió la presidencia provisional ese mismo día y estuvo en el cargo hasta el 20 de enero de 1837, cuando lo reemplazó el general José María Carreño, a la sazón Vicepresidente.

Luego, el siguiente 11 de abril, asumió el poder el electo Presidente Carlos Soublette, quien ejerció el cargo hasta el 1º de febrero de 1839, fecha en la que José Antonio Páez inició su segunda presidencia, siendo Soublette su Vicepresidente. El 28 de enero de 1843, terminado el mandato de Páez, electo por el Congreso, asumió su segunda presidencia el general Carlos Soublette. Esta presidencia de cuatro años, conforme a la Constitución, terminó en 1847. El 20 de enero de ese año el Congreso contó los votos de los tres candidatos más favorecidos en los Colegios Electorales y el vencedor fue el gral. José Tadeo Monagas quien tomó posesión el 1º de marzo de 1847 y se inició, en esa fecha, el período o sub-etapa de la llamada “Oligarquía Liberal”.

No es este un trabajo de historia pero si pretende presentar lo que hemos sido para que probemos entender nuestro “cómo somos” de hoy. Para resumir lo que significó el período llamado conservador, es muy apropiada la síntesis que hace el Profesor Arellano al resumirlo:

“En resumen, fue aquel un gobierno de equipo, en el que Páez se reserva funciones protocolares, dejando actuar al elemento civil con plena autonomía y a militares como Soublette, Urdaneta, Carreño, Montilla, Sistiaga, Smith y otros que colocaron la Ley por encima de sus personales ambiciones. La Separación de Poderes marchó como en las grandes democracias. El Ejecutivo, sin menoscabar su autoridad, consultó opiniones, oyó consejos y respetó a los otros poderes. El Congreso se opuso a toda sugestión o ingerencia que estimó inoportuna, a veces sin razón, pero colaborando con el Ejecutivo en todo caso. Este mecanismo se rompió en enero de 1848 y el Ejecutivo lo absorbió todo.”

La segunda sub-etapa de la etapa anterior a la Guerra Federal fue la del período “Liberal” que, como antes señalábamos, se inició con la primera presidencia del gral. José Tadeo Monagas, quien llegó al poder auspiciado por Páez y los conservadores, quienes actuaron de esa manera para cerrarle el paso a Guzmán. Ciertamente, durante el segundo gobierno de Soublette la oposición proveniente del sector llamado liberal, con Antonio Leocadio Guzmán a la cabeza, alcanzó niveles de alta intensidad y hubo alzamientos como los de Ezequiel Zamora y Francisco Rangel, que asolaban poblaciones en regiones del centro del país: La guerra civil ya asomaba con sus primeras manifestaciones.

En esta sub-etapa van a cambiar, de manera radical, ambiente y comportamientos cívicos asi como la vigencia de una democracia suficiente para su tiempo, lo que sobre la primera sub-etapa se percibe en la citada descripción de Antonio Arellano Moreno. Con el primer gobierno de los llamados liberales, ejercido por José Tadeo Monagas, hombre de reconocida riqueza, “Prócer de la Independencia, en cuyas luchas obtuvo sus bienes materiales que aumentaron con el trabajo esclavista, al igual que los de Páez” , se conformó un primer gabinete con figuras provenientes del páecismo, tenido por conservador. Pero el país fue separado de la orientación republicana que caracterizó los años transcurridos de marzo de 1830 a marzo de 1847 para iniciar el estilo violento y perverso que, con aisladas excepciones, caracterizó al ejercicio del poder político en los posteriores tiempos de Venezuela. Una vez que Monagas desplazó de sus cargos a los primeros designados, su estrategia consistió en ocupar con fieles seguidores todas las instancias del poder nacional y regional.

Apenas iniciado en año de 1848, el 24 de enero, Monagas sometió con fuerza tan brutal al Congreso --pues la mayoría conservadora le iba a acusar por violaciones de la Ley-- que el atropello, por el que murieron cuatro parlamentarios, sentó fatal precedente en el país: desde entonces, la mayoría de nuestros parlamentos se vieron normalmente sometidos a la voluntad omnímoda del caudillo de turno en la presidencia.

El hecho provocó la ira de Páez quien la semana siguiente se fue a los llanos para alzarse en Apure. Fue derrotado en marzo, en el sitio llamado Los Araguatos, pero se refugió en Colombia y de allí pasó a Curazao para invadir por Coro el 2 de julio de 1849. Apresado, Páez fue llevado a Valencia donde se le pusieron grillos y, así, fue pasado a Caracas como preso bajo la autoridad de Ezequiel Zamora y también la de Guzmán, quien ese año fue nombrado Ministro del Interior y Justicia y después Vicepresidente.

Sentenciado a muerte Páez, la pena le fue conmutada por Monagas. La figura militar después del Libertador más importante de nuestra Independencia, fue vejada públicamente en calles de ciudades del país. Finalmente, de Cumana, que fue su última prisión, Páez fue expulsado de Venezuela pero totalmente despojado de sus bienes de fortuna. El golpe para el partido conservador fue brutal, pero fue mucho peor para el futuro político de Venezuela pues le fueron sembradas fatales semillas de perversas conductas, como lo son el irrespeto y la negación de todo valor del adversario

Las elecciones de 1850 establecieron otro funesto precedente político en Venezuela: el nepotismo. En efecto, el candidato victorioso electo por dócil Congreso para el período 1851-1855, fue José Gregorio Monagas, hermano menor del Presidente en ejercicio. Como elemento positivo destaca en su período de gobierno que decretó la abolición de la esclavitud el 24 de marzo de 1854, aunque la mayoría de los libertos engrosó una población que quedó, por décadas, viviendo en extrema pobreza al carecer totalmente de independencia económica.

Como ejemplar manifestación de ese mal político que ha llegado hasta nuestros días, que es el continuismo, en la siguiente elección de 1854 el Congreso dio a José Tadeo Monagas 397 votos y a Fermín Toro, heroe del 24 de enero y esclarecida figura del país, un solo voto. José Tadeo tomó posesión del poder el 31 de enero de 1855 y lo mantuvo hasta 1859. La Constitución de 1830, que continuaba vigente, establecía que el mandato presidencial era de 4 años, sin permitir la reelección inmediata del Presidente, por lo que el Congreso, sometido a la voluntad de Monagas, aprobó una nueva Constitución que si lo permitiera: fue la Constitución de 1857, cuarta de Venezuela, aprobada el 16 de abril de 1857 la que, además, extendió el período de gobierno que pasó a ser de 6 años. Como nuevo aporte de José Tadeo Monagas, desde entonces, muchos de nuestros Presidentes han podido cínicamente decir y proceder como él: “la Constitución sirve para todo”.

También, antes de terminar este período presidencial y haciendo uso del contenido de su frase, José Tadeo Monagas hizo aprobar una nueva Ley de División Territorial por la que el país se conformó con 21 Provincias. Este hecho le permitió elegir a su gusto, y con autorización del Congreso, nuevos Gobernadores provinciales. De la misma forma, los Congresantes fueron sustituidos por aquellos que, conforme a la voluntad del caudillo, fueron designados por Colegios Electorales.

El discurso del obispo de Coro, que disentía de todos los de los aduladores, presentó el cuadro de la realidad de la Venezuela de entonces: “Los males físicos, morales y políticos se han confederado para oprimir esta desgraciada república”. Y añadió el Obispo citado: “Carestía de la subsistencia, atraso de la agricultura, amargo malestar, reclamos de potencias extranjeras, epidemias, terremotos, silencio sepulcral de la prensa, erario exhausto, agio, justicia envilecida, garantías violadas, robos, asesinatos, odios, ciudadanos expulsados, etc., ... ’” Tal discurso merece ser grabado para que sea repetido cada vez que la Patria, como ahora, sufra las mismas penas y calamidades.

Apoyado en la nueva Constitución, el Congreso eligió a José Tadeo para completar el período con dos años más en el ejercicio de la presidencia, es decir, hasta 1861. Era ya obvia, para todos los ciudadanos, la pretensión de Monagas de eternizarse en el poder. ¡Otro mal que se hizo repetitivo! Sin embargo, la pésima situación política del país, una fuerte depresión económica mundial, el descarado nepotismo (Monagas nombró Vicepresidente a su hijo político Francisco Oriach), la supuesta entrega de Guayana a los ingleses fueron, entre otros, factores que alimentaban la insurrección. Ante la evidencia del movimiento que se gestaba y la aceptación del gral. Julián Castro --el mismo que participó en la Revolución de las Reformas para derrocar a Vargas y quien lo apresó-- para comandar la que se llamó “Revolución de Marzo”, Monagas, después de que 10 días antes, el 5 de marzo, aquél se hubo alzado en Valencia y viéndose perdido al constatar que sus seguidores lo habían abandonado, decidió asilarse en la Legación francesa el 15 de marzo de 1858. Comenta al respecto Arraiz Lucca:

“Es sorprendente la manera expedita como fue obligado a abandonar el poder. Ello prueba que aquel ‘hombre fuerte’ no lo era tanto, y que la trama de poder que había tejido en su respaldo no funcionó, ya que se vino abajo en una semana, como un castillo de arena. Todo indica que su mismo personalismo le condujo a perder el apoyo de sus seguidores. Había llegado muy lejos en sus pretensiones hegemónicas y de permanencia en el poder. La reforma constitucional a su favor dejaba desnudas sus aspiraciones de eternizarse al mando de la República, y la alternabilidad había sido norma consagrada, y respetada, desde la Constitución Nacional de 1830.” Como lo observará el propio lector, nada es nuevo bajo el sol de nuestro país.

José Gregorio Monagas fue apresado y destinado al Castillo de San Carlos en el Zulia pero, enfermo con cáncer, falleció al poco tiempo. El fracaso del partido liberal fue inmenso; los gobiernos de los Monagas “habían enfurecido a espíritus dormidos que desenterraron el hacha de la guerra. Venezuela estaba a punto de sumergirse en un pleito largo, del que emergió destruída”. Esta cita de Rafael Arráiz Lucca llama a que todos los venezolanos, a la luz de nuestra historia, reflexionemos profundamente sobre nuestro presente.

El Congreso designó un gobierno provisiorio que integraron Pedro Gual, Manuel Quintero y Manuel Echandía, pero a los dos días se produjo la entrada en Caracas del gral. Julián Castro, a quien el Congreso declaró Presidente provisional, lo que después ratificó una Convención Nacional instalada en la ciudad de Valencia, que había sido declarada capital provisional, el 5 de julio de 1858. La Convención la presidió Fermín Toro.

El gabinete que designó Castro fue de signo conservador y dejó de lado a liberales que también habían apoyado la salida de Monagas. Este gobierno conservador tuvo severos conflictos diplomáticos por el asilo de Monagas y actuó contra los jefes liberales, al punto de que casi al iniciar su gestión ya había expulsado del país a varios de ellos, como Zamora, Falcón y Guzmán, lo que iba a encender de nuevo la subversión, pero que esta vez se convrrtiría en guerra.

La Convención de Valencia aprobó una nueva Constitución, la de 1858, quinta de Venezuela, promulgada el 31 de diciembre de ese año. Ese texto estableció el voto directo aunque no universal para eligir Presidente, diputados y gobernadores, lo que significó un primer intento constitucional de descentralización del poder en Venezuela. También reestableció el período de cuatro años, la no reelección inmediata y proscribió el nepotismo.

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