lunes, 12 de agosto de 2013

Edifiquemos una nueva sociedad. No se trata de sacar de la nada una sociedad nueva sino, en cierto modo, de actuar para hacer que ésta, alcance a ser más desarrollada, más justa y más humana. Nos hemos acostumbrado a entender el desarrollo en términos económicos, científicos, intelectuales, físicos, electrónicos, etc., pero olvidamos que el verdadero desarrollo es el humano. Este no es tener más cosas, sino ser más que conduce a amar más, para vivir en la verdad y alcanzar la libertad. La sociedad nueva que debemos edificar nos exige, entonces, como cristianos, que nos liberemos del ego, del yo, sea en lo político, lo económico y lo social, para ocuparnos del otro, como decía Maritain, eligiendo “el existir con el y el sufrir con él y hacer propios sus penas y sus destinos.” Dividiremos esta conversación en dos partes: Primero les propongo un recorrido veloz para que, desde nuestras fuentes raigales, recordemos nuestra evolución histórica con sus avances y retrocesos, siempre presentes en la evolución de toda Nación. Después, hagamos algunas consideraciones que proceden de nuestra Fe y de la Doctrina Social de la Iglesia. Primera parte. Desarraigo. Venezuela nació y se ha mantenido como una sociedad invertebrada, utilizando el término de Ortega sobre su España. En el origen fueron el desarraigo y la exclusión. Nuestro mestizaje en sus 3 fuentes originarias y la estamental Sociedad entonces establecida, así lo determinaron: a) El español, aventurero, segundón o preso liberado, fue un desarraigado de su propio mundo. Vino, pues nada tenía que perder, a un mundo distinto y extraño. Su prototipo era el hidalgo. Conquistadores y colonizadores eran guerreros y aventureros, no industriosos dados al trabajo productivo. Su éthos era el de la subjetividad: lleno de sí mismos; soñador e ilusorio buscaba su propio descubrimiento soñando grandes hazañas y buscando fortunas. b) El aborigen era de tribus muy diversificadas: desde nómadas hasta con culturas significativas. Despojados en su mundo de usos, costumbres, vida organizada, creencias, y los reimplantaron para vivir formas de cultura impuestas a la fuerza. Ese desarraigo en su mundo, introdujo en sus genes: desconfianza, hostilidad, miedo e inseguridad que arrastrarían por siglos. c) Los africanos, capturados en su mundo, fueron embarcados para ser vendidos en tierras descubiertas por españoles y portugueses, utilizados como esclavos para trabajos que no podían realizar los indígenas. Separados de su mundo cargaron con la peor parte en condiciones de abyecta esclavitud. Como expresó Uslar, nuestras fuentes étnicas tiene expresiones muy positivas, pero el desarraigo originó la inseguridad de quien no tiene algo propio para proyectarse al futuro. De allí sus supuestos defectos: indecisión, inseguridad, desconfianza, despreocupación, desinterés, provisionalidad, flojera, lentitud, rasgos todos derivados del desarraigo. Sociedad estamental y conflictos. Constituidas una sociedad se desarrolló temprana conflictividad: De los 2 grupos llamados “inferiores” del estamento, procedieron los primeros y más importantes conflictos que, después, se extendieron hasta inicios del siglo XX. A mediados del siglo XVI ya había una auténtica guerra. Entre los primeros alzamientos, el más conocido es el del Negro Miguel. No fue el primero; desde 1530 se extendía el fenómeno. Estas sublevaciones fueron guerra civil en todo nuestro territorio que se prolongó a los siglos XVII y XVIII con formas iguales o distintas. El estamento colonial tenía varios niveles: de los blancos españoles a los criollos y luego, descendiendo, formas de mestizajes enumeradas según más lejana fuese la ascendencia negra o aborigen en su mezcla con blancos. Cada grupo del estamento quería alcanzar los privilegios del inmediatamente superior, pero los negaba al inmediatamente inferior: los blancos criollos querían privilegios de los peninsulares, pero los negaban a los sexterones; igual todos los demás. El mestizaje y el estamento fueron fuentes de la invertebración aún no superada. Cabildos. Los criollos controlaron los cabildos y adquirieron gran poder en la Capitanía General. Los Cabildos defendían los derechos de los criollos y de toda la población, en especial contra la Guipuzcoana, creada tarde por el Reino para controlar una provincia incontrolable, abandonada al saberse que sus riquezas eran mitos de los aborígenes. El Cabildo de Caracas fue factor básico de la independencia. De Caracas nació la separación de todas las Colonias españolas, pero no fue fácil de lograr: Maracaibo, Coro, Guayana y otras, se negaron a separarse de España por temer que Caracas las dominara. Es otro elemento raigal de la invertebración. Independencia. Declarada la guerra, los españoles liberaron sus esclavos aborígenes y africanos que, casi en su totalidad, se sumaron a la causa realista. La minoría patriota perdió rápidamente la 1ª República, por obra de Monteverde y la 2ª por Morales, ya fallecido Boves. La grave conflictividad de siglos anteriores se mezcló entonces con la lucha independentista. Era ya una guerra civil. República. Disuelta la Gran Colombia, comenzó la 4ª República de Venezuela bajo el 1er gobierno de Páez (duró hasta 1864: cuando se denominó EEUU de Venezuela). En los gobiernos de la “Oligarquía Conservadora” Venezuela vivió tiempos de paz y orden. Eso lo destruyó el 1er gobierno de JT Monagas: en su tiranía tropas asaltaron al Congreso. Su frase “La Constitución sirve para todo” ha perdurado en bocas y actos de varios gobernantes. Guerra Civil y Dictaduras. Entre 1859 7 1863 se desarrolló una guerra civil cuyos abanderados fueron Ezequiel Zamora y Juan Crisóstomo Falcón. Localizada especialmente en el contro-occidente del país prácticamente lo destruyó todo, ya antes dividido en una especie de feudalismo criollo, con militares dueños de territorios como señores feudales que designaban y derrocaban presidentes como “primus inter pares.” Terminada la guerra resalta la dictadura de Guzmán Blanco que duró 17 años en él poder. Luego la de Crespo, quien había mandado en uno de los interinatos de 2 años establecidos por Guzmán. Posteriormente, el breve gobierno de Andrade derrocado por Cipriano Castro en 1899, a su vez derrocado por Gómez en 1908. Cuatro dictaduras en menos de 40 años. Pero si retrocedemos a 1854, cuando subió al poder J.T.Monagas, hasta 1935 cuando murió Gómez, encontraremos que en 88 años los venezolanos no cesaron de vivir entre guerras y tiranías. En ese largo tiempo, la mayor parte de la población, permanentemente abandonada, se defendía como podía: de allí surgieron los “pájaros bravos” del “póngame donde haiga” que vivían a la sombra de los caudillos, así como los vivos de siempre. Lo demás es historia más reciente y más fresca. Se preguntarán Uds. ¿por qué hablar de esto de todos sabido? Pues, porque en esos 88 años, entre 1847 cuando JT Monagas asumió el poder (con engaño) hasta diciembre de 1935 cuando murió Gómez, los venezolanos no cesaron de vivir entre guerras y tiranías. Es de allí que la gran mayoría de nuestra población vivió el peor desarraigo y abandono que imaginarnos podamos y la continua y explicable no integración a una realidad social que no sentían suya. Gómez ejerció feroz tiranía contra sus opositores pero, se rodeó de las mejores mentes. Su gobierno de 27 años, ordenó el país caótico que antes fue la Venezuela desde Monagas hasta el final del gobierno de Castro. Gómez anuló el caudillismo, creó su propia fuerza armada con fieles andinos; creó la Hacienda Pública con brillantes personas y con recursos de la producción. El Super-caudillo, había fundado el Estado moderno en Venezuela. Se veía posible la apertura de un camino que, en el futuro, superase la invertebración. ALGUNOS FACTORES DE LA INVERTEBRACIÓN Y POR TANTO DEL ATRASO. 1º. Invertebración. Hemos formado una sociedad nacional invertebrada en lo poblacional y en lo sociopolítico. A 500 años del Descubrimiento y dos siglos de independencia, no hemos construido una sociedad con instituciones, organizaciones, espacios públicos o privados, que, integrados, funcionen coherentemente en vista de finalidades comunes: los hemos amontonado por centenares y multiplicado generando confusiones y contradicciones que han impedido su funcionamiento. La vivencia de la ciudadanía es sentimiento no traducido en hechos y en compromisos sostenibles asumidos con la Nación y la población. No hay sentido de ciudadanía en alta proporción de venezolanos. 2º. La Paz. Venezuela ha sido un país en desesperada búsqueda de paz. No podría ser distinto, como lo expresó Juan Liscano en breve libro, “La integración nacional venezolana se efectuará a sangre y, no precisamente como proyecto explícito, sino como consecuencia de las matanzas y del horror de la historia, como fruto de un exceso de males”. Incluye la etapa de Independencia y todo el siglo XIX. Siglo de conflictos, que significó para el país destrucción, desolación, dolor y muerte sin solución de continuidad con las anteriores y continuas sublevaciones de los oprimidos, o con posteriores guerras intestinas de permanentes enfrentamientos entre jefes del caudillismo feudal que frustraron las ilusiones subjetivas de los venezolanos: allí nacieron la sumisión y la conciliación, vías preferidas para resolver conflictos. 3º. El pueblo. No tenemos conciencia de ser un solo pueblo, no lo somos en sentido histórico y funcional verdadero. “No hemos llegado a la definición del ‘pueblo histórico’ que se necesita para la fragua de la nacionalidad” . El mal viene de la sociedad estamental y se expresa en “la tentación recurrente de acudir a la negación de todo pasado.” 4º. La negación. Terminada la guerra de independencia, comenzamos por negar a España; después al Libertador; luego del período de la Oligarquía Conservadora, JT Monagas negó ésta y se inició una cadena continua de negaciones de cada gobierno a su antecedente que, con pocas excepciones, ha llegado hasta el presente. 5º. Populismo. Así se califican numerosos sistemas políticos de distintas naturalezas. En América Latina es diferente: es un fenómeno político que reúne intereses contradictorios de los sectores sociales que lo integran, por lo que su destino es estrangularse con el tiempo. Dura mientras logre equilibrar fuerzas sociales más desarrolladas con “masas” políticamente manipuladas. Común en latino-américa, debutó tardíamente en Venezuela con el golpe de octubre de 1945. El llamado “Estado Tradicional” había perdido la capacidad de gobernar en un mundo que, a partir de la crisis económica de los años 30 y de la 2ª Guerra Mundial, era otro. AD, que asumió el poder, implantó el modelo que se mostró agotado el viernes negro de 1983. 6º. Anomia, Matricentrismo familiar y Familismo amoral. Son tres elementos de nuestra realidad social, estrechamente ligados entre ellos, que significan factores que impiden a la mayor parte de la población superar el atraso. Anomia. Tres venezolanos, Massimo Desiato, Mikel De Viana, y Luis De Diego, publicaron un trabajo sobre la anomia. Significa “ausencia de Ley; de su respeto o cumplimiento, así como la presencia de situaciones sociales consecuentes a carencias de normas o de su degradación en el seno de una Sociedad determinada”. En una sociedad bien establecida, los esfuerzos de las personas permiten alcanzar logros propuestos. En Venezuela no, porque no hay relación entre esfuerzos y logros, y tampoco entre faltas y sanciones. El “poder”, en sus varias expresiones y mediante influencias, históricamente ha desviado esa orientación de manera que “nunca ha existido la indispensable vinculación que debe haber entre esfuerzos y logros con méritos y premios; así como también, en la opuesta situación, en la que faltas o crímenes deben tener su correspondencia en sanciones o castigos.” En su trabajo, los autores presentan ejemplos de esa realidad, entre ellos: “por vía de tales desviaciones se ha llegado a que, en muchas ocasiones, la víctima o el acusador resulta ser convertido en acusado y el delincuente o criminal pueda ser premiado;” o el caso –para abreviar—de un joven que, con gran esfuerzo y sacrificio, se empeña en adquirir algún conocimiento mediante el estudio, mientras un vecino, joven también, se enriquece vendiendo carros que roba. El primero ha de tener gran convicción y fuerza de voluntad para no seguir el ejemplo del segundo. En el fondo el problema está en que los valores supremos de nuestra cultura son el éxito económico y el prestigio social, pues se transmiten “como metas incontestables para todas las clases sociales”. Familia matricentrada. Investigadores de la talla del P. Alejandro Moreno, del desaparecido José Luis Vethencourt y de muchos otros, han profundizado este fenómeno social de gran arraigo en el país, que prevalece en rangos que superan el 70% de las familias. Es esa realidad según la cual el hombre abandona el hogar y la mujer queda a cargo de todo lo que este significa, pero recurre a otro y a otros que siempre van a abandonarla. Conocemos las consecuencias de esa realidad familiar en nuestro país. Sólo quiero destacar una realidad: Si la “casa”es la puerta por la que el ciudadano da su primer paso de ingreso en la sociedad (después el sector; luego el barrio, la urbanización; la ciudad y finalmente la nación), la familia como primer e inmediato elemento de socialización juega un rol muy principal en lo que es la conducta ciudadana. Como bien lo expresó Rafael Tomás Caldera: “El hogar es el primer sitio donde uno puede sentirse como perteneciendo”. Sí. Es a partir de la casa que se define si la persona se integra en la sociedad o se mantiene al margen de la misma. Si en la casa es aceptada y valorada será de una familia y, por ello, será también de una sociedad, de su nación; de todo un mundo. Tendrá sentido de pertenecer a, de formar parte de: estará integrada, incluida en la realidad. Pero este punto de partida no depende de la condición social, sino de la propia auto-realización personal. Quien se siente sólidamente plantado y afirmado en su hogar primero, sentirá que también su yo está afirmado en su propio ser y podrá actuar con vitalidad creadora en distintas situaciones, pues se interpreta y concibe positivamente. Quien carece de hogar verdadero no puede hacerlo. Familismo amoral. Expresión original de Edward Banfield que utilizan y siguen de cerca los ya citados autores. Es pensable que tal fenómeno sea hijo del tipo de familia antes visto. La familia matricentrada conoce numerosos y diferentes padres, e incluye también numerosos padrinos, primos, sobrinos y amigos. Ese grupo, relativamente grande, se caracteriza, mayormente, por el hecho de ser cerrado sobre sí mismo y ocuparse sólo de sus propios intereses. Son “grupos primarios de pertenencia.” La primera consecuencia de esta extendida actitud, es que bloquea iniciativas de quienes voluntariamente trabajan para servir a las comunidades, pues sobre esas personas recaerán sospechas de tener intereses propios, pues sus propósitos son insólitos en medios en los que la mayoría de la gente no actúa de semejante manera. Por otra parte, los grupos de población más débiles favorecen opciones de regímenes autoritarios y de fuerza pues, les atribuyen a los gobiernos democráticos, la debilidad de permitir situaciones caóticas en las que cada cual actúa como más le convenga. Esta reflexión torna a señalar la imperiosa necesidad de enseñar al pueblo. Enseñanza que debe incorporar la condición indispensable de hacer que cada uno de los miembros de la sociedad sienta que es digno como persona; que aprenda a defender sus derechos y a cumplir sus deberes; que esté dispuesto a trabajar siempre, en esa sociedad, para alcanzar mayores espacios de libertad de independencia de todos, presupuesto básico que abre más horizontes en el que puedan ejercer su libre albedrío. Es muy importante la educación para la formación de ciudadanos a fin evitar el aislamiento en vínculos familiares y en relaciones de círculos primarios de pertenencia. 7º. La pobreza. El significado de pobreza es ausencia de, esto es, carencia o privación. En lo económico no se limita a carencia de bienes con valor económico o simplemente dinero. Los diferentes y múltiples aspectos de la pobreza interactúan entre ellos y cada uno se hace causa de otras formas de la misma. La pobreza de conocimientos o ignorancia es causa de pobreza económica y, viceversa, la carencia de medios económicos es causa de ignorancia. La marginalidad cultural engloba todas las formas de pobreza pues, como lo expresa Carlos Zuloaga Oropeza, “encierra a todas las anteriores clases de marginalidad. Es la radicación permanente, en la conciencia del individuo, de maneras de pensar y hábitos de conducta enmarcados dentro de una estructura humana que está jurídica, económica, intelectual y hasta éticamente al margen de la sociedad constituida” . Hay pobrezas económica, jurídica, intelectual, ética. Venezuela está fuertemente determinada por esas pobrezas. 8º. El Petróleo. El petróleo que podría ser un don del cielo, parece lo contrario. Descubierto en el siglo XIX, generó ingresos bajos para los primeros explotadores; luego, lentamente crecientes para el Estado desde el inicio de los años XX, en el gobierno del Gral. Gómez. Como no se conocía el manejo de su explotación, empresas extranjeras (de USA) se encargaron de ello. Hasta principios de los años 40 del pasado siglo, fue fuente de desarrollo e inversión productiva en aquellas áreas de explotación de empresas extranjeras; desde mediados de los años 40 y hasta el presente, ha sido sólo factor de capitalismo rentístico del Estado. Dos errores, a mi juicio garrafales, determinaron esa última realidad. Después, primero unos privilegiados y luego el país entero, nos embriagamos con líquido negro. Nos dio por creernos ricos; pensar como ricos y vivir como tales. Se modeló una mentalidad no superada, que habremos de superar si, en verdad, queremos alcanzar metas humanas, culturales, políticas y económicas que el deber ciudadano nos impone. Todo lo anterior responde a una parte de la realidad de más de 5 siglos y 2 décadas de nuestra historia; parte negativa, que nos demuestra y hace pensar en lo que hemos llamado invertebración. Tenemos, partes muy positivas y valiosas, como es la inserción del hombre en el Cristo vivo a través del cual puede encontrar caminos abiertos hacia un profundo humanismo que es la finalidad de todo desarrollo personal, pero no ha penetrado aún en mentes y conciencias de muchos venezolanos. Esto nos interpela a todos, en particular al laicado, a pensar y actuar a fin de que cada persona crezca en humanidad y sea más, de acuerdo al destino que le ha propuesto el Creador, quien a todos confia la misión del desarrollo solidario de la humanidad. ¿Cómo ir edificando una nueva sociedad? El Cap. IV de la Constitución dogmática de la Iglesia del Concilio Ecuménico Vaticano II trata el tema de los laicos que, como sabemos y recuerda el Nº 31 del Capítulo, somos “todos los fieles cristianos a excepción del Orden sagrado y del estado religioso aprobado por la Iglesia” y que “hechos partícipes a su modo de la función sacerdotal, profética y real de Jesucristo, ejercen, por la parte que a ellos se refiere, la misión de todo el Pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo.” Define el mismo texto que lo temporal es “propio y peculiar de los laicos” quienes deben “por propia vocación” y según Dios, tratar y ordenar asuntos temporales a los que estén estrechamente vinculados conforme a sus competencias. El mismo capítulo señala algunas actuaciones como el trabajar por un “reino de justicia, de amor y de paz”…“libre de la esclavitud de la corrupción”, y asuntos relativos al trabajo humano, la cultura, la técnica, concluyendo: “lo que es el alma en el cuerpo, esto han de ser los cristianos en el mundo.” Recordemos esto al considerar los graves problemas que hoy confrontamos, pero que nos emplazan a actuar, de manera pacífica o no violenta, pero también no pasiva, ante la presente situación que llama a participar, hasta el fondo, a todas las fuerzas sociales y a las capas profundas del pueblo en un muy duro esfuerzo de solidaridad. El Papa Paulo VI, en su Encíclica Populorum Progressio, recordó que “la paz es la obra de la justicia” -por tanto, sin justicia no hay paz- y que el desarrollo es “de todo el hombre y de todos los hombres”, por lo que toda persona tiene el derecho y el deber de desarrollar el inmenso potencial que el Creador le ha dado y que una gran mayoría ignora poseer. Es esa hoy, a mi manera de ver, parte de la misión fundamental para nuestra Iglesia en general y del laicado en particular. Ante tal ignorancia, de lo que se trata es de enseñar. ¿Enseñar qué? Nuestro histórico problema de país, es que falta una conciencia de pueblo que se base sobre viejos y permanentes valores trascendentes. Esa ausencia limita el crecimiento del ser-persona del pueblo, entendido como conjunto de todos los miembros de la sociedad, sobre sus verdaderos intereses y reales necesidades. Se trata, primero, de auténticos intereses de la población y solamente luego, de necesidades. Así, creo, debe comenzar el trabajo de una nueva edificación de la sociedad. Pero, además, es necesario más: hacer ver que si el país no posee ideas para interpretarse a sí mismo y su población no adquiere conciencia de la misión de cada persona en él, no es un país. Adquirir esa conciencia supone alcanzar un sistema espiritual integral que dé dimensión completa de la existencia, para que el ciudadano, entonces, pueda darle sentido a los medios que su mundo le ofrece para realizar su fin. Un país, un pueblo, una sociedad no pueden vivir sin tratar con el mundo, con su entorno, actuar en él y ocuparse de él; si no crea un sistema del universo, completo y solidario, sobre el cual su ser descanse. El principal y fundamental interés es el que cada venezolano conozca y sepa hacer respetar su eminente dignidad de persona humana. Para eso debe entender qué es eso. Es indispensable ayudarle a saberlo. Enseñarle en qué consiste esa dignidad y por qué y para qué la posee: cada venezolano debe saber que la persona humana --que él es-- no es accidente ni resultado de casualidad alguna, sino de una causalidad que es la voluntad del Creador que le dio vida y le hizo persona. Que Él le hizo inteligente; le dio la razón para pensar y actuar; libertad interior que le hace dueño absoluto y responsable de sus actos; conocimientos naturales para, aún en medio de sus posibles pobreza e ignorancia, distinguir lo que está bien hacer y lo que está mal; y que, aunque ese conocimiento lo orienta hacia el bien que es el Creador, con su libertad interior o libre albedrío, que no determina sus actos, puede optar por hacer el mal, pero que es responsable de todos sus actos libres, sean buenos o malos; que de esa responsabilidad dará respuesta a su Creador y ante las instancias jurídicas de la tierra en la que nació, o en la que haya adoptado para vivir. Además, que el Creador le hizo para que desarrolle el inmenso potencial que como persona le dió: capacidades de entender, crear, analizar, juzgar, apreciar, para aplicarlas en todos los campos del hacer y del saber humano. Que el humano es sociable por naturaleza y no por razón de pacto o contrato alguno; que en la Sociedad que constituya con sus semejantes ha de encontrar condiciones para que le sea posible desarrollar el potencial que ha recibido, que no es sólo para él, sino también para los demás; que en la Sociedad hay otra forma de libertad, no ya la interior, sino la externa o libertad de independencia que es no coacción sobre sus actos: no es don, sino algo a conquistar con sus semejantes en su propia Sociedad. Inseparable es la justicia, y significa que cada cual merece recibir lo que le corresponde y debe respetarla y hacerla respetar ante quienes son responsables de dirigir la Sociedad como gobierno. Después, saber que todos los humanos somos iguales en dignidad como personas pero distintos como seres que existen de manera concreta: somos existencialmente diferentes e irrepetibles en el tiempo y el espacio. Además, que hay otra forma de igualdad, y es la igualdad de oportunidades, por la cual todos, en la Sociedad, tenemos derecho a que ésta nos garantice la posibilidad de alcanzar, de manera libre y voluntaria, el propio desarrollo personal mediante ese gran potencial recibido. Nociones, éstas, básicas que, con otras, son el fundamento de los intereses que una población debe reclamar y defender pues son derechos que se unen a los deberes que se deben cumplir. ----------------------------------------------------------------------------- En su Carta Encíclica “Caritas in Veritate”, el Papa Emérito Benedicto XVI señala que “la caridad, o amor, es la vía maestra de la Doctrina Social de la Iglesia”, y es “la principal fuerza impulsora del desarrollo de cada persona y de toda la humanidad”. Defender la verdad es una de las “formas exigentes e insustituibles de caridad”. No es “bello gesto” porque si nuestro corazón no acepta dar la otra túnica y agradecerle a quien la recibe, muestra que aún no está en el camino del Señor. La justicia social es muy importante, pero el Amor es su condición previa. La gente necesita generosidad, gratuidad y amor. Como lo expresó el Concilio Plenario de Venezuela, la Iglesia que somos todos y, en particular el laicado, tenemos la responsabilidad de contribuir en “la gestación de una nueva Sociedad”. Hay muchas derivaciones de esa tarea que es urgente. Es menester enseñar con visión muchos aspectos de nuestra Fe que, por actualizados se presentan como nuevos, pero no lo son. El tiempo nos limita a considerar solo dos: El conocimiento de Dios y algunos puntos, entre tantos, que contiene el Concilio. El conocimiento de Dios es un hecho natural, de manera que si preguntamos: ¿Cuántos de los creyentes tienen conocimiento teológico o filosófico sobre la existencia de Dios? encontraremos porcentajes bajísimos ¿Qué demuestra eso? Demuestra la realidad del conocimiento natural que el hombre tiene de Dios. No es que los esfuerzos teológicos y filosóficos alcanzados, o por serlos, sean inútiles o innecesarios. La razón tiene un papel muy importante para profundizar en ese conocimiento naturalmente alcanzado por la criatura humana: Cubre desde el sentido y finalidad de la existencia y vida de la persona hasta el significado de toda la Creación. Muestra que la dependencia del propio conocimiento de sí, para cada persona, es inseparable respecto al de Dios. Pero del mundo en que vivimos en estos inicios del tercer milenio, bien, y con mayor razón que para aquellos anteriores tiempos, podría repetirse lo que decía Bossuet: “No más razón ni parte elevada: todo es cuerpo, todo es sentido; todo está embrutecido y enteramente por tierra”. Todo se vive hoy teniendo a la verdad y a la mentira como iguales en la razón y en el espíritu: hay absoluta tolerancia de lo falso. La palabra no refiere ya la realidad de las cosas, para apenas significar sonidos; signos insignificantes de vanidades. Por eso nadie refuta lo falso, razón por la cual éste es casi absolutamente tolerado y, como se es libre de pensar en el error, para muchas mentes da lo mismo la verdad que la mentira, el bien o el mal. El absurdo se ha enseñoreado y espíritus “ilustrados” aceptan la contradicción en los términos: “el bien es el mal”; “el sí es el no”; “el ser es la nada”. Pero enseñaba Platón que hay dos direcciones de orientación del alma: una conduce a la verdad; otra al error. Al espíritu humano, a través del entendimiento, se presentan realidades que son contingentes: que son pero podrían no haber sido; que son mutables y limitadas, valga decir, cambiantes y no perfectas como lo expresó también Platón, quien a esas realidades opuso las ideas eternas. Después, como Platón, tanto San Agustín como Bossuet y otros, concluyeron que esas ideas infinitas están en Dios. De allí que, platónicamente dijera Bacon de los espíritus falsos, que son “comparables a espejos sin simetría que reflejan sólo imágenes deformes”. Las Ciencias no pueden ni podrán explicar el origen de los entes que tienen existencia real; ni el origen último o causa eficiente del Universo; de la Tierra que está en él; de la infinidad de entes, vivientes o inertes que en ella existen. Se remiten sus inicios a “leyes de la naturaleza”, pero sin poder indicar el origen o causa eficiente de esas leyes. Lo más que, en tal sentido, ha podido lograr el avance del conocimiento científico, es la formulación de nuevas hipótesis para sustituir anteriores cuyas tesis y juicios se cubren bajo más amplias y profundas interpretaciones, pero sin pruebas indispensables para de ellas afirmar “ésta si es la verdad”. Los humanos cultivamos poco --o cultivamos mal-- el formidable regalo que el Creador nos dio al dotarnos de razón. También, o no conocemos, o poco, la distinción entre cuerpo y alma: Bossuet decía: ¿Cuántos hay “que salgan un poco de esa masa de carne y separen de ella su alma?” Es que la irreligiosidad y su consecuente entrega a los sentidos, priva al espíritu de las virtudes. Este hecho, de tal manera generalizado, con una nueva “moral” que elimina distinguir entre el bien y el mal; una metafísica que conduce al ateísmo y una lógica que liquida las leyes que fundamentan el raciocinio, no podría no haber conducido a una parte de la Humanidad, como en efecto la ha conducido, a la conclusión de que Dios no existe. Pero si se acepta que “Dios no existe” no queda argumento para no aceptar aquel decir según el cual el Ser es la nada. Valga decir: no existe. En efecto, lo que ha sido afirmado con la expresión “Dios no existe” es que el Ser, en su más elevada concepción y entendimiento, no existe. Entonces, el Ser es Nada absoluta. Es menester recorrer, de manera sencilla y elemental, algunos aspectos pertinentes de la historia de la filosofía de modo que, confrontados con la Fe cristiana, permitan reconocer orígenes y resultados de tan graves desviaciones de la razón humana, hasta el punto de que se vea amenazada la deseada e indispensable relación entre el Creador y sus criaturas. Para alcanzar ese cometido, conviene refrescar algunas expresiones del conocimiento histórico-filosófico de la Humanidad sobre la idea de Dios y, así mismo, señalar sus caminos respecto a la idea y fines de la Creación. Bien se expresó el Concilio Plenario de Venezuela al señalar en la introducción (Nº 3) que “Esa nueva sociedad, cuyo anhelo hunde sus raíces en la esperanza cristiana, surgirá sólo como resultado del esfuerzo comunitario y armónico realizado en los ámbitos social, cultural, económico y político por todos los hombres y mujeres que habitamos en Venezuela, y exigirá el aporte que los católicos hagamos en la línea de la Nueva Evangelización”, lo que fue llamado como “Civilización del amor.” Ello será configurado, se afirma, “a través de un proceso de desarrollo integral sostenido y solidario que, con lo económico, abarque “las dimensiones culturales, trascendentes y religiosas del hombre y de la sociedad”, lo que va a exigir “responsable solidaridad como principio ordenador de las nuevas relaciones”, todo enmarcado dentro del fenómeno de la globalización universal en sus distintos niveles económicos, políticos y culturales de un mundo que ha de ser más pluralista, secularizado y participativo, como lo han señalado, en sus Encíclicas y documentos, los Papas, en especial, en lo reciente, Paulo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. El análisis del Concilio se centra en cuatro ámbitos de “núcleos problemáticos” caracterizados: El económico “por la existencia de un sistema dominado por el individualismo, el afán de lucro y la agudización de las desigualdades sociales”; el político “por la falta de participación y organización ciudadanas en la línea de la libertad y la justicia”; el social “por la disolución del núcleo familiar, el progresivo empobrecimiento del país, el grave deterioro general, y las fallas en la valoración y respeto a los derechos humanos”; y el ético cultural “donde se observa una acentuada pérdida del sentido moral, expresada en el poco aprecio por los auténticos valores humanos.” La génesis de esta conflictividad de “núcleos problemáticos” tiene que ver, en sus diferentes aspectos, con las apreciaciones ya consideradas en la 1ª parte de esta charla. En el numeral 2.2. (77) del mismo documento conciliar, al iniciar el tratamiento sobre las exigencias del amor, se dice: “Ante la dramática situación económica, social, política y ético cultural del país, la Iglesia en Venezuela se siente interpelada por las palabras del Señor: “En verdad les digo que cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron” (Mt 25,40).Luego, en el mismo numeral (80), el documento conciliar así se expresa: “Por esto, la Iglesia en Venezuela está urgida a renovar la unión con Dios y a volcarse con la fuerza del amor a una intensa y eficaz acción transformadora de la sociedad, saliendo de círculos cerrados. La invitación del Señor Jesús a sus discípulos, a ser sal de la tierra y luz del mundo, de manera que al ver sus obras los demás puedan dar gloria al Padre celestial (Cf. Mt 13,13-16), la compromete como discípula y testigo del Señor a afrontar con decisión los desafíos que le plantea la realidad venezolana.” CULTURA. En general, se entiende por cultura el orden que el ser humano crea para enfrentarlo al mundo natural. Algunos señalamientos del Concilio (Doc 13) sobre la cultura en Venezuela: 1º “La cultura expresa ese modo particular según el cual los hombres y los pueblos cultivan su relación con la naturaleza y con sus hermanos, con ellos mismos y con Dios, a fin de lograr una existencia plenamente humana (Cf. GS, 53). Es decir, la cultura tiene que ver con todo el quehacer humano, lo cotidiano y popular, lo sectorial y más refinado; lo instrumental, lo institucional y lo ideal-valorativo-artístico.” “Abarca toda la actividad del hombre, su inteligencia y su afectividad, su búsqueda de sentido, sus costumbres y sus recursos éticos” (PPC 2). Cuando hablamos de la cultura venezolana hacemos hincapié en lo que tiene de común y unificador y, al referirnos a las culturas venezolanas, subrayamos la diversidad.” Cultura no es la acumulación de conocimientos o habilidades, ni el estar informado, o la erudición, o el esnobismo, o el arte por el arte. Es más bien el saber ser, que no el tener. Una persona muy sabia en algo, no es culta si no se ajusta a la verdad, a la justicia y al amor al otro. Tampoco es objeto de admiración, pues como se dice en el libro de la Sabiduría, “nacimos casualmente y luego pasaremos como quien no existió… nuestro nombre, con el tiempo, caerá en el olvido y nadie se acordará de nuestro nombre.” Por tanto, cultura resulta ser humanización; valoración del ser humano, ciencia del hombre y para el hombre concreto históricamente comprometida. Nuestra cultura actual es impuesta, alienada y alienante. Mientras así sea no podremos iniciar un progreso cultural de todos y para todos. Es menester que nuestra cultura se integre con la transformación real, justa y verdaderamente libre en democracia auténtica, con la debida transformación de la estructura política y socio-económica. Entonces, volvemos de nuevo al tema de la educación. Decía esa gran persona, cristiano y amigo que fue Paulo Freire: “La educación no cambia al mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Terminemos con ciertas notas tomadas del documento de Aparecida: La iglesia está llamada a repensar profundamente y a relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales, mediante una acción misionera al servicio de todos los hombres, para frenar la creciente cultura sin Dios, o en su contra, que se basa en el poder, la riqueza y el egocentrismo para, ciertamente, favorecer el compromiso asumido mediante la opción por los pobres, afligidos, marginados y, solidarios con sus sufrimientos, podamos ayudarlos a rescatar su irrespetada dignidad, y cuya religiosidad y “sed de Dios” el Papa Emérito Benedicto calificó como “precioso tesoro de la Iglesia Católica en América Latina.” Para alcanzar todos esos logros, tienen rol fundamental nuestra Iglesia, las Universidades, Escuelas e instituciones intermedias de nuestra sociedad. Eso nos emplaza, a todos, a ser una suerte de profetas de este tiempo, capaces, como decíamos antes, de enseñar a más ser, que no a más teneR.

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